
CERRO
Por Cristóbal Valenzuela B.
duam85@yahoo.com
Ese cerro -1-.
intento encontrar respuestas para mi futuro en mi infancia,
cuando vivía en un cerro.
suelo pensar en ese cerro, siempre me digo que
algún día, ya viejo, volveré, y pondré una casa en
el mismo lugar, con mis hijas y esposa de oro
y gatos y puestas de soles.
Ese cerro -2-.
ayer domingo tomé una micro, viajé una hora y media
leyendo poemas de Carver, me bajé cerca del puente,
caminé cuesta arriba por otra hora más, y entonces llegué
a mi antigua casa, la miré por afuera, desde la reja, miré
las brutales remodelaciones que le hicieron sus nuevos dueños,
y me dije, algo tiene que decirme este lugar, este paisaje
me crió más que cualquier persona, este lugar me crió ante
la ausencia de personas que cumplieran
ese rol.
Ese cerro -3-.
criarse en un cerro te da algo,
te llena de cierto misterio en las expectativas,
…lo que siempre me ha dañado,
pero eso te lo da el cerro, de noche,
el ruido del cerro, de noche.
Estar.
la casa en el cerro donde vivíamos sufrió
la devastación tras el abandono de mi padre,
todo partió con la invasión de los ratones, después
las arañas, las babosas y unos extraños hongos
blancos de repugnante olor, salían del piso,
de los bordes y esquinas, yo los sacaba con
un cuchillo corto, los guardaba en una bolsa,
entonces sentía ese olor, ese asqueroso olor, de los
hongos que rompieron el piso de madera. la piscina
se partió un día de verano, su agua verde y estancada
se fue en una misma tarde con todos los extraños
bichos submarinos que la habitaban, los más raros eran
unos pelos vivos, nosotros en ese tiempo pensábamos
que eran pelos vivos, nunca más he vuelto a ver uno de
esos seres. el patio delantero también se secó, con los
meses el pasto pasó a tierra muerta, la perra se enfermó,
la kuky, se enfermó dentro de su mar de pulgas
y garrapatas, tenía rastas en todo el cuerpo, ya en ese
entonces habían partido los cortes, agua, gas, electricidad,
teléfono, una semana recuerdo los cuatro cortes simultáneos,
todo un record. las cañerías reventaron, el techo de zinc
tampoco duró mucho, contener las goteras en invierno
era una jornada maratónica. también se rompieron
algunas murallas de volcanita, no aguantaban los
portazos, y algunas ventanas tampoco soportaron
demasiado, esas también las rompimos nosotros.
pese a todo nunca me lamenté por la situación,
en realidad me gustaba todo lo que estaba pasando,
me sentía cómodo ahí.
la casa era como lo que pasaba en el cerro,
era como estar en el cerro.
Herencia.
mi padre me heredó un terror al vacío,
al vacío humano y al abandono humano.
el cerro me dejó cierto amor
por los paisajes desolados.
suena algo contradictorio, sí.
pero qué puta quieren que le haga.
Mecedora.
cuando supe que mi hermana estaba embarazada, lloré,
yo tenía 12, ella 16, no sé por qué lloré, puede que por
una sensación de absoluta falta de control sobre las cosas
que nos pasaban en ese entonces, lloré sentado en la mecedora
de la tatarabuela, en la pieza de mi madre, frente a mi madre
y a mi hermana que me miraban sentadas en la cama, la puerta
estaba con pestillo, todavía no le contaban nada a los más chicos.
también lloré la primera vez que mi papá se afeitó la barba,
fue en la misma pieza, pero mucho antes del embarazo
de mi hermana, y muchos años antes del divorcio.
nunca más ha vuelto a afeitarse.
Ducha.
tras la separación mi madre se duchaba por horas,
en las noches, el baño no tenía ventanas, sólo
una rendija algo ineficiente en el techo, es por
eso que hoy, en esta casa, me ducho con la
ventana cerrada, necesito respirar el vapor, si no
está, me falta algo, una parte de mi infancia
que no quiero perder.
Vallas.
en séptimo básico me quebré la cadera saltando vallas,
en el colegio, un hueso se salió de su lugar por algunos varios
centímetros, la radiografía era bastante dramática, la recuerdo,
todo por no haber alongado, el doctor de donde me llevaron sugirió
una operación urgente, mi abuelo recomendó reposo, 4 meses en cama,
según él, mi cuerpo reubicaría por sí mismo al hueso en su lugar,
seguimos la opinión de mi abuelo, periodo que calzó con los últimos
meses del embarazo de mi hermana, ahí fue cuando nos unimos yo y ella,
ahí fue, pasando todas esas semanas juntos, tirados en la cama de mi madre,
viendo televisión.
Terreno.
Después de la separación, y tras la
consiguiente salida de mi padre del escenario,
sentí lo siguiente:
una enorme sensación
de libertad ante el gigantesco
nuevo terreno de irresponsabilidad
que veía por delante.
Trapo.
creo que vomité
todos los primeros
días de clase
entre pre-kinder
y quinto básico.
básicamente cruzaba
la puerta de la sala,
y vomitaba en el piso,
después de eso
me mandaban a
la enfermería, y a
la sala llegaba
un auxiliar de limpieza
con un trapero.
el fundamento de ese
miedo estomacal era:
angustia a ser diferente,
sentimiento de total
desprotección frente
al resto: compañeros,
adultos, futuro.
también vomitaba
antes de los campamentos
de scout, ahí no habían salas
así que vomitaba
en la calle.
Bolsa de Basura.
Las obsesiones de mi infancia eran
dibujar, ver televisión y coleccionar cosas.
no hablaba mucho en esos años, poco o nada, no me llamaba
la atención comunicarme con nadie, así que prefería evitarlo.
mis colecciones de ese tiempo se concentraban en tapas de yogurt,
tapas de botellas, latas de bebida, servilletas, estampillas, monedas,
boletos de micro, cráneos de animales, insectos, piedras, comics,
cajas de fósforos y palos del cerro.
después en un cuaderno rojo empecé a pegar papeles,
recortes de diarios, recortes de revistas, afiches, hojas de árboles,
panfletos, catálogos, etiquetas de productos, cosas que aparecían.
solía caminar por horas alrededor de mi barrio semi rural
mirando si encontraba algo interesante botado en las veredas.
de pronto al cuaderno se le acabaron las hojas así que lo metí
en una bolsa de supermercado para contener el nuevo material
que se iba acumulando, al tiempo la bolsa se había llenado.
un día, volviendo del colegio, para mi profundo
pesar, me di cuenta que la bolsa-cuaderno había
desaparecido, se había esfumado de mi pieza.
después supe la verdad, la habían botado
pensando que era una bolsa de basura.
…con el tiempo fui dejando las colecciones,
pero ahora escribo,
lo que para mí es, básicamente,
lo mismo;
intentar mantener intacto el día.
respaldar la memoria, verla sobrevivir en cosas, en cuadernos.
intentar conservar el aire para situarlo
al alcance de las manos
tras la devastación del tiempo.
la verdad, ahora mirándolo,
no he cambiado demasiado
desde aquellos años remotos,
sigo teniendo esos lapsos,
igual de desesperados,
pero por lo menos ahí tenía un cerro
donde contenerme.
no fue una infancia triste, no señor,
sólo algo aislada y contemplativa,
como un pájaro azul tomando sol
en medio de la plaza.
recuerdo todo esto desde mi escritorio,
son las tres de la mañana,
mi gata busca algo bajo la cama,
necesito un té, un choque de autos,
un incendio, un poco de fe en
cualquier cosa, un poco de suerte,
uno que otro milagro. sé que las
posibilidades de cambio personal se
mueven por márgenes diminutos, pero
quiero mejorar, mejorar en diversos
terrenos, crimen, automovilismo, etc.
partamos por el té.
voy a la cocina.
diciembre 09






































