
DESDE EL SUEÑO, NIÑOS
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
1
Una niña se recuesta, de frente, contra un joven y delgado árbol plantado temprano en una acera. La niña se sorprende de su acción y el árbol pugna por permanecer erecto, porque ignora hasta qué punto lo doblará el peso de la niña sin que se escuche un crujido mortal.

2
Un niño negro aparece encogido dentro de un cilindro de acero. Un rayo de luz cae sobre su frente y el sonríe con malicia, tal vez debido a que presiente que el cilindro se moverá y comenzará a rodar infinitamente.
3
Un niño impulsa una pequeña rueda de caucho con un grueso alambre. Se afana y saca la lengua para que la acometida sobre el suelo sea mejor y la rueda gane amplia velocidad y a la larga se pierda por algún pasadizo oscuro donde no exista el tiempo.
4
Una niña flaca y desnuda se divierte entre los chorros de agua de una fuente plana que ocupa una plaza. Los paseantes sudan, pero no se atreven a imitarla. Sólo se limitan a lanzarle monedas para que les traiga buena suerte.
5
Un niño salta hacia la arena desde la proa de una lancha varada en la orilla de un mar que se estremece con el recuerdo de voluptuosidades. La estela de la luz solar sobre las olas captura al niño y éste queda paralizado con los brazos y piernas extendidos. Las gaviotas que estaban cerca se alarman, chillan y emprenden la huida.

6
Unos niños oran con devoción frente a unos cirios encendidos. Los dioses y diosas del panteón están detrás de ellos y se maravillan de la certeza de su fe.
7
Un niño observa con extraordinario asombro el cuerpo de Cristo metido dentro de una urna de vidrio. El niño se introduce cuatro dedos en la boca y se pregunta cómo es que ese cadáver ha permanecido allí durante tanto tiempo sin corromperse.

8
Un niño quiere saber qué es la espuma y obliga a moverse, con un trozo de palo, a un disco de cobre sobre la ribera . La espuma se acerca, besa al disco y el niño siente la emoción en los extremos de los dedos.

9
Un niño camina a zancadas por entre un agua turbia. Sus pies producen en silencio círculos concéntricos de ondas y el niño pretende atraparlos con la red de su mirada.

10
Dos niñas muy morenas corren detrás de una pelota adornada con diseños deportivos. A una de las niñas le falta un brazo y es la más entusiasta de las dos. A sus espaldas hay clavada en el fango una palmera enana. De improviso, la palmera cae hacia un lado y un viejo con un casco de cazador y vestido con traje de lino las escruta con extrema gravedad. Las niñas le dan patadas a la pelota y la elevan por el aire a tan gran altura que provocan en el anciano su total palidez.
11
Una niña de rostro enjuto emerge de la tierra ataviada con traje largo y blanco. Mira hacia uno y otro costado y de prisa se tiende de cara al cielo. Sobre el negrísimo terreno van cayendo trozos de meteoritos que eluden a la niña y que en cuestión de segundos inflaman el entorno con una música de invisible fuego.
12
Una niña está subida a una mesa de madera colocada en medio de un bosque no muy tupido. Toca un acordeón y parece que está sentada sobre una silla que oculta su amplia falda estampada con mariposas y flores. Al lado una pareja de niñas ciegas danzan alegres al compás de una melodía inaudible. Un grupo de hombres elegantemente vestidos y con sombreros y boinas las examinan con atención, esbozan unas simples sonrisas e intercambian entre sí miradas lascivas. Las niñas continúan danzando hasta que se pierden entre la hojarasca.
13
Dos niñas entrando en la adolescencia están sentadas en un banco situado frente a una bahía con barcos surtos. Se besan repetidamente en la boca y unos marinos las espían y en sus rostros la envidia y el deseo forman una pleamar que altera la rosa de los vientos.
14
Un niño de un año aproximadamente reposa con los ojos abiertos dentro de una hamaca adecuada a su cuerpo. Él sonríe complacido mientras su abuela le palmotea el pecho, le canta una arcaica canción de cuna y ruega para que se marche muy pronto el feroz invierno.
15
Dos niños persiguen a las leves olas que besuquean a la playa y se retiran de prisa. El ocaso está atento a todo y al primer descuido de los niños se los tragará sin tomar aliento.
16
Un niño sumido en profundo sueño está atado a su cochecito. Es la amplia sala de un museo. Frente al niño se encuentra una silla de ruedas que es una obra de arte y sobre ella hay un cadáver sentado, casi cubierto por la esperma de numerosas velas encendidas para guiar al alma del muerto hasta el inmediato renacimiento presentido.
17
Cuatro niños trepan a un árbol casi desnudo y triste. Se valen de una corta escalera para lograr su cometido. En la copa del árbol los espera una sombra con un mazo largo que aturdirá sus cabezas y los sumirá en el olvido.
18
Un niño sale de un sótano. Viene descalzo y mustio. Su cara y pies están tiznados de carbón. Mira con insistencia hacia adelante y la interrogación de tristeza es la guía para sus ojos. Sostiene en sus manos un gran botellón vacío de vino. Vacila en avanzar, pero recuerda que los ronquidos de su padre pronto terminarán y entonces se encamina al lugar donde pueda llenar de nuevo la botella.
19
Tres niños van montados sobre un carro hecho con listones de madera y arandelas. Van en busca de la libertad que los llama calle abajo. Los niños gritan de regocijo y sus camisas se supone que son banderas. Un perro les sale al paso y les ladra sin cesar. Ellos lo amenazan con los puños sin advertir que el animal sólo quiere decirles que ese viaje será el último, pues adelante los espera el gran resplandor que lo devora todo en las esquinas.
20
Dos niños contra dos más y las barricadas son sillas de metal amontonadas unas encima de otras. Las piedras van y vienen de una trinchera a la siguiente. Los proyectiles resuenan al golpear brutalmente las superficies de las sillas. El combate se ha prolongado demasiado y ninguno de los dos bandos ha logrado la victoria. De los contendientes se destaca uno por facción. Ríen cuando lanzan las temibles piedras y no aguardan a que las del lado contrario les abran las cabezas. Es casi seguro que la lucha se decida a favor de los cobardes que se agazapan detrás de las sillas y que desde allí disparan sin orden ni concierto a la espera de poder alzar el pañuelo blanco.






































