
Encrucijada
El encuentro ajedrecístico inmiscuye alguna vez en la vida, siendo un propósito desde que se le conoce. Los fugaces reinos que sirven para la confrontación una vez establecidos en un tablero, por largo tiempo, permanecen sustraídos e ignorados aunque hayan sido atractivos tras ser percibidos; porque la decisión que conlleva a tomar un trono es pospuesta, mientras no haya el atrevimiento, pero cuando ocurre el fenómeno detonante, la vorágine iniciada para que los dedos muevan las piezas, acorde a los pensamientos, puede prolongar la fase experimental hasta su azaroso término o volver al juego parte de la personalidad.
La joven que quiere decir no al noviazgo considerado perfecto, por familiares y amigos, no ha querido mover caballo alguno, tras aquellas tardes en la vivienda de la madrina que la enseñara, el joven novio había aspirado a ser todo un mujeriego antes de que formalizara una relación, mas no cuenta con la experiencia en el manejo de la pieza, cuya movilidad le daría la inteligencia para cumplir su meta. Inapropiado juego para quienes objetan las reglas en la libertad. Es la conclusión ante un cielo nocturno que se despeja liberando la luminosidad lunar, que mezclada con la urbana provoca las sombras de las negras y blancas piezas, dispuestas en los respectivos recuadros.
Me encuentro con un contrincante, finalmente. Un triunfo se escapa de mis manos, luego otro, y otro más. No puedo argumentar el tránsito de los observadores alrededor pues estamos en un andador público, ni problema familiar o personal, la distracción proviene de adentro, y las puertas abiertas en las cercanías me ofrecen un sinfín de ofertas culturales, para recuperar el ánimo esta noche. A sólo unos pasos, un brilloso pasillo antecede escalones hechos con la piedra cantera que forma los suelos del patio, junto al techo que cubre un piso con los asientos de los interesados en una conferencia, impartida por el hombre enmascarado, hablando de la justicia y la importancia que debe tener para la convivencia armónica. Se le observa con sumo respeto, y la nada discreta capa que tapa su espalda me produce una alegría que no desborda en risa, su mirada, cruzando los orificios visuales, está fija en mi persona, y yo me vuelvo vapor de sudor y trasparente lo envuelvo.
Vital información trasmite a los ciudadanos porque él siente necesario que se les recuerde cuales son las funciones de los que cuentan con la madurez en la sociedad que defiende. No sé adonde se dirige tras acabar su discurso, pero siendo un aura, lo acompaño. Aborda un vehículo descapotado color plata, cruza algunas calles, y entra a la vía rápida, para disminuir la velocidad atrás de un camión que tiene una rampa, y sube por ésta, y por esta señal de la cruz que luego de bajar del automotor, y salir de la caja que ahora es estacionamiento rodante, se trepa al techo, mientras se corre a cien por hora, y entre risas lacónicas, conservando el equilibrio, me pregunta si soy un espectro del mal porque ya detectó mi presencia, por lo cual, deseo pasar a estas páginas, esperando ser humano nuevamente, para poder escribir al buzón del héroe y explicar que su mirada me desvaneció, convirtiéndome en ser incorpóreo, pero que si le hayamos al truco, podría yo ayudarle en sus misiones, aun sin que me pagara (quizá algunas lecciones de ajedrez).






































