
“Sábanas de humo”
Se perfilan zoomorfas, las sombras
que raudas se expectoran
desde el callejón central luciferino.
La corrupción siempre rehúye, mimética.
***
Revienta el muladar henchido,
ascienden cíclicos
gases de polución
pérfidas ventosidades del meretricio político
que surgen totalitarias
en la sociedad de hocico lascivo.
Todo se aspira, ante ahogos incesantes.
Lúbricas aceleran
las ruedas del vehículo nacional
y debajo se resquebraja
el cuerpecillo abortado
de nuestra inestable nación.
¿Primeriza?, gime y se distrae ante la noticia
del no-nato cuasi reventado
o en vías de desarrollo.
***
Críticas a discreción, proyecciones retóricas
explotan y reverberan en el tímpano
de la única moral, que destazada
se aglomera como migas de pan.
El presupuesto es volatilizado
entre los bramidos afilados
del ser otorongo: condición aurívora.
“Ilusoria epidemia”
A gripe A
El foco infeccioso se extiende
e implosiona la alerta espectral
que alardea esputando
sangre virulenta
pues recrudece
tras oscilaciones contaminantes
se persigue el cadáver endémico
envolviéndose entre las cortinas de humo
que nos recubren desde el nivel del mar
sobre las olas del viento
seduciendo ideologías contemporáneas
a siniestra.
Excelso morboso
muta enfundado en el todo intrínseco
de la matriz humanitaria,
y muere por alguna inspiración.
Aunque fenezca, transmutará
en obscenas formas atribulantes.
El aire de nuestras voces
lo comunica, regente y obsesionado
por estas redes menospreciadas, intoxicadas
que con humo negro, son devoradas
su grandilocuencia es espléndida.
Ambiciona organismo
diestro para sostener
situaciones corruptas
actuando profuso, endemoniado
y al tiempo infectado,
antihumano, miserable, vencido tiembla
dejando en claro su tenue mentalidad.
[De: Lima: Visiones desde el dibujo y la poesía (Iván Fernández-Dávila. Editor. Lima, 2010)]
“Esferas azules”
Se revuelcan brumosas
y tangentes abarcables
en la condensación de su camino gaseoso,
que emerge de nuestras venas obstruidas.
Todo se confunde,
el vapor desfigura las ideas
atan cabos en sus taras
y el caos cunde.
Mi camino es un vano silogismo
que, acerino por su rubor
coligió en flores azules.
La amistad es una circunferencia,
la alegría cromógena de esta se maquilla
pero su amor a diferencia,
sólo está en una manecilla.
Deseos imposibles
se hurtan de la razón,
y se esconden pastosos
ante repentina desazón.
Esa luz sonrosada
que emana mi ternura halada
sería camino aurífero para tu aflato,
que de este modo nos arrastraría
hacia la perpetua bicromía.
El horizonte celeste precipita,
el borde del cristal
cruje como gota de sudor en su hoguera,
calmando mi sed;
su copa aún es caliciforme,
pero sus vellos hirsutos
ya no son sagrados.
Los cerebros se arrebozan
en orines y polvos fantásticos,
que con un gemido de púberes estrellas
extingue las ráfagas-ideas
y sus futuros epitafios.
Condena: Nunca morirán.
[De: Poesía y Narrativa Hispanoamericana Actual (Vision Libros - Lord Byron Ediciones, Madrid, 2010)]
“Sexo cerodimencional”
Sólo
nos masturbamos dentro de una mujer.
Ascendemos por sus escalones ígneos
De configuraciones flameantes
Para expulsar en la cúpula
Nuestros impulsos degradantes,
Perennizar chillidos,
Cuales ratas
en los acueductos del amor.
Nos embarramos en sus mareas infectas
Disfrutamos nuestra libertad
Cebándonos en la mujer, la carroña
Que cazamos en la no atmósfera, en la cumbre
Cerca de, y a su izquierda
En su tercer bastón, mandamiento
Sexo, reproducción.
Cubismo de la vida,
Voces magnéticas atraídas por el calcio
Que se degrada con los lácteos nacionales,
encuéntrame en la calle de la locura
Entiérrame en las estrellas,
Rásgame el sexo, mútame con síndromes
Hazme entender que sólo busco
El placer pasajero,
Porque quiero ser el bastión de nuevas formas
Porque quiero encontrarla en representaciones diversas,
Donde las figuras se mezclan para ser nada
Para ser recuerdo en la constelación de puntos
De carne.
Sólo así nos encontraremos
Con el sexo cerodimensional, para reproducirnos
Después del suicidio natural,
Y nuestros cerebros ya no serán porfiados sexuales,
Criminales; nuestros genitales serán uno solo,
Se exterminarán los hombres y las mujeres,
Existiremos como recuerdos múltiples
En las oraciones de cada ser humano
Que se masturbarán en nuestras tumbas
Y beberán de tu clítoris, cual cáliz celestial.
[De: Suicidas Sub 21: versión final (Editorial Mondo Kronhela Literatura, 2010 / Revista Almiar, 2010)]
“Luciferina”
Tu perversidad supera tu etiquetado cuerpo,
poseída, comerciada al extremo conyugal,
prefieres sufrimiento de tu único amor
en vez de perder lo ganado al haber sido saciada gratuitamente.
Fémina demencial,
observas desde la manipulación exagerada,
pues tu vanidad mezquina no me abarca
mas sólo abarca el embeleso de tu ansioso conducto.
Atrapas la sangre y vuelas sollozando,
piensas que claudico, al desgraciarte los sentidos,
muestras tu prodigio por medio de mis fauces
y sangras al no menospreciar mi redención.
Dañas al abrir tu mandíbula,
das nada ante la superficialidad madura
y desenmascaras tu verde corazón
al pedir reciprocidad galvanizada en metal.
Fuiste lo primero que vi
y esto fue mi condena
con dulce final anticipado,
sabiendo que dulce es lo idealizado
y por esto común estupefacto,
falto de dinámica, falto de sapiencia
al ver un rosa femenino y otro azul masculino.
Tu ignorancia es endeble,
pues ni con ésta puedes correr ciegamente,
desconfías brutalmente de quien te quiere
y anhelas la suerte de quien tu deceso desee.
Mi cariño hacia ti me es impertinente
y debe ser no abarcable en mis sentimientos,
la estrechez es tuya, pues yo no resbalé y revolqué,
mas sí tropecé y floté y en sí me gustaba
mientras tú llorabas.
Te consolé tardes infinitas
cuando las lágrimas derramadas
eran secadas por mis dedos lozanos e inocentes,
te abrazaba pues te amaba,
mi vida era imponente ante tu sufrir.
Ahora lloro, desgañito pidiendo ayuda
y tú me das la espalda
evitas mi reclamo, cual estiércol regado,
me envidias, pues tu sabiduría es infantil.
Ogra consumada eres tú,
no te puedo odiar
pues al caminar
desarmaría mis pasos.
En ningún tiempo me quisiste,
pues ni vestigio tengo de enseñanza emocional,
Luciferina, dame tu “cielo”
que es lo único que con gratitud darías.
Asfixiaré tu malévolo cariño, raptándolo,
y lo derramaré al filo de tu tumba
al ver el reflejo a un orate robando lágrimas
para que nadie te pueda llorar.
Y al ver tu mirada ignorante,
entre almohadillas níveas, en un féretro rojo,
desataré mi flema biliar
trayendo a tu imagen despiadada
una lágrima real.
[De: Abofeteando a un cadáver (Bizarro Ediciones - Centro Cultural de España, 2007)]
Raúl Allain (Lima, 1989) Estudiante de Sociología en
Dirección postal: Lima 51
Direcciones electrónicas raulallave1189@hotmail.com
Páginas personales: www.raulallain.blogspot.com






































