
Agotadas casi todas las localidades.
Remedios Lacouture.
Leí en un diario una carta de un tipo que decía haber sido plagiado por Roberto Bolaño. Su novela, titulada, algo así como, “agotadas casi todas las localidades” resultaba ser la verdadera “los detectives salvajes”. El inciso en cuestión o sujeto literario en ciernes para más señas manifestaba haber conocido a Bolaño en Amsterdam a finales de los setenta y haberle confiado no sólo la idea de “su” novela sino apartes de la misma. El asunto es que se dejaron de ver, quien sabe porque razón, y una vez muerto Bolaño, el colombiano Hernando González (re)aparece de repente diciendo que su novela (que además creo que es inédita…) fue robada por Bolaño. Hasta aquí nada tan extraordinario en el mundillo de las letras y los plagios. El tema parecía terminarse ahí pero continuó. Lo que yo ignoraba es que González se había dedicado a una agresiva campaña de prensa sobre “él y Bolaño”. No sé que tanto le interesaba al público todo ese delirio de auto-grandeza, pero González tenía conexiones en los medios y su nombre empezó a sonar de aquí para allá. Algunos se ilusionaron, al estilo del coronel no tiene quien le escriba (ahora que lo pienso, ese pudo ser un título alterno para la “obra gris” de González: el escritor no tiene quien lo escriba…), con un segundo nobel para el país. Otros, más escépticos, pensaron en la continuación de la saga local del poeta William Abad. Se hablaba mucho por esos días de González pero nadie, ni siquiera él, había visto una sola página de la novela. Mientras tanto “Los detectives salvajes” salieron de las librerías. Unos decían que era un problema con la distribuidora local de Anagrama, otros culpaban a los ladrones de cuello blanco que suelen desvalijar las librerías de barrio. Una editorial pequeña se interesó por el barullo que había armado González y le ofreció publicar la novela. No le pagarían mucho, pero le darían el 30% de regalías. El novel escritor aceptó y se comprometió a entregar el manuscrito en un mes. Pasaron más de dos meses y nadie sabía nada de González. Un vocero de su familia declaró al Espectador que “Hernando se encontraba en un tratamiento especial en Estados Unidos por tiempo indefinido…”. La “desaparición” de González me hizo pensar en la metáfora del columpio que me contó un día mi amiga Juana Zoronga: Me quedé pensando en eso de los hombres-columpio. He conocido varios. Son de una raza “cósmica”, acostumbrados a ensalzar sus letras y sus egos en función de un“hay escritores (u hombres) que desean volar pero no se atreven por cobardía o falta de talento. Por eso se conforman con la emoción que les brinda un columpio. Se alcanza a sentir un poco de vértigo (no demasiado) y siempre hay alguien detrás de ti para impulsarte o ayudarte a levantar en tus caídas. Además, y eso es lo más importante, a ese le puedes echar la culpa de tus infortunios...”. “prócer literario”. Para lograrlo, se dedican a ponerle a sus obras títulos sonoros que aludan a autores famosos y consagrados o se inventan historias triviales sobre algún encuentro fugaz con un gran escritor, para luego magnificarse ante los demás. Suelen presentarse en cocteles y festivales literarios, exhibiendo orgullosos una foto o un libro autografiado por Borges, olvidando lo que éste mismo dijera una vez: “mis libros sin autografiar deben valer más en un anticuario que los que llevan mi nombre…”, tantos hay circulando en el mercado con esa “exclusiva” impronta que el “valor agregado” pierde un poco su condición ante lo genérico. Lo único que me gustó de todo este asunto, tengo que reconocerlo, fue el título de la supuesta “novela pre-Bolaño”: “agotadas casi todas las localidades”, aunque en este momento no recuerdo si ese era exactamente el título.






































