
WITOLD GOMBROWICZ Y TÁNTALO
Al
conocimiento se le levantan unas barreras infranqueables que le impiden
desarrollar su actividad principal que es la de conocer. Son unos velos
pesados que caen delante del entendimiento y nos impiden el acceso al
ser y a las cosas. El que le puso el punto final al impedimento de
acceder al noúmeno con la razón fue Kant al que le siguieron los
filósofos posteriores, siendo Sartre el más contrariado de todos con el
ser-en-sí.
Acorralados de esta manera, el conocimiento, el
entendimiento y la razón se dirigieron a las cosas a ver si por ahí
tenían algo de comer pero resultó ser que tampoco podían acceder a las
leyes de la naturaleza, sólo podían acceder a su apariencia. Cuando
Einstein declaró que el cosmos es como un
reloj del que sólo conocemos el movimiento de las agujas pero no su
mecanismo, se le cerró el camino al entendimiento.
De tal modo
todo lo que existe se ha convertido en una gigantesca caja negra en la
que por una puerta entran cosas y por otra salen esas cosas
transformadas pero no sabemos el porqué. Puesto que las editoriales
están en el mundo también deben ser pequeñas cajas negras para las que
he construido un modelo binario con el propósito de restringir la
incertidumbre.
El libro puede ser bueno o malo, el libro puede dar
ganancia o pérdida, el regular y el resultado cero quedan excluidos de
este modelo. El análisis combinatorio nos permite calcular que con
cuatro elementos tomados de a dos se pueden formar cuatro conjuntos,
cuando los conjuntos conjugados son equivalentes, a saber: es bueno y da
pérdida; es bueno y da ganancia; es malo y da pérdida; es malo y da
ganancia.
La primera cuestión que tenemos que analizar
detenidamente es si lo editores están en condiciones de saber si un
libro es bueno o es malo, pero sea que estén o que no estén en
condiciones de saberlo da igual porque son ellos mismos quienes lo
deciden. La segunda, si están en condiciones de saber si da pérdida o
ganancia, tiene la misma respuesta que la primera cuestión.
Los
conjuntos (bueno-ganancia), (malo-ganancia) se aprueban de inmediato
pues los números y el dinero gobiernan el mundo. La salida de la caja
negra salvo raras excepciones ha sido entonces hasta ahora para mí,
poniendo entre paréntesis las razones esgrimidas por lo editores, un par
de conjuntos: (malo-pérdida), (bueno-pérdida). Y esto es todo, la caja
negra de los Protoseres no tiene otra respuesta binaria para mí.
El
Pato Criollo construyó un modelo en “El mago” según el cual
cualesquiera sea el conjunto de salida de la caja negra, el editor
edita, pero yo no estoy de acuerdo con ese modelo, es
inconsistente. Dediqué horas a estudiar el tipo de las relaciones que
me vinculan a los editores, comparé a las editoriales con cajas negras, y
analicé el comportamiento de los editores y de sus auxiliares llamados
lectores a los que motejé de Pulgones.
Asocié los extremos de la
conducta de los Protoseres al comportamiento de los asesinos seriales y
de los rufianes melancólicos y determiné que su naturaleza sólo alcanza
un desarrollo que no pasa del nivel de los seres en estado de formación y
por eso los llamé Protoseres. Dividí en cinco grupos lógicos las
técnicas que utilizan los editores para contrariar a los autores.
Estos
personajes siniestros vinculados a la actividad de escribir hace tantos
siglos terminaron por hacerme perder la paciencia y el humor. El
orgasmo de los Protoseres desde los tiempos de Gutenberg se produce
cuando los libros se venden, sin importarles en absoluto si son buenos o
son malos, ésa es una
cuestión que dejó de interesarles hace mucho tiempo.
Después de
haber meditado hondamente en la verdadera naturaleza de los Protoseres,
de los Pulgones y de la caja negra tuve el convencimiento de que había
agotado el tema, sin embargo, algunos acontecimientos recientes me han
demostrado que no, que a todo hay quien gane. Con “Gombrowicz, este
hombre me causa problemas” ya en los estantes de las librerías de Buenos
Aires llamé a la editorial del Negroide Piquetero.
Quería saber
algo de cuál era desempeño del libro. A más de informarme sobre el
desempeño del libro la Hacker me comunicó que se habían mudado y que el
Negroide Piquetero quería decirme algo. Siendo la mudanza un síntoma de
crecimiento o de decadencia que en sí mismo no me decía nada, me quedé
esperando a ver de qué quería hablarme el Negroide Piquetero.
En
verdad lo único que tenía para decirme el Negroide Piquetero es que
debía cortar porque lo
estaban llamando por la otra línea, y ésta es otra de las técnicas que
utilizan los Protoseres hijos de Gutemberg: la de darse importancia.
Pero yo había llamado para saber cuántos ejemplares de “Gombrowicz, este
hombre me causa problemas” se habían vendido en un semestre.
Y
ésta es la cuestión, si los libros de los otros autores tenían en
promedio un comportamiento semejante al del mío, entonces, la mudanza
que hicieron del Centro a Palermo era un síntoma de decadencia y la
bancarrota debía estar próxima. “Gombrowicz, este hombre me causa
problemas” es un libro bueno, tiene una jerarquía que no es producto de
mi imaginación.
¿Y entonces, a quién puedo echarle la culpa?, ¿a los
lectores hispanohablantes que no lo quieren leer? ¿Y qué editor en su
sano juicio, conociendo la perfomance de este libro, va a querer
publicar “Gombrowicz, y todo lo demás”? Si el Negroide Piquetero hubiera
sabido de antemano la
cantidad de ejemplares que iba a vender es seguro que no hubiera
publicado “Gombrowicz, este hombre me causa problemas”.
Lo que
yo debo hacer entonces es ocultar esta información y buscar un editor
que comprenda el valor de Gombrowicz y aprecie el nivel de mis escritos.
Para el caso de que la historia de esta obra, a la que el Alfajor
calificó de exquisita, hubiera empezado de otra manera quizás su destino
no hubiera sido tan aciago, pero miremos con atención algunos de los
acontecimientos que precedieron a su puesta en los estantes de las
librerías.
Sin que esté tomándome la mano ninguna sombra interior que
pese sobre mi alma debido a alguna mala acción que hubiera cometido
injustamente debo hacer una declaración. El Pato Criollo jugó un papel
importante en la publicación de “Cartas a un amigo argentino” y de
“Gombrowicz, este hombre me causa problemas”, habiendo actuado en el
primer caso sobre la Hierática y en
el segundo sobre el Negroide Piquetero.
La verdad es que el
Pato Criollo estuvo presente con su ciencia infusa y sus poderes mágicos
en las dos únicas ocasiones en las que los editores tradicionales se
ocuparon de mí.
Mis aventuras con el Negroide Piquetero empezaron en
el café Tortoni de una manera amable, per con el paso del tiempo
entraron en crisis. Tuve que hacer las paces con él el día que
presentamos el libro en la Embajada de Polonia.
Nos habíamos peleado
a muerte, pero yo conocía la técnica para manejarlo, tenía que sobarlo
un poco. Cuando descubrí que era un mentiroso irresponsable hablé
directamente con uno de los dueños de la editorial. Para alcanzar mi
propósito utilicé cierta información escabrosa que me había suministrado
el Perverso. El Perverso se quería vengar de los accionistas que le
había dado el olivo y también de su colega.
El Negroide Piquetero
empezó a temblar como una hoja. Aproveché
ese estado de terror a lo desconocido que se había apoderado de él, un
pánico que le malograba la naturalidad del comportamiento, y entonces lo
invité a sentarse a mi lado, cosa que hizo sin chistar. Luego, mientras
los otros presentadores hablaban y hablaban sin parar, lo empecé a
sobar, comencé con el hombro derecho, después bajé un poco y lo masajeé
en las costillas.
Terminé sobándolo en la rodilla izquierda, lo
derretí, estaba tan contento como un perro, terminamos mucho más amigos
que antes de la pelea. Pero duró poco tiempo. El Pato Criollo comentaba
en el ambiente que el Negroide Piquetero había sido nombrado el sex
symbol de la poesía en un congreso realizado por las poetisas más
destacadas de nuestro medio.
Finalmente el Enterrador consiguió
lo que el Negroide Piquetero había perseguido con tanto empeño: mandó a
“Interzona” a la bancarrota. Su canto del cisne fue la autorización que
le dio a “El Ortiba”
para que publicara, con el crédito correspondiente, “Gombrowicz, este
hombre me causa problemas”. Hace un año el Orate Empobrecido me propuso
editar un libro sobre la base de los gombrowiczidas, proposición que
acepté inmediatamente.
Sin embargo, después del entusiasmo inicial,
me asaltaron algunas dudas sobre las reales condiciones de equilibrio de
este Protoser, de modo que le pedí opinión a un psiquiatra amigo, una
fecha para la firma del contrato al Orate Empobrecido y la percepción de
un anticipo. Me estaba preparando para suspender la preparación de
gombrowiczidas, una suspensión necesaria para poder cerrar el libro.
Por
aquel entonces el Orate Empobrecido me escribió que por el momento no
tenía dinero disponible. Cuando las llamas de mis obras parecían
extinguirse tuve noticias de la resurrección de “Interzona”, la
editorial que había alcanzado la tumba de la mano del Negroide Piquetero
y del Enterrador, una
resurrección que hasta ahora sólo me ha producido tormentos, unos
tormentos parecidos a los suplicios del Tántalo del mito.
En los
tiempos de la antigua Grecia ocurrían cosas que aún siguen ocurriendo
entre nosotros, verbigracia, la filosofía y la antropofagia, aunque la
filosofía no tanto. Tántalo, hijo de Zeus y rey de Lidia, fue invitado a
la mesa de los dioses del Olimpo. Para jactarse entre los mortales,
reveló los secretos de los dioses que había conocido en la mesa, y robó
néctar y ambrosía para repartir entre los amigos.
Con el
propósito de corresponder a la liberalidad de los olímpicos, los invitó a
un banquete en el que les ofreció la carne de su propio hijo,
prolijamente descuartizada y bien cocida. Zeus lo arrojó al Tártaro y lo
condenó a permanecer a la orilla de un río cuyas aguas se retiran
cuando quiere beber, y debajo de unos árboles cuyas ramas se levantan
cuando quiere comer sus frutos,
padeciendo desde entonces un hambre y una sed inextinguibles.
Unas
de las secretarias del Tántalo de la “Interzona” resucitada, me anunció
hace unas semanas que tenía disponible una suma de dinero en concepto de
derechos de autor, suma que sería transferida de inmediato a mi cuenta
bancaria. Desde entonces miro con curiosidad los movimientos de mi
cuenta que no termina de registrar esa transferencia. La miro como el
Tántalo del mito miraba el agua y los frutos inalcanzables.
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