
El hermanito no es hermano de nadie.
No es hijo del Dios padre, sino que del dios hermano-hijo-gato-arroz. Del dios que se queda dormido cuando el hermanito lo llama para pedirle amor como un acto de fe, por si salta la liebre, quién lo diría.
El hermanito no le pone la otra mejilla a nadie pero a varias.
Es bueno de adentro, no cree en nada, no se anda con rodeos y es hermanito-padre-hijo-pan-cerveza.
El hermanito pequeñoburguéscínico¡pordios,quécontradicción! es el preferido del dios minúsculo, del sol que brilla para él, de las chicas geniales de pregrado, de las piteaditas de post. Es odiado por poetas, por criminales, por escritores nóveles que lo desconocen, por curvilíneas mujeres cuyos hijos lo llaman padre.
A los dieciséis años un llamado a mamá:
- mamá, voy camino al hospital
- ¿por qué, hijo, estás bien? Dime que te pasa
- no, mamá, no pasa nada, es que nació el hijo
- ¿el hijo de quién?
- el hijo de María
- ¡¿María?!, pero…tu novia es virgen, ¿cómo?
- perdón, mamá, soy un puto barato, me creo espíritu santo, soy un gigoló, y tu eres abuela desde hoy. Hablamos más rato. Chao
Y el papá desde el otro mundo, apoyando al hijo de tigre, al rayado adolescente que por puro cumplirle a la bisabuela, le hizo un tataranieto a su polola, ambos menores de edad. Todo un ganador, hermanito hijo único.
- si se llama José como tu padre, tu abuelo y tu bisnieto, te apoyo. No digo más, espero que haya quedado claro, Torito
-si papá, perdón papá…
Y esto porque, a los trece, en un armario, el jueguito del amor, la maquinaria de tubos, comenzaba a despertarse. Desde entonces alejamiento de los amigos, ni masturbaciones ni fantasías incumplidas, la realidad es más dura que la imaginación, más entretenida, húmeda y fantástica.
Diez años más tarde, una pajita en Vicuña, in situ, como la tele, pero más real y dolorosa. Vuelta a la niñez, hermano-amante-papá adoptivo falso-amigo-profe.
El hermanito comenzó a crecer muy rápido, como Jesusito, como el propio Tila, quemeperdonedios, pero no sería crucificado junto a dos ladrones, uno a cada lado, ni violaría a jovencitas de Las Condes, ni de ningún lado. Pero de haberlo sido -¡crucificado, señora, no sea mal pensada, por la chucha!, la conversación habría sido más o menos así:
- y a usté compadre, ¿qué lo trae por estos lados?
- una salida de madre compañero, una mala jugada no más, pura mala cueva, y usté, ¿qué me cuenta?
- Yo estoy aquí por usté pues amigo, por pura culpa suya y de toda la otra manga de…
- ¿y yo por qué, si yo no lo conozco, no lo he visto ni en pelea de perros?
- por hacerlo hablar pues, socito, por puro gusto de hacerlo hablar es que me tienen aquí arriba, pa puro sacarla una cuñita y después escribirle una notita poética, un chistecito inglés…
El hermanito-profesor, detestará esto último, enseñará por plata y por bolitas de dulces, comerá pan con miga y pescado con palta, organizará paseos por el valle, visitará el mar, hará el amor en el desierto, puteará puteará puteará, traerá un alicate en lugar de las tijeras, no sabrá utilizarlas y se devolverá a salvar a un amigo. En ese último episodio perderá una de las seis vidas que diositominúsculo le ha regalado.
Primero serán ruidos de botellazos contra el cemento nocturno, explosión de vidrios, caminatas rápidas y las pisadas huyendo del grupo de amigos. Yo, que no tengo nada que ver en esto, señor Juez, no vi nada, pero me contaron que se devolvió impetuoso a recibir dos cuchillazos en la espalda, cuatro coma ocho patadas en el cráneo duro de comunista y múltiples contusiones por todo lo que es cuerpo. El saldo será positivo, a la larga, la leyenda crecerá hasta lo infinito, el mito comenzará a engendrarse ese día, esa noche, en esa calle, pero mientras, él tendido en el suelo, reclamando en su cabeza por la mala suerte de ese sol que no alumbra de noche, -¡zut!- puro mal cálculo, Usía, no lo sabrá.
Pero, como me han contado, no será ese su final, el Hermanito peludo-ex peludo se salvará aún otras cuatro veces, hasta que, por fin a la quinta, se le acabe la batería.
Tampoco será con los mareos, la meningitis, el salto desde un hotel en Mendoza o el pilotaje de un helicóptero en Turquía.
Tampoco con Fulana, Sutana, Menguana o
No ocurrirá en las dunas, en el auto, comiendo carne o tirando, aunque, en un placard, nada se sabe a ciencia cierta.
El hermanito-perro-pulga tendrá días buenos, en que se gane la lotería, y otros malos, en que noticias oscuras se le posarán sobre la cabeza. En ambos casos escribirá poemas, se sentará frente a la mesa, contra el manubrio del auto, arriba del techo de vidrio y comenzará con su golpeteo…ta-ta-ta-tá…ta-ta-ta-tá…el sonsonete que todo poeta debiese tener, ese que lo llevará al infinito arriba de un cubículo de cristal, montado en una alfombra mágica, montado, sin lugar a dudas.
A veces, el Hermanito querrá salirse de sí mismo, comerá frutillas, probará pebre, tomará hasta ponerse idiota, se echará unas pajas locas, unos polvos alocados y se bajará del mundo, luego, tras unas palmaditas en el cuerpo ajeno, tanteará el terreno y decidirá: “esta no
esta quizás
esta un ratito
esta capaz”, sin saberlo, por pura rima y cantidad de sílabas, elegirá a la
definitiva, le armará una casita de flores, le pedirá un hijo –no le deberá libro alguno- y le cantará endecasílabos al oído, antes, durante y después de.
Pero antes de ella, la lista engordará como las
vacas de
No podrá, tautológica y fisiológicamente negarse.
El vocablo NO, será escaso en su repertorio léxico, sólo para caso de emergencia, se leerá bajo él, una vez que le abran el cerebro en plena autopsia. Eso, insisto, una vez que se le acaben sus seis vidas.
Algún día, de puro literato, se le meterá entre ceja y ceja, la idea de llevar a cabo un libro que ha leído. Se trata de un profesor, de una mujer con hija, de una relación larga y fallida, de una ruptura acelerada y de un flirteo en la buena onda. Tiene ya una parte hecha, la profesión, así que, meticuloso y programado, emprende la búsqueda. Meses después comienza a dar con los elementos adecuados, se pone eufórico, pero piensa, se calma, coteja y calcula: todo según coste y beneficio, nada de libremercado, todo es pura bondad. Una vez todo en orden, se lanza a leer-se. “Esta novela debería haberla escrito yo”, se dirá no sólo él, sino ella, e incluso la otra ella, e incluso el perrito tamaño mediano que mirará todo con esa paciencia de su raza. La lectura se irá volviendo vertiginosa, la maquinaria del amor –es decir, el aparataje de tubos y fluidos- irá tomando vuelo, alcanzando ritmo y constancia adecuados, permitiendo que el engranaje se mueva por sí solo, echando detalles en su bolsita y luego en el saco, trastocando realidades, modificando vidas y, por supuesto, dejando heridos en el camino. Una vez satisfecho, el artefacto, que no el Hermanito-pobredeél- agarrará entre sus rueditas dentadas la camisa del hombre y la falta de la mujer, los que, sin alcanzar a notarlo, serán molidos por ese dispositivo bonito que creían (ilusamente) dominar.
La polilla que se me acaba de posar en la mano será testigo, la polilla de aquel poema, sí sí sí, ese mismo, también lo verá, el mejor amigo, el mejor compadre, el mejor compañero y el socio de carrete lo verán, ellos, sin contármelo, sabrán de aquel día, resoplarán y sonreirán, irán al baño y se sonarán la nariz, pero no me lo contarán, he aquí mi motivación, su Señoría my lord.
“Cuando eso pase la luna de queso se derretirá por el sol conchudo”, dirá el poeta mexicano que aun no es invitado a ninguna lectura en su ciudad, mi ciudad, nuestra ciudad, pero lo cierto es que los poetas nada saben, la narrativa nada cuenta, la literatura nada crea y yo soy una mota negra de polvo sin rumbo que pasó por esta página manchando con garabatos una historia contada mejor por otro en su cama box spring. Ese otro que debería estar durmiendo entonces, ahora, que debiese no haberse quedado en su casita paterna, sino que debiera haber volado lejos como polilla a estudiar en otra región, a seguir hembra-cabeza-sueño, en lugar de haberse abandonado a la ludicidad poco productiva de una ascensorista mal acostumbrada que a horas en que, a su vez debiese dormir, intenta terminar un relato mal hecho que, por supuesto, no tiene final y ni siquiera un tán tán.
12.01.10
Nacida y crecida en Santiago de Chile, ronda las calles de La Serena y Coquimbo desde hace un doce meses, compatibilizando la co-dirección de la Revista el Ascenzor con las labores de madre, candidata a Magíster y repostera ocasional. Cuentista desde los 16 años, desde los 23 (hace 4 meses) ha comenzado a merodear el arte de la poesía.







































Es mejor mi versión literaria que mi versión real
eso no más quería decir
pd. saludos a la ganadora en categoría cuentos