
Hoy es el día número cinco de
reclusión en la cocina, escribo en una boleta ya que mis libretas y cuadernos
quedaron del otro lado. Ni siquiera me animo a pensar lo que deje del otro
lado. Acá todo es distinto, no nos acoge la madera, los pisos son de cerámica y
mantienen el frío, lo que al menos los hace más limpios. Hay una canilla que
gotea, las goteras vuelven a cualquier situación insoportable. Del otro lado
quedan los libros y los discos, acá sólo consigo alguna revista y dos días a la
semana robo el diario de Pain. Por momentos me siento Ana Frank, pero no es
cierto, salgo diariamente a la calle y regreso a mi reclusión. N tampoco está
feliz. Conservamos un disco de Morrisey que quedo en el huevito, que traje la
primer noche. Cuando todavía pensaba que sólo sería una noche. De este lado
está el baño que ahora frecuentamos buscando intimidad, un espejo. La mecedora
es el gran ropero y así y todo no tenemos nada, algunos championes colgados de
la escalera, un par de chancletas y una muda de entre casa. Con N llegamos a un
acuerdo y dormimos cruzados, como de niña lo hacía con mis amigas, eso sí, nos
abrazamos los pies, es que el colchón es de lo más angosto.
La gata no entiende mucho, por supuesto que quedo de este lado, a un paso del
colchón tiene su comida y al lado su baño. Somos una pequeña comuna unificada y
la humedad no nos ayuda.
Hoy es la quinta noche y es viernes, planeo una excursión al otro lado y
rescatar un mazo de cartas y un ajedrez Temo emborracharme e incendiar la casa,
pero ellas ganarían y todos saben que no lo permitiré. Ellas llegaron hace
mucho más de cinco días, pero yo no las notaba, hicieron su trabajo en secreto.
La gata llego en octubre y ya venía con alguna en el lomo. Las pulgas son
inherentes a los animales...¡error!, las pulgas buscan sangre y si es de un
indefenso mejor. Ahora que si la mascota se cubre, se defiende, ellas no se
morirán de hambre. Saben resistir hasta seis meses sin comida, así que esa
esperanza ya la perdimos.
Creo que en mi vida voy a poder olvidar, lo que paso hace seis días. Eran como
las cinco de la tarde y recién había llegado del trabajo entre la cuarto de
medias blancas, planeaba dormir una siesta, cuando caí en la cuenta de que al
rededor de treinta pulgas ennegrecían mis pies. Maté una...maté dos, me sacudía
las medias y nada, nada tenía sentido, una colonia yacía bajo mis pies. En un
día habían tomado la casa, el parquet era su hábitat. Me subí en una silla,
tome el teléfono y ubique la primera veterinaria. El teléfono y la computadora
también están del otro lado. Han bloqueado las comunicaciones. Y de nuevo soy
Ana Frank.
Está demás decir que ya use el mejor spray que pude conseguir, N lavo los pisos
con otro producto terrible y ambos temimos morir intoxicados y alimentar la
plaga con nuestras propias vidas.
Hoy vino el fumigador y nos dio su veredicto, milquinientos pesos, veinte
minutos y seis meses de paz. N ya está desconfiado y lo entiendo. La guerra
empezó hace seis días y no tenemos gran avance. Ellas son miles y nosotros sólo
un trío recluido en la cocina. Pero esta guerra tiene sólo un posible final y
yo tengo una casa que recuperar.
Valentina Viettro Corbo: Montevideo (Uruguay 1982) Publicaciones 2010 – “Almendra y su algo” – Cuento – Revista Maldoror, edición Nº28 2010 – “El parador abandonado” – Cuento y serie fotográfica – Revista digital en Off. Sitios: Espacio de expresión literaria y Fotografía.
http://www.todopuedeserpeor.blogspot.com http://www.flickr.com/photos/zobeidaspics






































