
WITOLD GOMBROWICZ Y MEMPO GIARDINELLI
El
Pato Criollo acostumbra a salir del país para soltar sus retruécanos
enigmáticos y paradójicos. En una entrevista reciente que dio en la
patria del Niño Ruso hizo comentarios sobre diversos asuntos. Que los
viajes lo agobian pero es el precio que debe pagar para que lo lleven a
lugares lindos; que hablar de uno mismo reconforta el ego pero que él
es una figura retraída.
Que hay muchos escritores que sólo son
escritores por figuración social; que no hay motivo para despreciar lo
prolífico de una obra ni tampoco para apreciar lo exiguo; que no hay
razón para que el escritor escriba sobre todo, aunque quizás esté bien
que escriba porque el escritor es un profesional de la palabra; que sus
novelas se parecen más a un dibujo que a la escritura; que su lenguaje
es diáfano porque su invención es barroca.
Que
el final de sus obras lo suele aburrir y cuando esto ocurre la termina
de cualquier manera y pasa a contar otra historia; que él sólo escribe
cuando está escribiendo, cuando tiene la lapicera en la mano; que le
interesa dejar desnudo el proceso de la creación pero más le interesa
el resultado literario; que no le importa tener público pero sí le
interesa tener lectores.
Que siempre pensó que los editores le
hacían un favor a sabiendas de que perdían plata publicando sus
novelas; que lee las dos primeras páginas de los escritores jóvenes,
pero es raro que siga leyendo las restantes. “Creo que la historia les
ha jugado una mala pasada a los novelistas jóvenes, y es que les ha
solucionado muchos problemas. Y una novela sin conflicto... Estos
jóvenes de clase media, que son los que escriben, los que van a la
Facultad de Letras, hoy día ya no tienen ningún problema, la historia
se encargó de solucionarles todo (...)”
“El
problema sexual, por ejemplo: hoy los jóvenes no tienen los problemas
que teníamos nosotros. Entonces se inventan. O recurren a la neurosis.
A la hipocondría. Y toda esa miseria psicológica a mí me cansa. Yo
quedé como enganchado a las novelas de piratas: salgamos al mar a hacer
algo, a tener aventuras. Este realismo de barrio elegante, Palermo
Soho, no me convence (...)”
“Me sorprende que estas novelas de los
jóvenes, por lo menos de los jóvenes argentinos, parezcan novelas de
senectud. Sin impulso de creación”. Que le gusta coquetear con la idea
del abandono, que un día no escribirá más, pero que está convencido de
que no va a abandonar nunca; que los libros gruesos le parecen groseros
y que los pequeñitos, como los de la poesía, le parecen joyas; que la
literatura no tiene una función social importante y que debe ser
opcional, no obligatoria como piensan algunos de sus colegas.
“Que lea
el que quiera. El que quiera leer va a tener mucha felicidad en su
vida, pero si no quiere leer, también puede ser muy feliz. No soy un
evangelista de la lectura. Ahora se ha puesto de moda eso, promover la
lectura. Hay hasta fundaciones que se dedican a eso. Yo sospecho que
todos los que hacen ese trabajo, y cobran muy buenos sueldos por
hacerlo; no leen nunca. Los que sí leemos no somos tan proclives a
promover la lectura. Quizá porque hemos aprendido que es la actividad
más libre que uno puede hacer”
¿Qué hubiera pasado con el Pato
Criollo si en vez de enamorarse de Lamborghini se hubiera enamorado de
Gombrowicz? La clase de actuación que eligió el Pato Criollo desde muy
joven lo lleva a declarar de vez en cuando que se le acabó la cuerda
para seguir escribiendo.
El grado de indefensión que expresan
algunas declaraciones de un hombre de letras tan encumbrado como el
Pato Criollo es equivalente a su debilidad infantil, una forma
decadente que por fin alcanza el extremo que ocupan las opiniones un
tanto negativas que tiene Roberto Bolaño sobre él. “Una línea en juego
de la literatura argentina actual o postborgiana es la que inicia
Osvaldo Lamborghini (...)”
“Este
escritor designó como albacea literario a su discípulo más querido,
César Aira, que viene a ser lo mismo que si una rata dejara como
albacea testamentario a un gato con hambre (...) Los amigos de
Lamborghini están condenados a plagiarlo hasta la náusea, algo que
acaso haría feliz al propio Lamborghini si pudiera verlos vomitar.
También están condenados a escribir mal, pésimo, excepto Aira (...)”
“César
Aira mantiene una prosa uniforme, gris, que en ocasiones, cuando es
fiel a Lamborghini, cristaliza obras memorables, como el cuento ‘Cecil
Taylor’ o la nouvelle ‘Cómo me hice monja’, pero que en su deriva
neovanguardista y rousseliana (y absolutamente acrítica) la mayor parte
de las veces sólo es aburrida (...)”
“La
prosa de Aira, que se devora a sí misma sin solución de continuidad,
hace gala de un acriticismo que se traduce en la aceptación, con
matices, ciertamente, de esa figura tropical que es la del escritor
latinoamericano profesional, que siempre tiene una alabanza para quien
se la pida”. La afirmación que hace el Pato Criollo de que la
literatura debe ser opcional y no obligatoria, como lo piensan algunos
de sus colegas, y su sospecha de que los integrantes de las fundaciones
que se dedican a promover la lectura no leen nunca, provocó la reacción
airada de Mempo Giardinelli.
Mempo Giardinelli, escritor y
periodista argentino, donó su biblioteca personal de diez mil
volúmenes para la creación de la fundación que lleva su nombre en su
ciudad natal, Resistencia. Esta fundación está dedicada al fomento del
libro y a la lectura y a la docencia e investigación en pedagogía de la
lectura, y ha creado y sostiene diversos programas culturales,
educativos y solidarios.
“Lo
que me inquieta –y confieso que me fastidia– es que Aira dice que la
promoción de la lectura se ha puesto de moda y hay hasta fundaciones
que se dedican a eso. Obvio que me siento tocado. Y obligado a
clarificarlo. Yo presido una fundación dedicada al fomento de la
lectura en una sociedad que fue lectora y dejó de serlo. La Argentina
fue el principal productor y exportador de libros de América, y el país
donde se traducía todo el conocimiento universal a la lengua castellana
(...)”
“Nuestros libros y revistas formaban ciudadanos en todo
el continente y en toda nuestra lengua. Y eso porque el imaginario
lector de nuestros abuelos, inmigrantes o criollos, se basaba en que el
camino para el ascenso social eran el libro y la lectura. Aira puede no
tener interés en esto, quizá porque no le importa lo social, y allá él,
no lo juzgo. Pero debería ser más respetuoso del trabajo de los demás
(...)”
“Porque
somos muchos y muchas los que trabajamos para restañar esa herida. Y no
por nostalgia, sino por la convicción de que el ascenso social no
depende del desarrollo económico, sino del desarrollo cultural. Ni Aira
ni ningún otro colega tienen que compartir esto, pero sí cabe exigirles
respeto. Sobre todo porque es un trabajo voluntario, es decir, gratuito
(...)”
“Aira está equivocado en las dos sospechas temerarias y
prejuiciosas que enuncia: no se cobran muy buenos sueldos en el campo
de la promoción lectora, que yo sepa, y en mi caso no he cobrado jamás
por esta tarea a la que me dedico desde hace más de veinte años. Y como
presidente de una ONG sin fines de lucro, lo tengo, además, prohibido
por ley. En cuanto a la sospecha de que no leen nunca, es demasiado
presuntuosa (...)”
“No tiene sentido comparar las bibliotecas leídas por cada uno
de nosotros. Ha de haber los que no leen, sin duda, en el fomento de la
lectura como en otras disciplinas, pero es arrogante la idea de que “yo
sí leo y los demás no”. Finalmente, respecto de la libertad de la
lectura, el enunciado de Aira me parece superficial. Todo buen lector
sabe que la libertad de lectura es un valor inestimable y que a eso,
precisamente, se aspira”
“Pero también a garantizar las
condiciones de esa libertad, para que quienes elijan leer tengan qué y
dónde. Y ésa es una labor que no siempre el Estado puede garantizar.
Por eso, promover la lectura no es “obligar a leer”, sino brindar las
condiciones para que el que quiera pueda hacerlo (...)”
“Un
ejemplo para terminar: si de cada cien chicos a los que visita una
abuela cuentacuentos, cincuenta eligen quedarse a compartir una lectura
y gozan la sesión, estamos ante un ejercicio de libertad que no sería
posible si, además, la abuela (que no cobra) no diera su tiempo y su
amor. Multiplique Aira, ahora, el valor de esto teniendo en cuenta que
hay más de dos mil abuelas cuentacuentos que visitan semanalmente
centenares de escuelas e instituciones en todo el país, en los que de
otra manera los chicos no podrían acceder a ninguna lectura”
Mempo
Giardinelli recopiló sus relatos oníricos durante treinta años y los
reunió en “Soñario”. En un cuento sobre el tartamudeo se la aparece
Gombrowicz. “Sueño que me he vuelto tartamudo. Pero grave. Intento
explicarle a alguien que acaso eso se relaciona con que mi hija sufrió
un accidente y, mientras se reponía, tartamudeó durante un largo
tiempo. En las brumas del sueño el pediatra, quizás la fonoaudióloga,
procuran tranquilizarme (...)”
“Yo desespero por
explicarles que la dislalia que padezco es la peor: es la intermitencia
escritural que tanto puede dañar a un escritor. Pienso, y quiero
decirlo bien pero no lo consigo, en algo así como ese tartamudeo del
lenguaje argentino que dice Piglia que descubrió en el ‘Diario
argentino’ de Gombrowicz, acerca de Macedonio, y que lo llena, dice
Piglia que dice Gombrowicz, ‘de una extraña exaltación’ (...)”
“Mi
tartamudeo consiste en una especie de fraseo interno de las palabras
que no pronuncio. Las pienso como con un golpeteo rítmico, una
acentuación seriada, algo así, no recuerdo cómo lo dice Piglia en
‘Formas breves’, que obviamente estoy citando de memoria (...)
Despierto y el tartamudeo no es mío ni de nadie, persona o personaje:
es el repique de las cánulas de madera de los carrillones del jardín
(...)”
“Está soplando un Norte fuerte y en cualquier momento se
desata una tormenta”. Esta referencia que hace Mempo Giardinelli a
Macedonio Fernández y al ‘Diario argentino’ de Gombrowicz nos pone en
contacto con un escrito del Vate Marxista que tiene todas las
características de un sueño en el que balbucea y tartamudea a sus
anchas, un sueño que me pone los pelos de punta.
“En
cuanto a Macedonio Fernández habría que decir que es el único escritor
argentino con el que realmente se encuentra Gombrowicz. De hecho
Macedonio es el primero que da a conocer un texto de Gombrowicz en
español. En 1944 publica en su revista ‘Los papeles de Buenos Aires’,
el relato ‘Filifor forrado de niño’ de ‘Ferdydurke’. ¿Se habrán visto
Macedonio y Gombrowicz? (...)”
“En aquellos años los dos vivían
aislados, en pobrísimas piezas de pensión, seguros de su valor pero
indecisos sobre el futuro de sus obras. En más de un sentido eran, el
uno para el otro, el único lector posible. Se puede suponer casi con
seguridad que Macedonio leyó Ferdydurke porque aparecen referencias a
la novela en uno de sus papeles inéditos. Y en cuanto a Gombrowicz era
sin duda el único lector posible del ‘Museo de la novela de la Eterna’,
el único, quiero decir, a la altura del proyecto macedoniano (...)”
“Arlt,
Macedonio, Gombrowicz. La novela argentina se construye en esos cruces
(pero también con otras intrigas). La novela argentina sería una novela
polaca. Quiero decir una novela polaca traducida a un español futuro,
en un café de Buenos Aires, por una banda de conspiradores liderados
por un conde apócrifo. Toda verdadera tradición es clandestina y se
construye retrospectivamente y tiene la forma de un complot (...)”
“Ahora
bien (después de todo) ¿se puede hablar de una novela argentina? ¿Qué
características tendría? Los novelistas argentinos escribimos (también)
para contestar esa pregunta”
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