
WITOLD GOMBROWICZ Y FILIPPO TOMMASO MARINETTI
Gombrowicz
se cruzó pocas veces con el Futurismo, algunas para darle lustre a sus
escritos, y otras para producir escándalos. Una carta de Manuel Gálvez
es una manifestación elocuente de su cruce con el futurismo y de cómo
algunos argentinos habían tratado a Gombrowicz, muy lejos del desprecio
que le había mostrado desde el principio el Asiriobabilónico Metafísico.
?Como
no me conformo con tocarme la oreja derecha cuando lo vea, ahí va mi
opinión sobre ?Ferdydurke?. No he leído en mi vida libro más original
ni más raro. No se parece en nada a Rabelais, salvo en la invención de
palabras. Pero pertenece a una corta familia de libros muy raros, entre
los que yo colocaría, además de la obra de Rabelais, el drama ?Le roi
Bombance? de Filippo Tommaso Marinetti, varios libros futuristas,
dadaístas y ultraístas y algo de Ramón Gómez de la Serna (...)?
?Si
?Ferdydurke? no es una obra genial, está muy cerca de serlo. Tiene
usted una imaginación formidable y un poderoso sentido dramático. Sobre
lo segundo, le diré que muchas escenas me han apasionado por su
dramaticidad, a pesar de tratarse de asuntos en cierto modo absurdos,
como me apasionaron escenas realistas o sentimentales, escritas por
verdaderos maestros (...)?
?Acaso lo que más me ha gustado sea el
capítulo ?Filifor forrado de niño?. Lo mismo la pelea en la casa de los
Juventones. A pesar de ser, en apariencia, lo opuesto a una novela
realista, hay en su libro un fondo realista y humano. Ha dado usted una
representación en cierto modo simbólica de la realidad. O mejor que
simbólica, algebraica (...) Hay un extraño humorismo en su libro. Y
cosas excelentes (...)?
?Algunas intenciones que hay en su libro
son difíciles de ser comprendidas, y no sé si las habré alcanzado (...)
No quiero olvidarme del enorme contenido que hay en su libro: contenido
filosófico, poético, idiomático (...) La traducción me parece buena,
sin conocer el original (...)?
El Futurismo fue el movimiento
inicial de las corrientes de vanguardia artística, fundado en por
Filippo Tommaso Marinetti, quien redactó el Manifeste du Futurisme.
Este movimiento buscaba romper con la tradición, el pasado y los signos
convencionales de la historia del arte. Rechazaba la estética
tradicional e intentó ensalzar la vida contemporánea, basándose en sus
dos temas dominantes: la máquina y el movimiento, con el propósito de
rejuvenecer y construir de nuevo la faz del mundo.
Marinetti
concibió esta nueva estética, inspirado en la Patafísica de Alfred
Jarry. El Futurismo fue llamado así por su intención de romper
absolutamente con el arte del pasado, y por considerar que los museos
eran sitios equivalentes a los cementerios, donde la tradición
artística común, lo impregnaba todo.
Según
Marinetti había que hacer tabla rasa del pasado y crear un arte nuevo,
desde cero, acorde con la mentalidad moderna y las nuevas realidades,
tomando como modelo a las máquinas y sus virtudes: la fuerza, la
rapidez, la velocidad, la energía, el movimiento, la deshumanización.
En literatura, el Futurismo, abjura completamente del pasado y alienta
a no respetar la métrica. Asimismo, intenta sustituir los nexos por
notaciones algebraicas y buscar un léxico radicalmente hecho de
tecnicismos y barbarismos, plagado de infinitivos, exclamaciones e
interjecciones que denotan energía y libertad.
La estética
futurista pregona una ética, de raíz fundamentalmente machista,
misógina y provocadora. Entre sus postulados se dignifica la guerra
como una fórmula para el saneamiento de un mundo anacrónico y decrépito
y proscribe la argumentación sentimental o anecdótica.
La
importancia que tuvo el Futurismo, más allá de sus méritos artísticos,
consistió en crear una estética comenzando desde cero, posibilitando
así una profunda renovación de las técnicas y principios artísticos,
cuyas repercusiones aún se sienten en el presente. Fue una de las
primeras vanguardias artísticas y su valor como movimiento de ruptura
allanó el camino a las demás corrientes y estilos que refrescaron el
panorama artístico en los albores del siglo XX.
El punto de contacto de Gombrowicz con Filippo Tommaso Marinetti pasa por Alfred Jarry
?Alfred
Jarry, ahí están mis gustos personales y mis caprichos, incomprensibles
para aquellos que no han leído mis libros. No voy a tomarme el trabajo
de explicar a los que no conocen mi ?Ferdydurke? por qué elijo ?Ubú
rey?, escrita por un novato de diecisiete años bajo su pupitre de
escolar (...)?
?Un
libro pueril, insolente, arrogante, impregnado de una inconsciencia
genial. Lo elijo porque constituye una iniciación como no hay otra en
los misterios de la Estupidez?
El primer futurista importante que se
le cruzó a Gombrowicz en la Argentina fue Bruno Jasienski, poeta,
prosista y dramaturgo comunista polaco. Dos meses después del derrumbe
que había sufrido en la casa de Berni, se anima a dar otra conferencia.
Decidió rehabilitarse de su fracaso anterior e insistió con el
tema: ?Regresión cultural en la Europa menos conocida?, la dio en el
Teatro del Pueblo. Le adelantaron que era un teatro de primera clase,
frecuentado por la flor y nata de la intelligentsia de Buenos Aires, en
vista de lo cual decidió preparar un texto del más alto nivel
intelectual. Otra vez planteó la cuestión de cómo la ola de barbarie
que había invadido a Europa central y oriental podía aprovecharse para
revisar los fundamentos de la cultura.
Leyó
el texto, lo aplaudieron y muy contento volvió al palco reservado para
él donde se encontró con una joven bailarina y admiradora, muy escotada
y con unos collares de monedas. Cuando estaba por retirarse con la
bailarina observa que alguien se sube al estrado y empieza a vociferar,
lo único que puede distinguir con claridad es la palabra Polonia, la
excitación y los aplausos.
Acto seguido sube otra persona,
pronuncia un discurso agitando los brazos mientras el público empieza a
chillar. Gombrowicz no entiende nada pero estaba contento de que su
conferencia hubiera despertado tanta animación. Pero, de repente, los
miembros de la Legación de Polonia abandonan la sala, parece que algo
andaba mal, se había producido un escándalo.
Resulta que la
conferencia fue aprovechada por los comunistas allí presentes para
atacar a Polonia. La elite intelectual presente en la conferencia era
medio comunistoide y no exactamente la flor y nata de la intelligentsia
de Buenos Aires, de modo que su ataque a la Polonia fascista no se
distinguió precisamente por su buen gusto, y se dijeron tonterías, como
por ejemplo que en Polonia no existía la literatura y que el único
escritor polaco era Bruno Jasienski.
Al
día siguiente Gombrowicz fue a la Legación donde lo recibieron en forma
fría, como si fuera un traidor. En vano les explicó que el director del
teatro, el señor Leónidas Barletta, no le había informado que era
costumbre en el Teatro del Pueblo seguir las conferencias con un debate
y que, por otra parte, no podía considerar como comunista a ese señor
pues él mismo se hacía pasar por un ciudadano honrado, ilustrado,
progresista, adversario de los imperialistas y amigo del pueblo.
Pero
lo peor fue lo de la bailarina: su colorete, sus polvos, su escote
pronunciado y el collar de monedas lo hicieron aparecer como un cínico
en un momento dramático. Hasta la prensa polaca de Estados Unidos se
puso verde. Hubiese soportado todo ese torbellino demencial de
sospechas y acusaciones si no hubiera sido por el presidente de la
Unión de los Polacos en la Argentina.
Ese
señor había escrito un artículo que le hizo perder el escaso contacto
que le quedaba con la realidad. En efecto, a pesar de todo el escándalo
que se había armado sólo le recriminó que en la conferencia no hubiera
hecho la más mínima mención acerca de la enseñanza que se impartía en
Polonia. Sin embargo, la intervención de Gombrowicz que quizás más haya
tenido que ver con el Futurismo, la tuvo en Berlín.
Höllerer, un
profesor muy renombrado, director de la revista ?Akzente?, lo invitó a
un coloquio para que leyera en alemán un fragmento de ?Ferdydurke?.
Pero mi pronunciación es terrible, profesor, ni yo ni los oyentes
entenderemos nada; ?No importa, es un acto de cortesía que tenemos con
usted, el señor Hölzer leerá algunos de sus poemas y después se abrirá
el debate.
Walter
Höllerer ?una especie de Victoria Ocampo según nos decía Gombrowicz en
sus cartas? le inspiraba confianza, tanto como profesor como por su
talante de estudiante, algo que se le hacía evidente cuando escuchaba
su risa jocosa y juvenil. Gombrowicz esperaba que esa jovialidad lo
liberara justamente de ese compromiso con los estudiantes de la
universidad.
Pero el alemán que el profesor llevaba adentro lo
obligó a representar su papel y se dispuso a abrir la sesión. Lo
presenta a Gombrowicz en la sala de conferencias y lo invita a leer la
página del libro: ?Perdón, señor Höllerer, pero no la voy a leer. Otros
participantes empiezan la lectura de sus poemas. Höllerer hablaba como
profesor y sólo como profesor, dentro de los límites de la función
(...)?
?Barlevi hablaba en calidad de polaco, de futurista
varsoviano de antes de la guerra y de pintor que estaba preparando una
exposición, y también de invitado de Höllerer. Hölzer, hablaba en
calidad de poeta... Völker, como joven literato (...)?
Gombrowicz
se sintió debilitado, tenía que defenderse y ponerse a la altura,
decidió por lo tanto dar señales de vida y pidió la palabra para
chapurrear su alemán. Su balbuceo hueco se volvió enseguida
inconcebible, ensartaba palabras al azar con el único propósito de
seguir hablando, pero, increíblemente, los estudiantes lo estaban
escuchando, no sabía cómo seguir. Entonces se dirigió a Barlevi, el
poeta futurista varsoviano, al que podía hincar el diente como
compatriota y como pintor, y en un tono apasionado le empezó a hacer
unos reproches incomprensibles, hasta que Barlevi no pudo resistir más
y se durmió. Sonaron los aplausos, los estudiantes se levantaron y
Höllerer dio por terminada la reunión.
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