
WITOLD GOMBROWICZ Y LA ALEMANA PSICOPÁTICA
“Pienso
y pienso... ya llevo tres semanas pensando... ¡y no entiendo nada! ¡No
entiendo nada! Finalmente ha venido L., la ha examinado detenidamente y
dice lo mismo, ¡que al menos vale ciento cincuenta mil dólares! ¡Al
menos! Situada en un pinar, seco, crujiente bajo las suelas de los
zapatos, como sacado de Polonia, con un regio panorama de montañas, con
una vista principescas a una sucesión de castillos (...)”
“St.
Paul, Cagnes, Villenueve, como surgidos de las luminosas aguas del mar.
Un bello recibidor de roble en la planta baja y tres grandes
habitaciones en fila. En la primera planta, otras dos habitaciones con
un espacioso baño común. Unas terrazas sólidas y... ¿Por qué sólo
quiere cuarenta y cinco mil (pero en efectivo)? ¿Se ha vuelto loco? Ese
ricachón ignoto... ¿quién es? ¿Será un lector mío? ¿Será este precio
únicamente para mí? (...)”
“El
abogado dice: éstas son las disposiciones que me han dado??? No puedo
pensar nada más. En todo caso veinte mil también me irían bien...
¿Comprar? He comprado”. Cuando Gombrowicz se enteró de que había
ganado el Premio Internacional de Literatura lo primero que atinó a
hacer fue a preparar una lista de sus enemigos literarios,
regocijándose de antemano con la amargura desesperante que les iba a
producir.
Ya con el premio en la mano escribe el famoso diario del
hijo ilegítimo para mortificar a sus enemigos polacos de Londres. En
este diario relata cómo después de algunas dudas se compra una casa con
los veinte mil dólares del Premio Formentor, y cómo la empieza a
decorar con cuadros, tapices y muebles del gusto más refinado. Una
carta que le llega de la Argentina le anuncia que Henryk quiere
aparecer por la casa para darle una sorpresa.
Entonces
se le despiertan unos recuerdos sombríos sobre una mulatona llamada
Rosa, y la alegría que le había aparecido con la mudanza se le esfuma.
La oscura mulatona era como las algas en el fondo del agua, una cosa
negruzca que se distingue mal. En el lugar comienzan las habladurías,
chismean que el señor Gombrowicz espera la llegada de alguien de la
familia.
Tener un hijo era una idea que no había tenido en toda su
vida, pero le importaba poco que fuera legítimo o ilegítimo, su
desarrollo espiritual y su evolución intelectual lo ponían fuera de la
órbita de ese dilema. Sin embargo, el hecho de que un semimulato se le
acercara con su tierno papi... ¿estará bien de salud? Tenía miedo de la
visita porque Henryk podía chantajearlo, un hijo suyo concebido con una
mulatona indefinida, en una noche de hotel que se abismó en las
tinieblas del olvido.
De una fealdad negra le surge un hijo ilegítimo que
quizás no esté bautizado ni tenga partida de nacimiento. Una negrura
tenebrosa, tropical y hotelera desbordante de ilegitimidad se le
anuncia desde la Argentina. Al comienzo de este diario, en el que
relata episodios completamente falsos, nos dice que la casa estaba
tasada en ciento cincuenta mil dólares, pero que el dueño sólo le pedía
cuarenta y cinco mil en la mano, posiblemente porque se trataba de un
admirador ricachón.
Y el final de este diario es una obra maestra
con la que tortura sin piedad a sus enemigos polacos londinenses. “¡Un
hijo ilegítimo que ronda/ la ilegitimidad redonda del hijo!/ ¡El
despacho redondo de Rosa/ En que fue concebido el hijo! (...) ¡Vendo!
¡Vendo! ¡Vendo! ¡Vendo muy barata una villa con sus habitaciones en
fila, con terrazas sólidas y vistas panorámicas en un pinar y con un
despacho redondo! (...)”
“Vendo al hijo y a Rosa con sus alcobas
y redondeces. Urgente vendo una villa en muy buenas condiciones Tel.
36-580-1 de 15 a 17 h. He vendido por doscientos catorce mil dólares,
con alcobas con vista panorámica, hijo y mulata. ¡Me he quedado sin
nada!”. Cuando Gombrowicz murió aparecieron polacos de buena voluntad,
salidos de todos los rincones, que se dispusieron a difundir la palabra
del maestro por el mundo bajo el ala protectora de la Vaca Sagrada.
Gombrowicz
ha tenido muy mala suerte con el cine porque los polacos, cuando se
trata de él, juegan a ver quién se hace más el loco. Desde el
“Ferdydurke” de Skolimoski hasta la “Historia” de Gregorz Jarzyna los
cineastas polacos se han ocupado de escribir guiones con el propósito
evidente de malograr las ideas de Gombrowicz.
Pero el fragmento
del “Diario” con la historia del hijo ilegítimo despertó la imaginación
de dos gansos polacos que se vinieron a Buenos Aires para filmar la
peor película sobre Gombrowicz de todos los tiempos. El Larguirucho y
el Pegajoso se trajeron el argumento bajo el poncho, bien oculto,
cayeron por Buenos Aires con el propósito avieso de burlarse de
nosotros, unos pobres ancianos escleróticos.
Se
valieron de un cuento que podría tener un equivalente en la Argentina
si a alguien se le ocurriera hacer una película con la vida del General
Don José de San Martín y escribiera un guión sobre la base de que
encontraron al Santo de la Espada fornicando con una africana. “Una
carta de Argentina” relata una investigación que hace El Pegajoso en
Buenos Aires sobre el hijo ilegítimo de Gombrowicz a quien finalmente
encuentra.
A pesar de que le ofrecimos alguna resistencia
intentando establecer un línea de defensa con el Ministro de Cultura de
Polonia, a la sazón Slawomir Ratajski, que intercedió en nuestro favor,
los guapos de Polonia se salieron con la suya y pasaron el film por la
televisión polaca. Desgraciadamente también lo exhibieron en el cine,
en funciones especiales, en ciclos de revisión y también aquí, en la
Argentina, en la mismísima Embajada de Polonia.
En
efecto, el Esperpento, de vuelta de una viaje a Radom, había traído una
copia del film, y le propuso a Eugeniusz Noworyta pasarlo en la
embajada con la única condición de que yo no fuera invitado. Nuestras
relaciones, nunca del todo buenas, habían sufrido un brusco
enfriamiento y se habían puesto tensas en la casa de Madame du
Plastique cuando puse al descubierto que, soto voce, se lo conocía
entre nosotros como el Esperpento, un mote que le había puesto Flor de
Quilombo.
Para el año del centenario me apoderé de la Embajada
de Polonia y, por intermedio del que ahora era el embajador, Slawomir
Ratajski, también me apoderé del Centro Cultural Borges y de la Feria
del Libro, excluyendo en forma absoluta la participación del Esperpento
en estos eventos. Cuando el Larguirucho y el Pegajoso desembarcaron en
Buenos Aires se pusieron en contacto de inmediato con la Alemana
Psicopática.
Esta
germana era muy atractiva, pero también era siniestra. Todo parecía
hermoso y plácido, pero el diablo estaba emboscado detrás de los
polacos. La Alemana Psicopática se comportaba en forma eficiente, su
conquista más destacada la había obtenido casándose con un Kepler,
descendiente directo del astrónomo Juan Kepler, el de las leyes de la
órbitas planetarias.
Otro comparsa de esta historia verdadera
es Roman Pawlowski, un periodista polaco que puso al descubierto el
aspecto insubstancial y bufonesco de la película en la “Gazeta
Wyborcza”. “En la película, de igual manera que en el ‘Diario’, la
verdad se mezcla con la fantasía y la mentira con el drama. Pacek y
Peña hacen retratos de las personas que pertenecieron al círculo de
Gombrowicz (...)”
“Los personajes tienen rasgos casi folletinescos
que van desde la conversación con el pintor Janusz Eichler que en vez
de hablar sobre Gombrowicz repele los ataques de los mosquitos, hasta
la escena en la que Juan Carlos Gómez con lágrimas en los ojos dirige
la novena sinfonía de Beethoven, el compositor preferido de Gombrowicz.
Sobre “Una carta de Argentina” se levanta el espíritu travieso de
Witold Gombrowicz y es por este espíritu que vale la pena verla”
Todo
terminó mal, basta conocer las últimas explosiones que se produjeron en
esta reacción en cadena que tuve con el Larguirucho. “Jamás se me cruzó
por la cabeza que podía existir un gusano farsante tan grande como vos.
Cada vez que pienso en lo que hicieron se me revuelven las tripas de
indignación (...) Los que se ocupan de hacer películas sólo entienden
el mundo que pasa por el objetivo, lo que entra en la lente existe, lo
demás tiene poca importancia (...)”
“A esta limitación general vos
le agregaste otra, una idea idiota e inmoral, inmoral porque vos te
viniste para acá con la aviesa intención de demostrar que el medio
argentino en el que se había desenvuelto Gombrowicz era mediocre, y
para probarlo hicieron todo lo posible por mostrarnos en una situación
inferior recurriendo a la provocación con el hijo bastardo y al
embotamiento con el alcohol (...)”
“La
participación del Pegajoso en ese sentido es terrible, a cada paso se
nota en la película cómo se está burlando de nosotros. Tengo también
buenos recuerdos tuyos; nuestras sesiones de ajedrez, de ginebra, de
vodka, de champaña –una borrachera casi permanente acompañada siempre
por la mirada vigilante de la Alemana Psicopática, tu cómplice
femenina– no fructificaron en espíritu como se ve muy claro en la
película. No voy a permitir que un mocoso como vos no atienda al
hinchamiento de mi personalidad, que se hincha y se hincha en el mundo
entero y no sé si no voy a reventar”
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