
Seis Poesías - Jorge Eduardo Padula Perkins
Vínculo.
Contigo aquí se disimula
el despotismo de mi humana soledad
ante la vida.
Tu me acompañas,
yo te escolto.
Te amparo y me proteges,
y somos dos soledades
sutilmente veladas, escondidas.
Como una brisa
Se atropella mi pasión en torbellino
sobre el tenue velo que tu dulzura ofrece
y alborotados pujan mis sentidos
por saborear de tu trigal las mieses.
Me ilusiono con tu piel en mis caricias,
con tu mirada ante mis ojos, complaciente,
pienso tus labios besándome la risa
y siento la sangre que me fluye ardiente.
Ávido de ternura y conmovido,
vibra todo mi ser ante el deseo que crece,
y me siento como nunca vivo,
mientras tu pronta presencia me estremece.
Ansío hacerte el amor como una brisa,
a un tiempo incesante, arrebatada y suavemente,
y entregarme sin limite ni prisa
de manera indubitable y concluyente.
Violeta.
Oscura alma del hombre
azotó sin razón ni piedad tu algarabía.
Ya no ladrabas, ya no corrías.
Yacías.
Canino Cristo,
herido y quebrado en agonía.
Inescrutable tu mirada mansa
guardaba un secreto:
Tu misma eras la vida.
La que no se deja vencer por la caída.
La que lame esperanzada sus heridas.
La que a fuerza de voluntad,
camina.
Hacerte el amor con la mirada
Yo no te pido nada…¿nada?.
Déjame solo acariciar tu rostro
y hacerte el amor con la mirada
Yo no te ofrezco nada…¿nada?.
Déjame solo abrazarte fuerte
y sentir tus latidos en mi alma.
Yo no pretendo nada…¿nada?.
Déjame solo tomar tu mano suave
y hacerte el amor con la mirada.
Yo no te obsequio nada.. ¿nada?.
Déjame solo la dicha de ofrendarte
mi corazón latiendo en una palma.
Yo no deseo nada…¿nada?.
Déjame solo quererte plenamente
y hacerte el amor con la mirada.
Luto.
Silencio y quietud.
La brisa apenas mueve las plumas mustias.
Un pájaro ha muerto.
Se ha enlutado el vuelo.
Acerina y Tanausú.
Se escuchó
su voz,
dicen algunos.
—¡Vacaguaré!—, grito el mencey,
prefiriendo morir a ser cautivo.
Y se negó a comer
para llegar más pronto
a su destino.
Sería el
último rey
de aquella isla, de Aceró,
en
por la fuerza imperial
de aquellas huestes
de
y expansiva.
Y la mujer
cuyo amor
le había ganado
a un pedazo de cielo, Mayantigo,
con el mismo grito,
desafiando suerte,
eligió también la muerte
por camino.
Y echóse a
la tumba
estando viva,
arropada con pieles, Acerina,
la de los ojos negros,
la de palmera sangre,
que encuevada hacia la muerte
honró la vida.
Y murió
Tanausú,
murió Acerina
feneció la libertad en esos días
pero aquel “vacaguaré”
—¡quiero morir!—, la muerte digna,
impregnó el alma toda
de la isla…
Él murió de
honor,
maldiciendo a la traición
por su ignominia.
Ella ofrendó al amor
el tributo pleno de la vida;
y trocaron en leyenda del dolor,
la virtud y la injusticia.
Jorge Eduardo Padula
Perkins (Buenos Aires, 1952) es periodista, poeta y autor de
letras de canciones. Sus textos fueron publicados en diferentes medios,






































La sensibilidad se construye
Estos poemas de Jorge Padula denotan la singularidad de un ser humano que construye vocabularios de sensibilidad. La poesía, que es un modo de decir, promueve en el alma de los lectores espacios de paz y de horizontes que nos llevan de la mano a lugares donde lo humano se desnuda y se ofrece al mundo sin posturas, ni uniformes, ni elevaciones ritualistas del lenguaje: estos textos son simpleza, hermosura y aliento conmovedor.