
TREINTA Y TRES
Nosotros recitamos.
Mientras se estremece la tierra
y se desborda el río,
recitamos,
con el alma ungida por una musa alada
(o inventada)
mientras la montaña se traga los años del Cristo.
...33...33...33...33...33...33...33...33...33...
Recitamos a dúo con el rugir del tornado
el bramido de la ola y el crepitar del fuego
mientras la humanidad toda cae,
se estrella contra los elementos
y su propia tozudez.
Nosotros, los elegidos
recitamos
la epopeya del héroe
los coloquios de la ninfa,
los avatares de la existencia
y el culto a lo bello.
Mientras...
el mundo se cae a pedazos en todas sus latitudes.
La Nova Torre de Babel
se desploma a nuestro alrededor
mientras nosotros, los sin alma
persistimos en mirar hacia lo alto
buscando, auscultando en cada astro
o en la luna del espejo.
Me pregunto...
¿Servirá de algo todo esto?
Con la lengua enardecida de orgullo
en nada aliviaremos la hambruna de los pueblos.
Tenemos tanta poesía dentro y tan vacías las manos que...
no hacemos otra cosa que recitar
para acallar la verdad que zumba en nuestros oídos.
Mas nosotros,
collage de poetas,
caleidoscopio vivo de grafía,
nunca, nunca supimos descifrar el canto de las aves.
Amanda Espejo
Quilicura, Agosto - 2010






































Felicitaciones
La buena poesía es aquella que no da soluciones sino que incita a la duda y a la reflexión. Es el caso de este poema que, además de lo dicho, sumo su fuerza expresiva.
Un abrazo desde, Canarias, amiga Amanda.
Antonio Arroyo.
Amigo...
Gracias por tus palabras Antonio. Realmente, me interpretaste muy bien en cuanto a lo que deseaba plantear, pues siempre me ha apenado esa sensación de inutilidad personal en cuanto a lo que sucede a nuestro alrededor. Por supuesto, no creo que seamos nosotros, los "recitadores", los únicos que sienten lo que te expreso, pero.....sí, nuestra "cabecita" siempre está flotando, colgando de las nubes del olimpo, Y AMAMOS AQUELLO, pero.......
Nos falta tanto ademas de crear!
Un gran abrazo!!!