
WITOLD
GOMBROWICZ Y LA SINCRONIZACIÓN
Es muy difícil pensar en el
determinismo en cualquier campo que sea después del broche de oro que le
puso Laplace. Este matemático francés coronó el pensamiento causal
afirmando que podemos mirar el estado presente del universo como el
efecto del pasado y la causa de su futuro. Ni siquiera la física
cuántica se libra del demonio de Laplace, un demonio tan poderoso que lo
obliga a Einstein a decir que Dios no juega a los dados.
Hasta la
cabeza de Gombrowicz era zarandeada por el demonio de Laplace. ?Leo los
diarios con pasión, me atrae el abismo de la vida ajena, aunque esté
adornada o incluso tergiversada; en cualquier caso es un caldo hecho a
base de realidad y me gusta saber que, por ejemplo, el 3 de mayo
de 1942 Bobkowski enseñaba a su mujer a ir en bicicleta en el bosque de
Vincennes (...)?
?¿Y yo? ¿Qué hice ese día? Ya veréis, o más
bien no veréis: dentro de doscientos o mil años surgirá una nueva
ciencia que establecerá las relaciones de tiempo entre los individuos, y
entonces se sabrá que lo que le ocurre a uno no deja de tener relación
con lo que le ha sucedido simultáneamente a otro... Y esta
sincronización de la existencias nos abrirá nuevas perspectivas..., pero
basta...?
?Descubro en los diarios de Bobkowski, en el transcurso de
los años 1940-1944, la incubación de los mismos sentimientos que me
invadían a mí cuando estaba madurando el esbozo de ?Transatlántico??.
Bobkowski, tanto como Gombrowicz, quiere liberarse de Polonia pero
también de Francia, pues a lo largo de los siglos se había convertido en
el complejo de los extranjeros.
?La importancia histórica de las
confidencias de Andrzej
Bobkowski consiste en que en ellas ya aparece la firme voluntad de
destruir el mito, y al igual que ataca a Polonia también se lanza con
furia contra Francia. Aparece un acento difícil de precisar que deja
entrever que el romance con Polonia y con Francia ha concluido para
siempre y que sólo queda pasar las cuentas (...)?
?Este tono y este
acento son para mí tanto más valiosos cuanto que los encuentro en unas
notas que hacen referencia a la vida cotidiana y a acontecimientos
corrientes?. Pero volvamos al asunto de la sincronización de las
existencias. La nueva ciencia surgida para la sincronización de las
existencias crearía un campo donde los sucesos estarían completamente
definidos, y esta es una cuestión que tenía que sobresaltar a
Gombrowicz.
?Mi novela ?Cosmos? es capaz de angustiarme, y hasta
de asustarme. ¿Por qué? Porque a lo largo de mi vida me he forjado una
sensibilidad especial hacia la forma, y,
verdaderamente, el hecho de tener cinco dedos en la mano me da miedo.
¿Por qué cinco? ¿Por qué no 327.584.598.208.854? ¿Y por qué no todas las
cantidades a la vez? Y en definitiva, ¿por qué dedos? (...)?
?Para
mí no existe nada más fantástico que el estar ahí, y ahora, y el ser
tal, definido, concreto, éste y no otro??. Sin embargo, el demonio de
Laplace es paradójico. Si mis acciones determinan inexorablemente el
futuro, soy responsable de todo lo que ocurrirá en el mundo. Pero si mi
propia vida está regida por circunstancias que escapan a mi control,
entonces, no soy responsable de mis acciones.
?Cosmos? es la
obra más abstracta de todas las que escribió Gombrowicz, y es por ella
que recibió el ?Formentor?, es decir, el Premio Internacional de
Literatura. Las relaciones que Gombrowicz tenía con la abstracción,
especialmente con la matemática que es su forma más pura, se pusieron de
manifiesto muy
tempranamente. ?Volvió a repetirse lo mismo, desgraciadamente, en el
examen escrito de matemáticas (...)?
?Mi falta de talento en esta
materia se dejó ver con toda claridad. Ataqué el problema de
trigonometría con la bravura de un suicida y, para mi mayor sorpresa, lo
resolví en diez minutos. Todo iba como la seda: bastaba sumar unas
cuantas cifras y ya estaba listo. Pero yo sabía que era demasiado
hermoso para ser cierto y me dispuse a buscar, horrorizado, otras
soluciones (...)?
?Pero no había nada que hacer, cada vez, como
un tren sobre una vía muerta, llegaba a la misma solución sencilla,
clara, deslumbrante por su evidencia. Por fin sucumbí, no pude
resistirme más a la evidencia y, presa de los peores presentimientos,
entregué el trabajo. Sabía que me iban a poner un cero pero, ¿qué podía
hacer si no existía mancha ninguna en mi obra? (...)?
?Sí, un cero en
trigonometría, un cero en álgebra, un cero
en latín: tres ceros coronaron mis esfuerzos. Parecía que no tenía
salvación?. La naturaleza de ?Cosmos? tiene sin embargo una extraña
relación con la ciencia de matemática, especialmente en los desarrollos
de series y en el análisis combinatorio, un asunto que ha despertado el
interés, entre otros, de Gilles Deleuze.
Gilles Deleuze habla de
Gombrowicz en un curso que da sobre la confrontación entre Whitehead y
Leibniz como un ejemplo del escritor que sale del caos haciendo series.
Para Deleuze, ?Cosmos? es el desorden puro del que Gombrowicz sale
organizando dos series diferentes, la de los ahorcados y la de las
bocas. Después habla de la tonalidad afectiva fundamental de Leibniz y
de la de Descartes.
La tonalidad afectiva fundamental de Cartesius
vendría a ser la sospecha. La filosofía es para Deleuze el arte de
formar, de inventar y de fabricar conceptos, una idea realmente
interesante. ?Sólo hay una manera de
salir del caos, haciendo series. La serie es la primera palabra después
del caos, es el primer balbuceo. Gombrowicz hizo una novela muy
interesante que se llama ?Cosmos? (...)?
?En esta obra se lanza,
como novelista, en la misma tentativa. ?Cosmos? es el desorden puro, es
el caos, ¿cómo salir del caos? La novela de Gombrowicz es muy bella,
muestra cómo se organizan las series a partir del caos, sobre todo hay
en ella dos series insólitas que se organizan. Una serie de animales
ahorcados, el gorrión ahorcado y el pollo ahorcado, y una serie de bocas
(...)?
?Estas series se interfieren la una con la otra y poco a poco
trazan un orden en el caos. Es una novela muy curiosa que uno no
hubiera terminado de leer si es que no se hubiera metido de cabeza
dentro de ella?. El asunto de la sincronización de las existencias para
salir del caos, como piensa Deleuze, aparece claramente en los diarios
de Gombrowicz cuando se refiere
al período 1940-1946.
Aquí descubre el intento de Bobkowski de
liberarse de Polonia y de Francia, pero el paroxismo de esta
sincronización lo alcanza en ?Cosmos?. De las cuatro narraciones que
integran la novelística de Gombrowicz ?Cosmos? es la más extraña de
todas. La historia comienza cuando el protagonista se va de la casa de
sus padres en Varsovia, estaba harto de toda la familia.
Se dispone
pues a tomar unas vacaciones, a preparar un examen y a disfrutar del
cambio de aire. Mientras estaba buscando una pensión barata se encuentra
con un amigo que también está huyendo, pero no de sus padres sino de su
jefe. Muy cerca de la casa en la que finalmente alquilarán un cuarto
aparece la primera anomalía de este relato, un acontecimiento extraño.
Alrededor
de este acontecimiento el joven estudiante empieza a armar la trama de
un misterio que va creciendo. En el medio de unas matas ven un gorrión,
no era un
gorrión común, era un gorrión que estaba colgado de un alambre fino
enredado en la rama de un árbol, un descubrimiento a primera vista
inexplicable pues no tiene sentido ahorcar a un gorrión y luego
colgarlo, por lo menos un sentido racional y coherente.
Los
problemas con el jefe de la oficina del amigo y los del joven estudiante
con su padre los predisponen a exagerar el significado de algunos
hechos sin importancia. Los atiende una mujer cuarentona y regordeta
cuya boca no es normal, y ésta es la segunda anomalía en la que pone
atención el protagonista. La boca estirada le enroscaba el labio
superior, la frialdad reptiloide de ese labio lo excitó de inmediato.
Era
un oscuro pasadizo que conducía a un pecado carnal gelatinoso y
viscoso, como si fuera una vulva. La dueña de la pensión, también
rechoncha, les muestra la casa y en la cama del primer cuarto que abre
estaba acostada su hija sobre un colchón sin sábanas, el muslo
de una de sus piernas quedaba destacado contra el elástico metálico
pues el colchón se había deslizado.
Un muslo muy atractivo que lo
hace arder al instante al estudiante impresionándolo tanto como el labio
de la posadera. En la cena, Leon, el dueño de la posada, les comunica
con un lenguaje jocoso y extravagante que él está a disposición de su
esposa, que hace pequeños trabajos en la casa, les recomienda la crema
que prepara su esposa y asegura que el intelecto de los jóvenes podrá
hacer cuanta pirueta ansíen.
A su lado estaba Lena, la hija,
serena como un lago. La posadera Katasia le alcanzó a Lena un cenicero
cubierto con una redecilla de alambres, y aquí se dispara la tercera
anomalía. La malla del cenicero se le asoció al elástico de la cama con
el muslo, y el labio vulva de Katasia con la boca entreabierta de la
hija, en ese momento se le despertó una pasión enfermiza.
Era la
primera noche, no quería dormir pero
tampoco quería levantarse, como Fuks no estaba en el cuarto se imaginó
que había ido a ver al gorrión, el gorrión crecía, se volvía más
importante de lo que era, ya era un personaje capaz de recibir visitas.
En medio de la noche se encontró en el corredor de una casa ajena en
mangas de camisa, una situación que se le asociaba con el erotismo.
La
situaión se le deslizaba hacia la sexualidad como el escurrimiento de
la boca vulva de la posadera. En el cielo y en el jardín trazaba líneas
imaginarias buscando figuras y formas, los objetos del jardín se ponían
unos tras otros como los labios de Katasia tras los de Lena que, en su
imaginación, estaban más unidos que en la mesa. No tenían nada en común
pero existían unos en relación con los otros.
Existían como en un
mapa cada ciudad existe en relación con las otras. La intensidad de las
estrellas se le asoció con la intensidad del gorrión ahorcado, y el
gorrión se le
asoció con las bocas, pero el gorrión no se dejaba situar en el mismo
mapa de las bocas, se hallaba afuera, pertenecía a otro mundo. Cuanto
menos se justificaba su pertenencia a este mundo más se volvía
significativo que lo observaran de esa manera.
Y al día
siguiente otra vez llegó la hora de la cena. Lena estaba casada, su
esposo llegó mientras comían, la hija se había transmutado totalmente
por la llegada de aquel hombre que conocía los movimientos más secretos
de aquellos labios. Ludwik estaba bien formado, era apuesto, inteligente
y arquitecto pero, ¿qué le hacía él a ella y ella a él cuando estaban
juntos sin nadie que los viera?
Ver a un hombre frente a la mujer
que nos interesa es desagradable pero lo peor es que se vuelve objeto de
nuestra curiosidad y entonces tratamos de adivinar sus gustos ocultos a
través de esa mujer aunque eso nos produzca asco. Desplegaban la
ternura cortés de los matrimonios jóvenes, las
búsquedas pasionales y llenas de repulsión del protagonista debían
limitarse a la mano de Ludwik que yacía sobre la mesa cerca de la mano
de Lena.
Se torturaba imaginado de qué manera la tocaría. Doña
Bolita estaba escandaliza con lo del gorrión, pensaba que era una maldad
de chicos. Llegó Katasia para llevarse los platos y su boca vulvosa
apareció cerca de los labios entreabiertos, suaves y limpios de Lena, el
joven estudiante no quiso mirar para no influir en nada, para que el
experimento resultara objetivo.
Ludwik dijo que una semana atrás
había visto un pollo ahorcado pero unos días después había desaparecido.
Leon tarareaba su tiru-liru-lá, fabricaba bolitas con migas de pan y
las acomodaba en hilera sobre el mantel para observarlas. Lena era
maestra de idiomas y llevaba dos meses de casada, la posadera era
sobrina de doña Bolita y había que operarla y coserla nuevamente para
arreglarle la boca.
Leon tomaba sal
con la punta del cuchillo y la depositaba sobre una bolita mientras
pedía más rábanos y crema. Fueron varios días de retazos de todo. Una
noche los ojos del protagonista tropezaron con un clavo de la pared, del
clavo pasó al armario y del armario al techo donde había una raya que
parecía una flecha. Era una flecha. Cansado miró una botella con un
corcho en el cuello y descansó en el corcho hasta que se fueron a
dormir.
En la cena la flecha no era más ni menos importante que las
demás cosas pero cuando el joven se pone a narrar la historia de sus
vacaciones extrae de la misma historia la configuración del futuro
poniendo a la flecha en primer plano. La conclusión que saca es que no
podemos entrar en contacto con nada en el momento de su nacimiento, y
que si hubiéramos salido del caos nunca entraríamos en contacto con él.
Es
una reflexión análoga a la que Gombrowicz hace sobre la inmadurez, la
inmadurez desaparece cuando
intentamos definirla y darle forma. Katasia los despertaba con el
desayuno, la impropiedad de su boca vulva se le prolongaba, ese momento
le quedaba grabado durante el día entero manteniéndole viva la
asociación bucal en la que se había enredado con tanta obstinación.
Mirando
el techo del cuarto los dos amigos ven una flecha que el día anterior
no estaba ahí. Esa flecha se les asocia con la del comedor y deducen que
les está indicando una dirección. El protagonista sueña con la mano de
Lena, en la noche anterior le había parecido que al posar
disimuladamente su mirada sobre esa mano la mano había temblado. Estaba
realmente agotado.
Quizás, si no hubieran tenido tantos
problemas con los padres y con el jefe, no le hubieran dado tanta
importancia a los detalles pequeños, pero, una cosa trae la otra.
Decidieron investigar a dónde apuntaba la flecha del cuarto con la
seguridad de que si alguien los espiaba desde la casa, ése
sería el que había entrado al cuarto para grabar en el techo la línea
que formaba la flecha.
Con alguna dificultad y muchos trabajos
siguieron la dirección y encontraron la cuarta anomalía de la historia
contra uno de los muros del jardín: un palito de dos centímetros de
longitud colgaba de un hilo blanco del mismo tamaño, el palito quedó
intensificado de inmediato por el gorrión. Era difícil dejar de pensar
que alguien por medio de esa flecha no los hubiera dirigido hacia el
palito colgado para que lo asociaran con el gorrión.
Algo parecía
unir resbalosamente a todos esos elementos que deseaban ordenarse de
acuerdo a una idea, pero, ¿qué idea? El protagonista hubiera aceptado a
todas esas asociaciones como una simple casualidad si no fuera por la
anomalía de la boca de Katasia que se le juntaba con el palito y el
gorrión, una cueva oscura y absorbente, una boca vulva muy atractiva
pues tras ella se asomaba la boca
entreabierta de Lena.
Leon contaba que en el banco se llevaba muy
mal con la secretaria del presidente, que esa arpía lo acusaba de
escupir en el cesto de basura. Esta historia del dueño de la posada nos
hace recordar a una historia parecida de Gombrowicz en el Banco Polaco
que tenía ese mismo problema con Helena Zawadzka Ryttel, la secretaria
del presidente Juliusz Nowinski.
Tiru-liru-lá, treinta y siete
años de vida matrimonial, la mano de la hija, relajada, pequeña, color
café y cálidamente helada, unida por la muñeca a otras blancuras del
brazo que el joven no miraba y, otra vez, una contracción perezosa de
los dedos, ¿tenía algo que ver esa contracción con el protagonista?
Cuando había terminado la cena Fuks pide un hilo y un palito para usarlo
como compás.
Los pedía nada más que para hacerle saber al bromista,
si es que existía, que habían descubierto la flecha en el techo y el
palito colgado del hilo. Entre el
pájaro y el palito el protagonista se sintió en medio de dos polos, y
la reunión de los que estaban sentados a la mesa se le presentó como una
función particular de aquella relación, una extravagancia que le abría
las puertas a la otra extravagancia, a la de las bocas.
Katasia
le pasó el cenicero a Lena. El estudiante sintió inmediatamente el
impacto de la asociación de los labios fríos y deformes con aquellos
otros puros, y de la redecilla metálica del cenicero con el muslo de
Lena, la combinación se le debilitaba e intensificaba a cada momento y
lo conducía a contradicciones sobre la verdadera naturaleza de la hija
de doña Bolita y de Leon.
Virginidad perversa, timidez brutal, boca
entrecerrada y abiertísima, vergüenza impúdica, fuego helado, embriaguez
sobria. El pedazo de corcho pegado a la botella hacía lo posible por
destacarse y pasar a primer plano. Fuks seguía investigando y descubrió
una vara cerca del palito,
la vara señalaba el cuarto de Katasia, aprovecharían el domingo para
escudriñar en el cuarto de la posadera.
En la cena el yerno lo
desafía al suegro con un problema de combinaciones matemáticas, parecía
que las combinaciones de Ludwik estaban en relación con las
combinaciones que lo desvelaban al protagonista pues no lograba saber si
no era él mismo el autor de las combinaciones que se combinaban a su
alrededor. Se empezó a imaginar que Lena, en cuerpo y alma, tendía hacia
él, tensa en un deseo íntimo, secreto.
En el cuarto de la posadera
encontraron una fotografía de Katasia con la boca sencilla y pura, una
respetable señora que se había herido el labio superior en un accidente
automovilístico, los jóvenes no eran entonces más que un par de
lunáticos perversos. El estudiante vio la ventana iluminada de Lena y
corrió hacia allá, quería verla en la intimidad de su cuarto.
Subió
a la rama de un árbol y vio que
Ludwik le estaba enseñando una tetera, quedó aniquilado, la tetera era
algo que estaba fuera del mundo, ella estaba sentada en una silla con
una toalla de baño sobre los hombros y él, de pie, le enseñaba una
tetera que tenía entre las manos. Se quitó la toalla, estaba sin blusa,
vio la desnudez de sus pechos y brazos, empezó a quitarse las medias.
Ahora
sabría como era: degenerada, perversa, sucia, untuosa, sensual, casta,
tierna, pura, fiel, fresca, graciosa o coqueta. Ya mostraba los muslos.
Ludwik apoyó la tetera en un anaquel y apagó la luz. Nunca sabría cómo
era. Bajó del árbol y observó que en la balaustrada estaba echado el
gato de Lena, lo agarró por el cuello y empezó a ahorcarlo con todas las
fuerzas, el gato quedó muerto.
Tenía que esconderlo, recordó
que en el muro del jardín había un gancho, ató una cuerda al cuello del
gato y lo colgó; colgaba como el gorrión y el palito. Entró a su cuarto y
cayó
dormido. Se estaba abriendo paso hacia la hija ahorcando a su gato,
Katasia decía que era una canallada y Lena se había puesto más bella por
la vergüenza, servía para el amor, pero para nada más.
Por eso se
avergonzaba del gato, sabía que todo lo que se refería a ella debía
tener un sentido amoroso y aunque no sabía quién se ocultaba detrás de
esa maldad se avergonzaba del gato porque era suyo y se refería a ella.
Pero su gato era también del que acababa de ahorcarlo. El gato lo había
llevado del anverso al reverso de la medalla, hacia el círculo donde se
producían los misterios.
Era el mundo de los jeroglíficos, le
daban ganas de reírse viéndolo a Fuks buscando alguna pista. Cuando
salieron del cuarto de Katasia doña Bolita clavaba algo con fuertes
golpes de martillo en un tronco del zaguán. Lena les explicaba que la
madre tenía crisis y tomaba lo que fuera para desahogarse, y los golpes
que habían seguido a los de
la madre los había dado ella para hacerla entrar en razón.
Leon
empezó a insinuar que Bolita había matado al gato, el joven sabía que
no, pero María o el mismo Leon podían haberlo matado. Doña Bolita dice
que para esa maldad que le hicieron a su hija sólo existe una
explicación pasional, y deja flotando en el aire la sospecha de que
podría haberlo hecho alguno de los dos jóvenes. Fuks acusa el golpe y
comenta que el día de su llegada el gorrión ya apestaba bastante.
No
sabía si deseaba acariciar a Lena, o torturarla, humillarla, o
adorarla. Si deseaba porquerías o deleites celestiales, revolcarse con
ella o pasarle fraternalmente el brazo sobre los hombros. Ella pesaba en
su conciencia, se le parecía a una sonámbula arrastrando la
desesperación como una larga cabellera. Pocos días después emprendieron
una excursión a las montañas.
Mientras el sistema gorrión, palito,
gato, bocas, mano estaba todavía en vigencia,
una corriente de aire nuevo entró en escena. Los acompañaban dos
matrimonios de recién casados amigos de Lena. Leon les comentaba que
iban al encuentro de un panorama maravilloso que había descubierto hacía
veintisiete años. El padre buceaba en el pasado y el protagonista en
los enigmas del presente con la misma intensidad.
Esta
coincidencia aparecía como una réplica del mundo que había quedado en la
posada. De aquel paseo extraordinario Leon había traído una vara, y
otra vez un eco, el eco de la vara que les había señalado el cuarto de
la posadera. La casa había quedado al cuidado de Katasia; en una pensión
del camino recogieron a una de las parejas, Lulo y Lula, que comenzaron
a lulear a todo pulmón y convirtieron a la reunión en algo más vivo.
Hasta
Lena y Ludwik sucumbieron al lulear de lo Lulos. Encontraron a un
sacerdote sentado en una piedra al lado del camino, algo fuera del
mundo, como la tetera de allá, y otro eco
más. Los secretos de las bocas y del ahorcamiento del gato eran sólo
del protagonista, pertenecían entonces a los dos círculos, el interior y
el exterior. El sacerdote provenía del exterior, era superfluo y
absurdo.
La irritación que le producía al joven era tan violenta
y peligrosa como la que le había producido el gato. ¡Cuidado, señor
cura!, un loco anda suelto. Una réplica más del mundo de la posada. Los
Lulos se excitaron cuando vieron a los Tolos, la otra pareja. Tolo era
capitán, un caballero hasta la médula, la Tola pertenecía al género de
mujeres que no desean ser admiradas porque eso no les corresponde, una
extraña soledad carnal.
El Tolo bebía con la frente bien alta para
dar a entender que nadie tenía derecho a poner en duda su amor por la
Tola. Los Lulos, con el aire más inocente del mundo, observaban lo que
ocurría como un par de tigres sedientos de sangre. El eco, ellos
permanecían ahí pero como eco de
las cosas de allá. Tiru-liru.lá, la eterna cantinela de Leon que de
repente exclama: ¡Berg!,
Mientras tanto le explica a doña Bolita
que no es nada, que es un viejo cuento de judíos que algún día le iba a
contar. El joven se encontró repentinamente a cinco pasos de Lena, ella
le habla con tono lulesco y él le pregunta dónde está ese panorama tan
bello del que les habla el padre. No era ella, ella se había quedado
allá, en la casa, ni tampoco el protagonista estaba ahí, por eso la
presencia de ellos era cien veces más importante.
Eran símbolos de
ellos mismos. Cuando volvió la cabeza Lena ya no estaba. Leon sentado en
un tronco le cuenta que había trabajado treinta y dos años y que las
historias del gorrión y el palito eran para él fruslerías, que lo
importante era la fiesta, que en la fiesta iba a bergar con el berg. De
aquí en adelante Leon utiliza la raíz berg, a la que conjuga y declina
de varias maneras
diferentes.
Se vale del berg para referirse especialmente a los
órganos y a las funciones sexuales. El protagonista quiere escaparse
pero no lo deja, le cuenta que la esposa no sabe que el juega en la mesa
con el berg, que berguea con el bemberg. Le ruega que se quede, que le
va a decir algo que le interesa pues lo veía como un buen bembergador,
que lo había admitido en su casa porque estaba bembergando con el berg a
su hija Lena, a escondidas.
Sabía que le gustaría embergarse bajo
sus faldas a pesar del matrimonio que tenía con Ludwik, como el amanberg
número uno, que no le dijera una palabra a nadie porque en caso
contrario se vería obligado a echarlo de casa. Acto seguido le comunica
que no los había arrastrado hasta ese sitio para ver un panorama sino
para celebrar un aniversario de algo que había ocurrido hacía
veintisiete años.
Quería celebrar el placer más intenso que había
tenido en su vida, el placer que le
había dado una sirvienta. Que en su vida un tanto mediocre había
paladeado pocos bocadillos, que estaba muy vigilado, pero que había
aprendido que una mano puede excitar a la otra, para qué buscar entonces
otra si uno tiene dos, que si uno se las ingenia puede encontrar un
mundo ilimitado de diversiones en el propio cuerpo.
Esa noche harían
la peregrinación, con devoción, la devoción es necesaria porque sin
ella no existiría el placer; le pidió que lo dejara solo para
purificarse y prepararse para el ceremonial del placer, para el festejo
del Gran Espasmo con aquella sirvienta. Pensaba que en las montañas se
iba a liberar de todas las asociaciones y combinaciones que lo
torturaban allá abajo, en la posada, pero cae en otra trampa.
Cuando
el protagonista lo deja a Leon se pone a decidir si pasa entre una
piedra y un hormiguero o entre el hormiguero y una raíz, y se queda
inmóvil con la misma inmovilidad del sistema
gorrión-palito-gato. Doña Bolita se queja del descaro de Lula que se
tira lances con Tolo, y de Lulo porque la consiente, sin darse cuenta
que todo lo que hacen los Lulos es solamente contra la Tola.
Durante
el paseo Lena emanaba tal seducción que el protagonista prefirió no
mirarla. Mientras comían Fuks se agachó para recoger una caja de
fósforos que se le había caído debajo de la mesa y vio como Tola
restregaba su pierna contra la de Lulo, por eso los Lulos se vengaban de
ella. El estudiante tenía miedo de que las manos se le empezaran a
mover otra vez otra vez y lo volvieran a oprimir como con el gato.
Estaba
seguro de que si en la casa de Leon no se hubieran aburrido tanto no
hubiera pasado nada, el tedio tiene poderes más terribles que el miedo.
Ludwik no estaba con ellos. El protagonista pensaba cómo podía hacer
para definir una historia que acumulaba y disociaba constantemente sus
elementos. El sacerdote y la Tola habían
tomado demasiado y vomitaban fuera de la casa.
Sin embargo esas
bocas no sabían nada de las bocas que el joven llevaba ocultas. Caminaba
por un sendero y de repente vio entre los árboles a un hombre colgado,
la última réplica, el último eco que le llegaba del mundo de la posada.
Era Ludwik colgado con su propio cinturón, un cadáver absurdo que se
convertía en un cadáver lógico por la formación del sistema
gorrión-palito-gato-Luwik colgados.
Decidió no informar a nadie,
que las cosas siguieran su curso, se alejaba pero lo asaltaron las
bocas de Katasia, de Lena, del sacerdote, de Tola y la de sí mismo pues
se le había empezado a mover, entonces, su mirada se dirigió a la boca
del cadáver, tenía que provocar al cadáver. No le podía encontrar razón a
la muerte de Ludwik, quizás se había ahorcado porque Lena se acostaba
con el padre, no podía saber nada y empezó a tener miedo.
Sin saber
bien lo que hacía levantó la
mano y le metió un dedo en la boca al cadáver que después sacó y limpió
con el pañuelo. Caminaba hacia la casa, la bocas se habían unido a los
colgantes, por fin había logrado esa unión, en ese momento tuvo la
satisfacción del deber cumplido. Ahora resultaba necesario colgar
también a Lena porque él se había convertido en el representante del
colgamiento, y cada uno quiere ser quien es.
En la colina de
enfrente marchaban bajo la dirección de Leon, iluminados por las luces
de las linternas se daban ánimo con canciones y bromas; Lena estaba
entre ellos. No le iba a ser difícil llevarla aparte, eran ya dos
enamorados, si deseaba matarla es que ella también lo amaba, podía
ahorcarla y después colgarla. La colgaría como había colgado al gato,
podía también no colgarla, pero, ¿cómo se puede desilusionar a alguien
de esa manera?
El protagonista estaba a unos cuantos pasos del
sacerdote, le dio un fuerte empujón que lo hizo
trastabillar, se le movían las manos como se le habían movido con el
gato; le abrió la boca y le metió un dedo que después sacó y limpió con
el pañuelo, tenía la sensación de haberlo traído al mundo real. Mientras
tanto Leon se excitaba recordando a aquella mujerzuela, jadeaba,
celebraba su propia inmundicia.
Pero nadie se iba, gimió
lujuriosamente y finalmente exclamó: ¡Berg!, bembergado con el berg. Los
había llevado a la montaña para masturbarse. De repente la lluvia, un
diluvio. ?En conclusión: escalofríos, reumas, fiebres, Lena enfermó de
anginas, fue necesario llevar un taxi de Zakopane, enfermedades,
médicos, en fin, todo cambió y yo volví a Varsovia, mis padres, el
conflicto permanente con mi padre, y otras historias, problemas,
dificultades, complicaciones. Hoy en el almuerzo comimos pollo relleno?
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