
En el centro de la ciudad
En el interior de una galería comercial
Entre tantas oficinas profesionales
Entre los diseños de proyectos
Y las asesorías legales
Entre las ventas que caen en picada
Y las señoras que conversan y se venden
Y la simpatía que fluye
En riachuelos de palabras
La oficina
De nueve metros cuadrados
A un costo módico
En comparación con los arriendos pagados por ingenieros y abogados
Era mi escondite
Lo único que había en ella era un escritorio metálico
Un par de sillas y un sillón con ruedas
Un computador
Un teléfono
Un estante de madera
Con libros y revistas sobre materias completamente desconocidas
Planos de proyectos
Y las tazas para el café
Así durante un año
Escribí poemas que redundaron en insignificancias
La poesía se encontró a sí misma
En la borra del café.
A ELLIS MARSALIS
Escribir es un ejercicio difícil
No tanto se suma como se resta
Se repite el ejercicio una y otra vez
Y las imágenes se desprenden de la memoria
Como frutos del árbol de ojos y orejas y manos
Frutos que se escuchan reír cuando rompen la rutina
Que se ven llorar cuando el corazón no tiene paz
Que palpitan como el mismo corazón
En las alturas de la boca
Se repite el ejercicio una vez más
Con cada corte de la cáscara
Con que mueren los sinsentidos
No tanto se suma como se resta
Sin embargo si el resultado es igual a cero
No es necesario repetir el ejercicio
Ni siquiera pensar en ello tiene sentido.
CIUDAD OVALLE
Donde el sol estaba inmóvil,
escribí sin paradero,
encendí mi cuerpo escrito,
fundí párpados y labios,
fui sal, fui cenizas, fui
lo inerte, lo cristalino,
representé a fuego lento
la tragedia provincial
de la ciudad-dormitorio,
al latir mi corazón,
en la calle, caminando
hasta llegar a ser uno
con las sombras y los árboles
encendidos de la plaza,
donde nadie más estaba,
donde el sol estaba inmóvil.
POSTALES DE BARCELONA
A pesar de mí mismo,
quien escribe notas sobre una ciudad
que apenas conoce en postales de turismo,
soy quien va por esas calles de adoquines
grises como el día,
soy quien va levantando la mirada
hacia los ventanales de los viejos edificios
donde cordeles de ropa
comunican cada lado del callejón,
soy quien va a paso lento, contra corriente,
tan lejos de mis ojos, que existo con otro nombre,
tan lejos, en otro país,
tan lejos, que no alcanzo a cubrir las huellas
de los visitantes por primera vez,
ni conocer los deseos ni la extrañeza de quienes
no salen de sus escondites.
LOS LADRIDOS
Por las ventanas abiertas,
los ladridos de los perros
son siluetas que atraviesan
los umbrales sin permiso,
las fronteras de mi casa,
donde aún me pienso seguro
y tranquilo en estos tiempos.
De pronto, los perros callan,
nadie sabe donde están
sus siluetas condenadas,
aquí o allá o en ningún lugar…
pero deben ser un número
indeterminado, fuera
de mi escaso pensamiento,
dentro de mi casa vacía.
Terminada la jornada,
envenenada la noche,
los perros están en todas
las paredes de mi casa,
esperando su comida.
Nacido
en Ovalle, en 1978. Ingeniero agrícola de profesión, escribe poesía desde antes de los 18 años, pero recién después de esta
edad, lo asume con algún rigor. Integra







































no está de más
como dijo Pedro Vargas... muy agradecido, muy agradecido...