
Roberto Piva el arco iris del lenguaje cargado de vino subterráneo
Por Leo Lobos
Fotografía: Mario Rui Feliciani
"Yo traigo conmigo a los guardianes de
los Círculos Celestes."
—Libro de los Muertos del Antiguo Egipto—
“Suena
el tambor / en el ritmo de las ofrendas sepulcrales / en el ritmo de la
levitación alquímica / en el ritmo de la paranoia de Júpiter”. El poeta Roberto
Piva murió en la ciudad de São Paulo, Brasil, la misma que lo vio nacer, el
sábado 3 de julio de
Nacido
el 5 de septiembre de 1937. Descendiente de un condenado a la hoguera, su
infancia y juventud transcurrieron a caballo entre las esquinas malhabladas de
su ciudad y las antiguas haciendas de su padre. Sus primeros textos salen a la
luz en 1961, pero la publicación de su libro Paranoia
en 1963 con referencias geográficas precisas, ilustradas por fotografías del
artista plástico brasileño Wesley Duke Lee, lo convierte en abanderado de la
más vanguardista poesía brasileña de su tiempo. Su vida fue una permanente
insurrección contra todos los poderes y en su momento llegó a afirmar que “sólo
creo en el poeta experimental que tiene una vida experimental”. Profeta iracundo,
de ideas delirantes y escritura de reminiscencias surrealistas, que tiene la
garganta llena de afrentas “Yo vi a los ángeles de Sodoma desgreñados y /
violentos aniquilando a los mercaderes, / robando el sueño de las vírgenes,
/ creando palabras turbulentas. / Yo he
visto a los ángeles de Sodoma inventando / la locura y el arrepentimiento de
Dios”. Roberto Piva ganó fama con la publicación de “Paranoia” al retratar la
capital paulista bajo la influencia del LSD, inspirado por el movimiento beatnik y por el surrealismo. Erudito, estudioso
de la fauna y la flora brasileñas e iniciado en el chamanismo, extrae de estas
vertientes su inspiración poética. Evidenciar el carácter erudito
de su creación literaria puede evitar el tratamiento restringido dado a autores
de la generación beat,
dirigiendo el foco exclusivamente a sus viajes y libertinaje, sin observar sus
lecturas y el modo como estas los impulsan hacia la aventura. En Piva, la
presencia de otros autores - inclusive en epígrafes, citas, alusiones y menciones
- no se reduce a la influencia o imitación de modelos. Hay un encuentro de
muchas voces que se incorporan a una dicción personal. Y una línea evolutiva
resultando en relaciones cada vez más complejas, desde los primeros poemas
hasta Veinte poemas con
Brócoli, Quizumba,
Ciclones y Extrañas Señales de Saturno.
Tomando la distinción de André Breton, entre signo ascendente y descendente, se observa que Piva se mueve en las dos
direcciones. Están presentes en él tanto el objeto, erótico y grotesco, como lo
lírico y apasionado, lo sublime y maravilloso. El autor hizo parte de la
generación de escritores, como Hilda Hilst (1930-2004) y
La obra poética de Roberto Piva es, tanto una respuesta franca, marginal y urbana al convulsivo Brasil, un intento personalísimo de comunión con las raíces afro-brasileñas. El despliegue erótico, la búsqueda premeditada del delirio y otros arrebatos, el ser iniciado en cultos chamánicos, son algunos elementos vivenciales presentes en su poesía, Roberto Piva entendió que la sacralidad es la única manera posible de salvación del mundo moderno, así como el culto a la erótica un componente de transgresión del deseo. Formado en sociología, durante algunos años ejerce la docencia, luego Roberto Piva renuncia para convertirse en productor de espectáculos de rock, otra manera de ejercer su crítica a la conducta depredatoria de la civilización actual. Publicó, entre otros, los libros: Paranoia, Piazzas, Abra os olhos e diga ah!, Coxas, 20 poemas com brócoli, Quizumba, Antologia poética, Ciclones, Um estrangeiro na legião y Estranhos sinais de Saturno. La poesía de Piva es predominantemente visceral, a veces sucia, como la ciudad que él contradictoriamente ama y odia. Pero al mismo tiempo es lírica y esta llena de metáforas. Como ocurre con la poesía de Allen Ginsberg y el cine de Pier Paolo Pasolini, dos gurús del escritor, la exaltación abierta y franca del deseo homosexual puede chocar a los desprevenidos lectores, pues Piva era un enemigo de los eufemismos. Otro tema que no cambió en su poesía fue la relación chamánica del poeta con la naturaleza: “el arco-iris / es el collar del hechicero / que apaga el día / con la mano izquierda”. Uno de los motores de la poesía de Piva es el rescate de lo mágico y de lo sagrado de las fuerzas míticas de la naturaleza, una manera de actualizar la tradición dionisiaca y la transgresión sagrada del paganismo. Estudioso de Mircea Eliade, del candomblé y de los rituales indígenas brasileños, él hace de las palabras un instrumento del culto orixás (Xangó, Yemanjá y Oxum) y al mismo tiempo, para invocar al halcón, su animal chamánico, embebido por la ingestión de drogas alucinógenas. Otro elemento es su asociación con el surrealismo, que se expresa, sobre todo en la errancia lisérgica-sicodélica del poeta por las calles de una metrópolis apocalíptica. Muchos de sus poemas se basan en la traducción alucinada de la pesadilla urbana: “sobre los pavimentos desolados el firmamento esta distante como nunca”. Piva, además de utilizar el método paranoico-crítico de Salvador Dalí, se sumerge muchas veces en la intuición y en la libre asociación de imágenes e ideas, nunca liberadas de sentido, haciendo del absurdo una forma de agresión al conformismo y la apatía.
Piva emprendió una tentativa original de superar dicotomías entre lo simbólico y lo real, sueño y vida, lo imaginario y el mundo de las cosas; una realización de lo que Baudelaire había propuesto como Arte Filosófica: “Crear la magia sugestiva que contenga al mismo tiempo el objeto y el sujeto, el mundo exterior y al propio artista”. El título de uno de los manifiestos de Piva publicados en 1985, El siglo XXI me dará la razón, acabaría por anticipar la propia recepción de su obra. Piva promueve la unión de todos los contrarios, carne y espíritu, vida y obra, arcaico y contemporáneo, y rescata los estados primitivos del sueño y la locura. En un tiempo de versos inofensivos, su lectura a un tiempo agrede y agrada. Difícil olvidar a gente inconformada, en un mundo de mansos.
Leo Lobos (Santiago
de Chile, 1966) poeta, ensayista,
traductor y artista visual. Laureado UNESCO- Aschberg de Literatura 2002.
Realiza una residencia creativa en CAMAC, Centre d´Art Marnay Art Center en
Marnay-sur-Seine, Francia los años 2002-2003 con apoyo Fondo Internacional para






































Felicidades
Un gran artículo, Leo. Tu trabajo no sólo ha sido la traducción de poemas de Roberto Piva, traducción magistral, sino la de situarlo en su espacio vital y poético con lucidez reivindicativa.
Un abrazo emocionado.
Antonio Arroyo.