
WITOLD GOMBROWICZ Y EL RAPTO DE EUROPA
Zeus
estaba enamorado de Europa, una hermosa mujer fenicia. Decidió violarla
y con tal fin se transformó en un toro blanco que se mezcló con las
manadas del padre de Europa. Mientras ella recogía flores cerca de la
playa vio al toro, viendo que era manso lo empezó a acariciar y se
subió a su lomo. Zeus aprovechó la oportunidad, corrió al mar y nadó
con ella montada en su espalda hasta la isla e Creta.
Entonces
reveló su auténtica identidad y Europa se convirtió en la primera reina
de Creta. Gombrowicz, igual que Zeus, quiso violar a Europa, pero no
pudo. “Yo el travieso, yo el fantasmagórico, yo el bromista, yo el
torturado, yo viviendo, yo agonizando. Me atormentaba no haber sido
todavía capaz de emprender nada más personal e innovador con respecto a
Europa, a la que visitaba después de una cuarto de siglo de ausencia,
yo el extranjero, yo el argentino, yo el polaco que regresaba (...)”
“Me
daba vergüenza pensar en los países que volvía a ver de un modo ya
establecido, mil veces hablado, banalizado, que si la técnica, la
ciencia, el aumento del nivel de vida, la motorización, la
socialización, la libertad de costumbres... ¿No seré capaz de nada
mejor? ¿Qué clase de Colón soy? (...)”
“Me parecía casi ridículo que
esa enormidad en la historia, Europa, en lugar de deslumbrarme con su
novedad después de los años de no verla, años de pampa, se me
convirtiera en un montón de lugares comunes de lo más trillado. Lo peor
–pensaba– es que la verdad sobre ella no me interesaba en absoluto. Yo
quiero devolverle el frescor y refrescarme con su contacto. ¡Y todo
para que el tiempo se vuelva rejuvenecedor en lugar de hacernos
envejecer a mí y a ella! (...)”
“Por eso debo concebir un
pensamiento aún no pensado, destinado a servir no a la verdad, ¡sino a
mí! Egoísmo. El artista, es decir, la subordinación de la verdad a la
propia vida, la utilización de la verdad con fines personales (...)
Gracias a ‘Ferdydurke’ tenía un papel que cumplir en Europa (…) me
correspondía decirle a aquella iglesia, a aquellas madonas y a aquel
foro romano, a aquellos frescos y a aquellas habitaciones: Sois un
atavío del hombre, nada más”
La convicción de que lo imperfecto es
más creador que lo perfecto y la puerta que le abre a las potencias de
la inferioridad son intuiciones primordiales de “Ferdydurke”. Cuando
Gombrowicz recibe la invitación de la Fundación Ford ya sentía la
necesidad de volverse extranjero otra vez. ¿Se había adaptado a la
Argentina?, él dice que no pero también dice que esa inadaptación lo
vinculaba íntimamente a esta patria.
¿Se va entonces para romper ese vínculo íntimo buscando otra
vez la libertad en Europa? “Pero, ¿qué tengo que hacer yo aquí, donde
ni se me lee, ni se me edita, ni se me conoce? Evidentemente, una
existencia tan anónima y tranquila es muy propicia para el trabajo
artístico e intelectual, pero ya todos los mecanismos de la situación
me proyectan hacia a fuera”
Los mecanismos de la situación que me
menciona Gombrowicz y el taedium vitae tienen un tufillo marcado, la
falta de libertad es la que lo expulsa a Gombrowicz de la Argentina,
pero Europa, sin embargo, no se le aparece como una tierra de
promisión. “Comprenda usted que para mí volver a Europa es un asunto
realmente dramático, no es nada parecido a un viaje de turismo (...)”
“Tendré
que enfrentar amigos envejecidos, amigos muertos, ciudades
transformadas, gente desconocida, surgirá ante mí una Europa disfrazada
y me temo que el tiempo se dejará sentir demasiado (...) Por cierto,
viajaré temblando, como si temiera verme con un fantasma”. No obstante,
es el sentimiento de libertad el que lo mueve a Gombrowicz a emprender
la retirada.
A
alejarse de un país íntimo y extraño que lo recibió con los brazos
abiertos pero que nunca terminó de cerrarlos. Él siente su libertad más
como una ruptura con los vínculos que lo están aprisionando que como el
sueño en un esplendor futuro. Ese pájaro huyó por la puerta de la
Fundación Ford pero ya existían otras puertas que se le estaban
abriendo en el mundo, y por una u otra puerta el águila polaca se nos
iba escapar de la jaula.
Es difícil resumir en pocas palabras
el proceso de deshumanización que sufrió Gombrowicz y que se manifiesta
en los diarios que escribió en Europa, pero hay dos cosas que se pueden
comprobar: la desaparición de su inclinación a humanizar lo que no es
humano, por ejemplo, los escarabajos, las vacas y las moscas, y la
declinación de su capacidad para formar el pensamiento dejándose en
cambio tomar por las cosas.
Todo
ocurre como si se hubiera alejado de esa libertad con la que descubría
zonas enteras de la cultura que el pensamiento crítico había dejado
vírgenes, y como si se hubiera quedado sin fuerzas para seguir
derribando tabúes, pero esta característica era, precisamente, lo más
sobresaliente de su humanidad. La enfermedad jugó un papel importante
en la deshumanización, pero el cambio de escenario fue decisivo.
Tuvo
que reemplazar sus conversaciones del café Rex por un mundo distinto:
editores, ediciones, profesores, directores, funcionarios, artistas,
entrevistas, reuniones, escritores, escritores y escritores… y la
administración de su gloria, un mundo distinto al que le había perdido
la costumbre durante veinticuatro años. Es claro que Gombrowicz no
perdió sus características humanas, y mucho menos aquellas que están
relacionadas con el dolor.
Al final de la historia argentina
se produce el segundo destierro de Gombrowicz, en 1939 se había
desterrado de Polonia y en 1963, veinticuatro años después, se estaba
desterrando de la Argentina volviendo a Europa. Se fue a Berlín
invitado por la Ford Fundation a pasar un año en esa ciudad endemoniada
donde se pergeñó buena parte de su ruina. ¿En qué pensó cuando le
ofrecieron la beca?, es difícil responder esta pregunta pero más que
pensamientos debieron ser impulsos obscuros los que lo pusieron en
movimiento.
Estos impulsos obscuros le impedían a Gombrowicz
conocer lo que quería, lo ponían en contacto con lo que él rechazaba,
con lo que no quería. En primer lugar, ¿se iba para siempre o por un
año solamente? No lo sabía, y una prueba de que no lo sabía es que
cambió de opinión varias veces después de haberse ido. Gombrowicz era
manejado a menudo por los miedos.
La Argentina no le estaba
ofreciendo ninguna garantía de una vejez protegida, al contrario, era
un país que no podía proteger a un extranjero cuya única fuente de
ingresos era la literatura. Al parecer, Europa, sí le ofrecía esa
garantía, pues entonces, Europa. Yo atribuí su alejamiento de la
Argentina al aburrimiento y a la búsqueda de una nueva libertad, pero,
¿era un llamado que le hacía Europa o era una patada que le daba la
Argentina, ¿o era un llamado y una patada?, ¿o era...
Sí,
pero en Europa se iba a encontrar con la muerte, él describe muy bien
este sentimiento en el diario, la muerte de Polonia a la que no quería
volver porque el régimen comunista lo había despojado de sus bienes y
hacía interminable el desastre familiar y social que habían
desencadenado los alemanes. La muerte de sus amigos, de sus colegas, de
sus vecinos, de su terruño, de Varsovia, y también de París, pues
entonces, la Argentina.
Sí, pero la Argentina era un pozo de
indiferencia, aquí no era reconocido ni se tomaba en cuenta su
consagración europea, la diversión era cada vez más pequeña, su acceso
a la juventud le empezó a resultar difícil después del cierre del café
Rex, y la angustia que le producía la incertidumbre de cómo iba a vivir
en el futuro era cada vez más grande, pues entonces, Europa.
Sí,
¿pero qué iban a pensar los polacos, los de Polonia y los de la
inmigración, los comunistas y los no comunistas? Estaba aceptando una
invitación política, los norteamericanos querían convertir a Berlín
occidental en una Atenas para oponerlo al mundo pobre y sombrío de la
Alemania oriental, pero Alemania, la occidental y la oriental, había
sido el verdugo de Polonia, pues entonces, la Argentina.
Sí, pero la
Argentina ya no era la fuente de Juvencia en la que lo habíamos
conocido nosotros, se había puesto aburrida y vieja, pues entonces...
Son muchos los pro y los contra, no creo que Gombrowicz se los haya
representado a todos, fueron impulsos obscuros los que lo movieron para
regresar a Europa. La cuestión es que en Europa no pudo disfrutar de un
sueño por el que bien valía la pena cambiar de aire, y no pudo porque a
comienzos del año 1964 las enfermedades lo empezaron a postrar y poco a
poco lo fueron aniquilando.
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