
Del velamen que sueña con la isla
Por Christian González Díaz (*)
La poesía deja de ser una película, deja de ser y
comienza a ser una abstracción de la realidad que se convierte en la realidad
misma. Sobre la mesa del ordenador viaja un sinfín de diásporas coloreadas por
el Artista Visual Leo Lobos, es la portada del libro Caballo de
Certezas en el comienzo del galopante ruido de sus letras, que no duda en citar a la gran poeta y crítica uruguaya Ida Vitale: “Quien se sienta a la orilla de las cosas resplandece de cosas sin orillas…” Debe ser el mar, ese que también visita las costas de Chile, con otras olas y otros peces, las convocan de manera precisa las palabras. Rosario Valcárcel en la presentación del libro para la prestigiosa Revista Cinosargo comenta: “Conocer la vida de un autor, resulta en muchos casos contraproducente, porque el lector puede llenarse de prejuicios negativos que interfieren en el juicio estético de la obra, pero en el caso de Antonio Arroyo es todo lo contrario, el conocerlo es precisamente su atractivo, porque su forma particular de estar en la vida; tímido, con esa calidez suya que se le sale por los poros, siempre atento al mar y a la tierra, a las cosas sencillas, a insistir en la vida, a querer flotar con los peces y a escuchar los latidos del universo… Eso es lo que le ha favorecido como escritor. Y precisamente esa virtud es la que le desata su imaginación y le enriquece el sentimiento”. Yo conozco de él, por las letras de lo que comenta Rosario. Antonio Arroyo es, para quienes tengan la posibilidad de tener entre las manos sus poemarios, la marea de las costas que viaja sobre las nubes y aparece desde la cima. Es el resplandeciente caballo que guía, de alguna forma, las aventuras que el poeta presenta en este libro.
Caballo del fulgor,
tú eres mi luz azul.
Sueña mi otra muerte,
de caballero adarga en ristre,
tuerto de tanto entuerto, exhausto de sentido:
no saber qué osamenta se le oxida
a la triste figura del espejo,
no saber que morimos del hastío
en la contienda, que de gozo nacemos
para morir de ausencia, sin saber
a tu grupa, Pegaso de
Sus letras están libres de perturbaciones. Representan la naturaleza en el sentido de su capacidad generadora, que se compone junto al verbo como eje de la vida. Vida a la orilla del mar, acaricia las sensaciones del poeta cabalgando en su nueva obra. Es seguro que Antonio Arroyo es conocedor de su historia, su caballo tiene alas, ruedas, timón y frenos. Se permite recorrer el universo, las costas que se bañan con el golpeteo de las herraduras en los cielos. Alcanza un temple sorprendente que insta a descubrir la verdad conveniente y orientadora.
Paseo por las hojas de este libro y reencuentro el mar, el grito de Antonio Arroyo que pide que le apaguen los ojos, apaga los míos y la sensación me dice que la imagen es la misma, respiramos las mismas olas, siento la lluvia en el invierno que comienza en Santiago de Chile y las letras de Arroyo se presentan así, simplemente a controlar el escándalo:
El monólogo incierto del marasmo
más allá de esta hambre que atraviesa
en la lluvia de espuma del lenguaje.
No el reflejo del nómada arcoíris
que lleva soledad a la escollera
no la hondura cayendo del eclipse,
solo un mar capturado, taciturno.
Del velamen que sueña con la isla
sólo un mar intuyera el desafío
en el viejo noray del soliloquio
más allá de las rosas de Morales.
Treinta Haikais es la exploración del haiku a la
manera de Arroyo, enternece la mirada que se posa sobre las letras, un estilo
sencillo y planetariamente espiritual; completamente explicito el paseo del
autor por los lugares poco poblados, los atardeceres solitarios frente al mar,
a la orilla de las nubes que dan inspiración a su obra. Comparte a la manera
Matsuo Basho, Yosa Buson, Isa Kobayashi y Masaoka Shiki la búsqueda de lo que
los antiguos buscaron, escudriñando entre las arenas el paisaje soñado. Quien
consiga domar, con sus ojos vendados de prejuicios, este Caballo de
Permanentes son las letras de este poeta que he tenido
la posibilidad de encontrar, más allá del libro, en la trascendente invitación
de la que son objeto los lectores, una nube vaporosa que aparece, un venir y
una partida desapegada de la existencia. Una claridad que no depende del otro
lado, ni de éste. Una suma de pasaportes, de olvidos, de sonetos y de todos sus
nombres. La ciencia, lo establecido en la acción y la reacción, el porqué de
las cosas se cuelga de las hojas de este libro, correlacionándose con los
lectores, las visiones, las sensaciones y las metas que se propone Antonio
Arroyo. Propone el autor, a mi juicio, (sin querer quitar o agregar un valor
distinto al que tienen de por si sus letras), un nuevo paradigma presente en él
y en nosotros, a manera de hacernos comprender lo inútil de las preocupaciones,
ayudarnos a observar lo simple, lo natural y lo diverso. Es entonces la poesía
del nativo de Santa Cruz de
III
Cuando el geranio estalla en la ventana
el crepúsculo absorbe del geranio
un destello fugaz que incendia el ojo
y deslumbra la sed de su agonía
Cuando el geranio estalla en la ventana,
estallo yo también en la maceta
que aprisionaba el aire de mi hálito
en su cárcel azul de arcilla triste.
Ahora que se expande el estallido,
la mente del geranio es mi conciencia
de estar en el fulgor de la ventana
cuando el geranio estalle en el poema.
El
leguaje nos entrega la necesidad del poeta de comunicarnos su interioridad, el
papel sostiene las esperanzas, que desprenden la tinta que dibuja las letras
que avanzan en el universo transformándolo todo. Los colores de la portada, fruto
de la dedicación de Leo Lobos y su pincel, conforman un nuevo puente para las
generaciones literarias del Chile Contemporáneo. El acercamiento de estos
artistas provoca sin duda un ordenamiento distinto, con la poesía española de
estos días. Promueve en Chile y España un canto nuevo pues no somos pájaros
para cantar la misma canción todos los días. Antonio Arroyo sabe muy bien que,
para encontrarse, para orientar la entonación de sus versos, para descubrir el
sentido de la palabra que se adueña de él, debe encontrar la tranquilidad de
los paisajes, los atardeceres, sus habitantes inertes y más movedizos en esa
fuente de inspiración en que se bañan sus palabras y que los lectores pueden
disfrutar en el viaje de este Caballo de
* Christian González Díaz: Nace en Santiago de Chile en 1974, Poeta, narrador y activista. Especialista en diseño de plataformas para el desarrollo de iniciativas comerciales, humanistas y vitales. Desarrolla su actividad literaria en Argentina, Uruguay, Dinamarca y España. Sus publicaciones cuentan con traducciones al alemán y el francés, destaca de su obra literaria "Maleta Uno", Editorial Qiyuan 2010.320 pág. Libro que recopila parte de su obra y señala la relación con el Chile cultural contemporáneo.







































Felicitaciones y gracias
Un abrazo y mis felicitaciones y agradecimientos por este magnifico ensayo sobre la poesía del poeta español Antonio Arroyo, que da una vital y necesaria visibilidad a este trabajo creativo venido desde las Islas Canarias, estableciendo puentes y dialogos, reflexiones y lazos fraternos de colaboración, respeto, admiración e intercambio.
Con mis saludos doy la bienvenida y demuestro la dicha por este ejercicio que el poeta Christian González, realiza con mucha seriedad y profesionalidad.
Leo Lobos