
Hay que vivirlo para contarlo -y huele al gonzo de Hunther S. Thompson-. Aquella es la premisa de Danilo Pedamonte, Peda, poeta y tal vez el mejor en vivo recitando poesía de la ciudad. Hay que verlo y escucharlo. Desde la mesa de un café en el pasaje López, Peda nos entregó las coordenadas del lugar donde vive, en definitiva la nata donde flota su próximo poemario. “Barrio sin Dios” se llama el libro. “Trata de la calle. Barrio sin Dios habla del tener y no tener”.
Para Peda la frase que marca el libro es: “He boxeado con Dios medio round y no le pude ganar. He boxeado con el destino 23 años y aún sigo en pie, pero igual me canso”.
-En mi población se trafica pasta base, marihuana y en el línea del tren se aspira neoprén. Hace unos años quería irme de allí y generar una vida normal, pero cuando llegó el momento de reencontrarme con estos textos y para este libro, no me quise ir. Ahí está todo –en el libro- lo que la gente quiere saber, lo que no se dice, lo que se ignora y lo que el periodismo abierto (oficial) no dice. Está lo que ocultamos: una niña teniendo sexo en un callejón o el pendejo que baja de la mina a fumar pasta base.
-Algunos escritores de alguna manera hablan de... pero después de la noticia. Yo en cambio me crié ahí. A los 14 años andaba con las pandillas pero llegó un momento en que tuve que escoger. La ley de la calle tiene tres pilares que te hacen cambiar. Uno de aquellos es la madre. Hay un amor incondicional por ésta, filial. Después se cambia porque tu mina queda embarazada y a trabajar. Lo otro es darte cuenta solo que para allá no se puede ir porque jodes. La calle da la condición de vivir con los pies bien puestos sobre la tierra, de no olvidar quien es uno y de dónde salió.
-Uno tiene que estar ahí. De repente cuando ando carreteando en la noche, tipo tres de la mañana, me quedo conversando por ahí con los mismos adictos a la pasta base. Los escucho y entiendo que van hacia la autoeliminación, de apagarse poco a poco. Es demasiado violento todo. El tema político no tiene que ver en aquello, creo que pasa esto por el tema de la minería acá en la región y el mundo irreal que crearon. Ellos formaron un mundo para elegidos. El cabro roba porque sabe que no podrá tener un WII. Cuando chico queremos algo y vemos como otros lo tienen y hacemos lo imposible por tenerlo. En la calle existen dos formas: o lo compras o los robas. Y corres con el WII cinco u ocho cuadras sin que nadie te detenga. No te queda otra, al final caes preso. Robas porque tienes hambre. Robas porque quieres las zapatillas del momento. Eso es lo que no ha entregado la sociedad o Antofagasta, necesidad. Se roba por necesidad.
-Hablamos de Antofagasta que hay mucho de todo, pero no es para todos.
-Un día a algunos se lo van a pitear y chao. Aquello puede entenderse como un sentido del Samurai. El más choro sobrevive. Si no estay jodido. Igual que los empresarios, sino son agresivos y rudos pierden. En la calle es lo mismo pero se juega con la vida con seres humanos que piensan y sienten. Son las tres de la mañana y sólo tienen una botella de pisco puro y barato. Otros tienen una pistola o una cuchilla. Ahí es cuando piensan qué hacer, o qué les queda hacer.
-Antofagasta está explotando porque un sector es privilegiado, un sector mínimo es el afortunado ¿Y qué le queda al trabajador mínimo, que pasa todo el día en la calle cociéndose el culo para ganar 500 lucas o menos? Hay una cuestión que te genera envidia y frustración. La brecha es demasiado grande. Basta recordar los bonos de las mineras. En Antofagasta conviven esas dos realidades. Es socialmente peligroso.
-Barrio sin Dios es mi libro más maduro. Siempre quise escribir esto. Llevo 13 años escribiendo de todo. Creo que este es el momento. Para escribir de todo, hay que hacerlo todo, decía Rimbaud. Hay que saber de lo que se escribe. Hay que tener la base. Con mirarlo no basta, tampoco con observarlo, sino hay que haberlo vivirlo. El exceso es el camino a la sabiduría. En un sentido metafórico mi mente y cuerpo estuvo en el límite. Aquí creo que lo logré. Este trabajo me agotó mucho, me cansó. Hay mucho desgarro. Es un libro de un barrio de Dios, donde Dios no llega, donde la esperanza no llega, donde se sobrevive.
Financiamiento
Para concretar este proyecto, Peda se autofinancia. Por ejemplo contó con el apoyo de la empresa donde trabaja, Emsipor. “Me pasaron 300 mil pesos”. Sin embargo siempre faltan lucas.
"Un editorial de Santiago te pide alrededor de un millón de pesos o un poco más", aclara.
Pronto anunciaremos el lugar, fecha y hora del lanzamiento.








































































































































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