
De cómo pude poner un grito en el cielo
Para Isaías Peña Gutiérrez
Al comienzo de todo, después
de vomitar todos mis santos,
me hice partidario de la doctrina aristotélica,
que obliga a sus seguidores
a pensar del siguiente modo,
“si toco un vaso con mi dedo,
este vaso será un contendor
o de agua o de leche, o puede
que esté completamente vacío,
pero su esencia no se borra”.
así, me iba por los caminos,
predicando mi arrogancia,
“no hay separación del cuerpo
y del alma”, el caballo y el jinete
son la misma cosa, decía yo a la gente,
todo lo demás son puras pamplinas,
más de un tomate y huevo
me cayeron en la cabeza
al preguntar a la audiencia
las típicas preguntas
del circo romano: “¿qué fue primero,
el huevo o la gallina?”,
hasta que vino Galileo
y puso en orden las estrellas,
vio montañas en la luna,
y lo que es más fino de todo,
gracias a la invención del telescopio
yo mismo pude poner
un grito en el cielo.
Toda ciudad
Toda ciudad está llena
de otras ciudades,
sus mercados se unen y confunden
con los mercados
de otras ciudades remotas,
casi todas las ciudades unidas
se iluminan a una misma hora,
prueba de esta gran ilusión
son las naves que se desplazan
por la orilla del Atlántico,
llevan columnas y capiteles
de otros tiempos de luces
recientemente descubiertos,
ciudades que antaño eran
imanes colosales;
en estas ciudades nacieron
pintores, poetas, sencillos albañiles;
pero yo he elegido una ciudad
secreta donde he de nacer,
no está en el centro o de París
o de Londres;
su cuerpo milagroso
que se extiende por la noche
que atravieso a través de un túnel,
bajo tierra y bajo mar, de un solo
viaje, y sin que tú lo quieras,
atravieso las montañas todas
suavemente nevadas,
ya estoy en Santiago de Chile.
¿Qué fue primero?
Para Eduardo Esteban y Pablo Embry
¿Qué fue primero,
el espejo o la figura humana?
¿la piedra o el río?
¿el pobre o el rico?
¿el pez o el agua?
¿el gallo o el gallinero?
¿el temblor que hay en mi cuerpo
o la belleza de mi amada?
¿quién fue primero,
los imaginistas ingleses o Vicente Huidobro?
he llamado a los sabios
para que me lean estos enigmas
¿cuán lejos y cuán cerca
se ve la luna?
en noches quietas como estas,
las divinidades del cielo
no se ven, parecen muy ocupadas,
en una nave espacial
subiré a las galaxias,
si encuentro a Dios en alguna estrella
lo traeré, lo traeré a esta tierra
¿qué fue primero,
el espejo o la figura humana?
De cómo la sociedad engorda
Desesperación y ruidos
hay en las agencias del gobierno,
los poetas de hoy se alejan
de la poesía
y a todo esto mi corazón,
no dice nada;
aumentan por todas partes
personas milagrosamente hinchadas,
los recién nacidos
vienen con piernas robustas;
hay que hacer algo, cada
mañana al levantarme
me mido el culo,
cada vez está más hinchado;
voy a la farmacia,
a la verdulería,
al supermercado,
visito a los entendidos,
nadie me da convincente respuesta
de cómo revolver estos males,
¿o me arranco de raíz mis dientes
o cambio la dieta de pan y agua
por una merienda de flores?
los poetas de hoy se alejan
de la poesía, todo el mundo engorda,
y a todo esto, mi corazón
no dice nada.
De las montañas calientes
Para Brian Patten
De la deformación de la corteza de la tierra,
penacho todo de blanco, zapatos
del color de sus raíces,
las montañas se levantan de su silla,
abandonan el aire puro,
se van de viaje, quisieran
conocer otros ambientes más llanos
donde no haya prohibición de fumar,
ni de beber,
ni de fornicar libremente,
¿hay algo más placentero?
estas son las montañas que no profesan
religión alguna, que de tanto estar
pegadas al fondo de la tierra,
creen en todos los dioses,
como un solo río que el mar se los come,
montañas guerreras dicen que son,
antes de marcharse, dejan en el valle sus fusiles,
cada una dice ‘me voy’, y se van
y comienzan el divertido descenso, casi infinito,
de montañas que se descienden a sí mismas,
hasta que al final llegan
a la gran ciudad que habían soñado,
‘malditas bestias, dejadnos pasar, abrid los caminos’
se aproximan como camiones
que transportan camiones,
haciendo señas y dando gritos
atraviesan la línea del tren,
llegan al puente más estrecho
que no pueden pasar, rehacen el camino
girando todo al revés, diez
o quince kilómetros, y por fin,
en el cielo se ven sus manchas
como las huellas de un jaguar, las estrellas
son sus guías, ‘esta ha de ser la ciudad donde vamos’;
y para que las montañas pasen,
se abren los montes, se ensanchan los caminos,
carros, tranvías, automóviles,
todo se detiene;
majestuosas, con su túnica blanca de nieve,
con su real penacho, entran a un bar
las montañas libertarias se sientan
en torno a una mesa, piernas inmensas,
deformación de la corteza de la tierra,
destruyen todas las sillas,
el mesonero les niega un vaso de vino;
qué noche, dios mío, a pesar del perfume
y del aire puro que traen, en estas noches
frías que bajan con la nieve de Rusia,
con estas montañas calientes
nadie quiere irse a la cama.
Ahí está el gran Quevedo
Cuando pienso y veo, que está
junto a mí, casi siento el calorcito
de su sangre que baja y sube
de los pies al corazón,
por encargo del demonio, se presenta
se esfuma, se desvía, enciende una vela,
hace desaparecer la poesía oscura,
la hace mil pedazos,
como si nunca hubiese existido
y aunque no es un río que se aleja,
sin embargo se aleja como un río,
creo que no se da cuenta
cuánto daño me hace,
y como soy un hombre del siglo XXI,
duro y sin elegancia, divo
para los viajes por el mundo,
para hacer nada de la nada extiendo mis manos,
creo un espacio delgado y fino;
y en esto, en nada imito al gran Quevedo,
qué armonía, qué belleza,
donde dicen que el amor se esconde
como un niño, veo que abrazo el aire.
Bono para pensionados
Esto de ser poeta y pensionado,
todo a una vez, no suena bien
en poesía, ni en las instrucciones
que vienen con el formulario que debo rellenar
para que el gobierno de este país
me mande un bono gratis
para pagar la cuenta del gas;
que de dónde vengo,
o que si tengo o no tengo amores,
en estos casilleros para rellenar
no hay espacio
ni para el sonido de mis palabras;
que si el mes recién pasado
la amante que tenía
se marchó con luz y gas
que me daban un poco más de vida,
a la agencia del desempleo no le importa este asunto;
siento la frialdad hasta los huesos,
no como una crisis,
más bien como un derecho al revés
que nunca debiera reclamar,
porque todo se nos otorga gratuitamente
¿qué debo hacer, por ejemplo,
si la amante que tenía,
calorcito de gas y luz de mi vida,
le vinieran ganas de regresar a casa?
otra vez, el sonido de las palabras,
toda la poesía lírica del mundo, se borran;
las instrucciones que vienen
con este formulario para rellenar
tampoco dicen nada.
Del cielo bajó un soplo
En el paraíso terrenal
un árbol dice a otro árbol
‘ya no confío en ti’,
y como todo en este mundo parece y no parece
estar bien enchufado, algunos dicen
en perfecto equilibrio,
los bosques se confunden,
los pájaros que anidan,
con un estampido de revólver
desaparecen de las ramas,
las hojas se sacuden,
botan el agua que les sobra,
se incendian los castillos,
los índices del mercado suben y bajan,
como si la marea se hubiese vuelto loca,
a todo este cuento
me voy preguntado qué dicen las hormigas,
qué cuentan las arañas;
en pijama los banqueros
llevan los billetes en canasta,
van, casa por casa, nadie los atiende,
el agua entre las manos llenas,
las manos en los desiertos,
no hay clorofila en ninguna parte,
ni las moscas tienen combustible
para levantar el vuelo;
las hojas sacuden los otoños
nunca jamás soñados,
y cuando una taza de café en el café
pensaba y pensaba que todo
este mundo de hojas y billetes
se derrumbaba en mil pedazos,
bajó del cielo el demonio
y de un soplo
otra vez echó a caminar
el negocio infinito
del infierno en esta tierra.
Bicentenario de Charles Darwin
Esta es mi amada, a todos ustedes
se lo voy a contar: no sé quien
me ha dado indebidamente su rostro,
retrato de agua dulce,
retrato de agua salada,
quién ha venido a decirme: “Eduardo,
impone tus condiciones,
hoy es el bicentenario de Charles Darwin,
toma la mujer que no es tuya”,
y en pleno ejercicio del amor
con el hombre que no la ama,
he llegado a su casa:
manos seguras y firmes,
la tomo, la arranco de raíz
como se arranca una planta de la tierra,
la pongo sobre aquel animal
que llevaba conmigo
y me la llevo, me la estoy llevando,
corro con ella a perderme por los caminos,
penetro montes y montes,
y de un salto gigante que doy,
paso al otro lado de las montañas,
entro a los pueblos que había,
unos aplauden, y otros escupen en el suelo,
se oyen vivas y maldiciones,
retrato de agua dulce
retrato de agua salada;
hoy cuando el universo celebra
el bicentenario de Charles Darwin,
¿qué hacer me digo, con este rostro
ardiente que indebidamente
llevo en los bolsillos?
Digo refranes al revés
Tan cabeza dura seré
que los sabios refranes
de los chinos, los digo al revés,
y al revés digo, por ejemplo,
quien bien te desea, bien te sueña,
libro cerrado se lee mejor,
una hormiga de tiempo
es un elefante de oro,
no se sabe de la suerte
de dos ríos que nacen
en una misma fuente,
es mejor maldecir una vela
que encender la oscuridad,
un paso en falso
puede doler toda la vida,
llevarse a la boca el vino
con dos vasos,
es como dormir con dos ángeles
que hablan y hablan toda la noche
“¿cómo estás? tanto tiempo
sin verte!”
en casa que se describe en miniatura
cabe un hombre grande
quien un día fue mordido
por una serpiente,
por más de diez años
vive encerrado en su casa,
el sol parece una
víbora enroscada.
Un pájaro se ha caído del cielo
En la calle, a los pies de un edificio,
hallo un pájaro muerto,
llamo a la gente para que lo vean,
se ve muy triste,
tal vez se ha caído del tejado,
los pájaros no se caen – me corrigen,
es cierto, ¿quién lo habrá matado?
nadie cuida de estas pobres criaturas,
me parece haber vivido antes
estos momentos, diría que
cerrando los ojos podría adivinar
qué escena vendrá después;
pregunto en alta voz
para que todos me oigan:
¿qué es Dios?
el pájaro que parecía muerto,
aterrorizado abre sus ojos,
a su cuerpo mal herido
le entra a chorro toda la luz,
el pobre, casi se ahoga,
sacude sus alas,
le doy besos en la boca,
le animo para que vuele,
dando saltos, el pobre se aleja.
Datos personales
Eduardo Embry nació en Valparaíso; estudios sobre la censura poética en Madrid, durante los sesenta , y sobre Cuadernos de Ágora (1956-1964), que dirigía la poetisa Concha Lagos, junto a Medardo Fraile y José Hierro, con quienes Eduardo Embry cultivó una estrecha relación en el campo de la poesía y la amistad. Ha publicado un manuscrito satírico del siglo XVIII, ‘Descripción de las grandezas de la ciudad de Santiago de Chile...’, Consiglio Nazionale delle Ricerche Bulzoni Editore, Roma, 1994. Durante su estancia en Sucre, Venezuela: 'Historia del periodismo en Cumaná (Venezuela) de 1825- 30’, y ‘Andrés Bello y el periodismo de 1825’. Ha publicado en importantes revistas europeas: London Magazine, selección del poeta inglés Alan Ross; Index on Censorship; Revista Urogallo, y Atlántica, Cádiz, España; Cultura Nacional; Casa de las Américas; Anales de Gotemburgo; ROCINANTE, Santiago, Chile. Fue invitado especial del 6to. Festival Internacional de Poesía, Caracas, junio y julio, 2009; Monte Ávila Editores Latinoamericana lanzó sus "Manuscritos que con el agua se Borran", en la prestigiosa colación Altazor de poesía.






































