DESDE LA ABSOLUTA...
Parece ser que la tecnología de las imágenes ha hecho que nos olvidemos de que sencillamente lo que se mostró en el filme o en el video musical simplemente no está allí o es una simulación elaborada.
Cuando era niño había un personaje de dibujos animados llamado Centella. Este personaje conducía una moto y arrojaba shurikens , usando sus increíbles dotes de artista marcial; llevaba también unas medialunas que cumplían el mismo fin y que volvían a sus manos luego de golpear a todos los villanos. Impresionado, como pensaba hasta hace poco que sólo un niño puede estarlo, un día le pregunté a mi padre cómo hacía Centella para que sus armas arrojadizas regresaran a él. Él me aclaró que era un dibujo animado y que realmente ello no ocurría.
Esta aclaración fue sumamente importante para entender la diferencia entre el arte y la vida, sin embargo, parece ser que tan evidente distinción la hemos olvidado. Los americanos suelen ser los campeones en confundir ambas cosas. Recientes declaraciones de Lady Gaga, en las cuales aclara que ella no es realmente la diva que aparenta, han causado cierto revuelo.
Es la irrealidad del arte la que le permite experimentar allí en donde nosotros normalmente no podemos llegar. Existe una disciplina llamada bioética que analiza las implicaciones morales de la ciencia y que la vigila en cuanto a que su actuar no transgreda las normas morales. No existe una disciplina semejante que vigile a las artes: al ser completamente irreales, las artes no debieran tener consecuencias morales…
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…a menos, claro, de que no entendamos de la naturaleza de las artes. Parece ser que la tecnología de las imágenes ha hecho que nos olvidemos de que sencillamente lo que se mostró en el filme o en el video musical simplemente no está allí o es una simulación elaborada. Estamos programados para creer lo que ven nuestros ojos, e incluso para ir más allá, descubriendo automáticamente patrones, infiriendo intenciones ¿qué nos pasa cuando las imágenes que somos capaces de producir superan las posibilidades de lo que puede producir la naturaleza?
Con todo, hay verdad en el arte, pero no una verdad factual o literal. La verdad del arte se encuentra precisamente en el hecho de no pedirnos que creamos en la realidad de lo que representa. Es muy similar a la verdad del truco de magia: la verdad del truco no está en su ejecución, sino en la palabra truco. El mago nos anuncia que decapitará a una persona, pero que no lo hará realmente. Sabiendo esta condición, nos entregamos al hechizo de sus prodigios sabiendo que son falsos, pero olvidándolo voluntariamente por un rato.
Entender el arte se vuelve fundamental en una sociedad inundada de él. El arte no sólo sirve a su propio interés en cuanto arte mismo, sino que también sirve a la publicidad y al marketing. Sus simulaciones ya no son el mero juego de sí mismas, sino también una herramienta de ventas.
No podemos poner límites a las artes ni a los artistas. Esta actividad sin límites es la verdadera vanguardia del conocimiento humano y de la imaginación, grandes científicos han sido inspirados por obras literarias o incluso series de televisión –la cantidad de fanáticos de Star Trek en lugares de alta tecnología es incluso materia de chistes –sin dejar de lado lo que han logrado artes más consagradas como la poesía o la pintura. Esta libertad, que es vital incluso para la sobrevivencia del género humano o al menos para que su sobrevivencia valga la pena, debe ir acompañada de un claro entendimiento de la naturaleza de las artes y de su rol en la vida de los mortales.





































