Comentario literario: “Correcciones elementales” de César Valdebenito
Una Frustrada Modernidad
por Beatriz García Huidobro
Novela: Correcciones Elementales
Autor: César Valdebenito
Género: Narrativa, ficción
Páginas: 249 páginas
Editorial: Ediciones C&M
La literatura de los años 70 generó una serie de textos en los que individuos racionalmente nihilistas daban un paso al lado en la nueva identidad que se construía en una sociedad ineludiblemente capitalista. Fueron textos construidos sobre la marcha de cambios sociales y económicos profundos, en un tiempo histórico polarizado que requería redefinirse.
La novela de Valdebenito es una reconstrucción y reinterpretación de esa decepción posmoderna que fue anticipación de esta que, recogida en códigos y escenarios actuales, en una realidad socio-histórica mucho más rígida, mucho menos utópica, mantiene ese sabor amargo y al mismo tiempo neutro, de caminos que se difuminan metros más allá. No hay horizontes ni ilusión de bifurcaciones interesantes, no hay nada más que una sensualidad enajenante y una difusa sensación de pequeños logros que se desvalorizan y se desvanecen apenas se vislumbran.
Esta es una novela de destellos en la que jóvenes van de un lugar a otro sin mayor interés por profundizar en las historias, los momentos o los sentidos de las experiencias. Viven esos momentos que se van solo porque el tiempo pasa y son sucedidos por otros distintos pero semejantes, ninguno de ellos capaz de remecer y torcer los destinos. Los jóvenes se relacionan con otras personas pero al estar tan intensamente sumidos en su individualismo, ven al otro como una fachada, perciben lo que el otro representa en cuanto a ellos mismos y no en cuanto a su propio yo en esta interacción. Transformados en modernos Sísifos que en lugar de arrastrar una piedra en ascenso, arrastran su propia humanidad de un punto a otro, esperando que algo los detenga y los libere de su propia y excesiva libertad.
El escenario
de esta novela es Concepción, ciudad que el autor transforma en una urbe como casi
todas, con sus rincones y sus identidades, sus espacios cargados de simbolismos
propios, esas definiciones que la gente hace de sus rincones finalmente idénticos.
Sin embargo, esta ciudad está circunscrita a un paisaje poderoso, es
La novela no tiene una historia propiamente tal, se parece más a una secuencia de imágenes o a un zapping de escenas independientes unas de otras, aunque la inexistencia de un encadenamiento es justamente lo que logra generar la sensación final de esta no-historia que es esta falta de dirección de los jóvenes. Momentáneamente, algunos de los personajes se desvían y entran en la sociedad establecida, en trabajos regulares o en matrimonios y formación de familias. Entonces dejan de ser parte de los eslabones y ya no existen hasta que en algún momento se desarma su nueva estructura y regresan a la realidad desestructurada, realidad que no admite compromisos ni horizontes. Hombres y mujeres admiten tácitamente estas reglas e ingresan al juego del desgobierno de sus vidas y aunque a ratos sus potencialidades intentan remecerlos, así como algunas aspiraciones anteriores, presiones externas, lazos inevitables, ellos permanecen aferrados a esta tabla de náufragos que es la no-identidad como recurso ante excesivos estímulos externos y escasos impulsos interiores. Un acierto del escritor es el modo en que estas pequeñas historias se intercalan desaprensivamente en el texto, son brochazos que en su simplicidad y síntesis adquieren una enorme potencia de contraste.
Esta es un novela que acaba remeciendo al lector al reconocer este retrato fiel de una época plagada de engañosos destellos, efímeros como fuegos de artificio, que devora a jóvenes que se bambolean creyendo que en algún chispazo encontrarán lo que solamente podría surgir de ellos mismos.







































