
MAIAKOVSKI: ¡QUÉ GIGANTE POETA!
Hay que visitar a Vladimiro
Maiakovki con una enorme sed de poesía. Luego de leer su ESPERANZA uno
sentirá en el alma y la razón un universo de múltiples estrellas. Cala
tan hondo su fuerza verbal que uno respira tanta y tanta belleza.
¡Gracias gigante poeta por darnos tanta luz!
A Vladimiro
Maiakovski le tocó un espacio físico muy singular: la de la Rusia
convulsionada bajo el gobierno de los Zares. Hasta pasados los veinte
años vivió bajo ese sistema de gobierno.
Nacido en 1893 tuvo,
desde su adolescencia, un cariño especial por los asuntos sociales y así
se involucró con los bolcheviques. Por ello estuvo encarcelado.
Al
triunfar la Revolución se transformó en una especie de portavoz de la
misma, especialmente a través de su poesía. Los grandes espacios
públicos lo tuvieron en distintas ocasiones leyendo ante millares de
obreros sus poemas militantes de la causa bolchevique, de la que se fue
alejando cuando el régimen soviético se declaró opositor a la corriente
poética llamada futurismo y a la que Maiakovski adhirió.
En
1930, cuando contaba sólo 37 años, se suicidó.
Cinco años antes
se había matado la otra lumbrera de la poesía soviética: Sergio Esenin,
cuando tenía sólo 30 años.
Toda la magia de la poesía rusa,
nacida de la mano de Pushkin, se vino a caer de golpe con la muerte
trágica de sus dos mayores poetas de la primera mitad del siglo veinte.
La
poesía de Maiakovski se lee como si un torrente de luces, si como todos
los campos eléctricos, se unieran y convulsionaran.
ESPERANZA
¡Devolvedme
el corazón,
y la sangre hasta mis últimas venas!
¡Llenadme el
cráneo de ideas!
Yo no he vivido del todo mi vida,
sobre la
tierra.
Yo no he acabado de amar del todo.
Yo fui de dos metros de
estatura.
¿Para qué quiero esta altura?
Para este trabajo,
se
puede ser de una pulgada.
Me pasé la vida arañando con la pluma,
en
un cuartucho de dos metros,
armado con anteojos,
en una
pieza-estuche.
Yo haré gratis todo lo que quieran,
limpiaré,
lavaré,
cuidaré,
barreré.
Podría
servir aunque no sea más que de portero.
¿Ustedes tienen porteros?
Yo
fui alegre a veces,
pero que puedo hacer con esta alegría,
si
nuestra desgracia es insondable.
Ahora,
todos en seguida
muestran los dientes
para morder,
o para ladrar.
Por si
poco fuera este dolor,
por si poco fuera nuestra pena.
¡Llamadme!
Yo
trataré de entretenerlos,
con charadas e hipérboles,
con
alegorías,
o con el malabarismo de mis versos.
Yo he amado
en la vida.
No vale la pena recordarlo.
¿Duele?
¡Qué
importa!...
Viviremos cuidando nuestras penas.
Yo amo
también a los animales.
¿Ustedes tienen jaulas con animales?
Dadme
un puesto de guardián de fieras.
Yo amo a las fieras.
Cuando veo un perrito,
aquí en la panadería hay uno,
todo
peladito,
soy capaz de arrancarme mi propio hígado,
y decirle,
toma,
come,
no me da lástima, querido.
Ese es el
poema íntegro. El vigor expresivo del poeta parte desde un principio
del texto, se mantiene en sus versos posteriores, para rematar en unos
que ya hablan no sólo la inteligencia verbal del bardo, sino también su
gran calidad humana:
"soy capaz de arrancarme mi propio hígado/ y
decirle, toma,/ come/ no me da lástima, querido".
El poema,a su
vez, nos muestra ya al hombre desencantado de la poesía política y que
entra directo hacia el ser mismo, en la profundidad, o simpleza, de su
yo.
Sólo ese poema le bastaría a Vladimiro Maiakovski para vivir
por siempre. Pero su poesía de alta calidad se refleja en muchos de
otros textos.
Leerlo es emocionarse y el recordarle es hacerle
justicia a este gigante de la poesía mundial.






































