No
encontré el aviso en la red para poder reproducirlo. En una gigantesca
imagen en el Metro está una bella mujer sobre unos muebles de ratán en
medio de un bosque exuberante y sobre la imagen dice “mi jardín
secreto”. Es una publicidad para el juego de terraza. Eleva todo a un
rango de felicidad metafísica como ningún otro aviso que haya visto en
mucho tiempo.
En el filme Roger Dodger, el protagonista, al ser interrogado por su sobrino acerca de su empleo, le dice que su trabajo es hacer que la gente se sienta muy infeliz y desgraciada y que cuando lo logra, entonces les ofrece un producto cualquiera y les dice que con ello solucionará su infelicidad. El aviso en el metro, con toda su estética prerrafaelista y soñadora hace precisamente eso y supongo que es un aviso sumamente efectivo…
¿A nadie más que a mí le parece risible esa clase de estética al servicio del consumo? ¿Es que realmente se ha suprimido todo juicio por parte de los consumidores? Subliminalmente, en un entorno de apuro como es una estación de metro, semejante aviso se cuela por el rabillo del ojo y penetra directamente hasta nuestro inconsciente y entonces, aquellos que son lo suficientemente afortunados como para tener un patio ven sus propios muebles de jardín y creen que se les ha ocurrido que es tiempo de hacer un cambio y aquella imagen anidada en el inconsciente cumple entonces su objetivo…
Es irrelevante, por cierto, lo que alguien haga con su mobiliario de patio, sin embargo ¿cuánta información no se nos cuela en el inconsciente de esa forma y la damos por hecho? ¿cuánto de aquello que consideramos que son nuestros propios juicios y verdades no han entrado por el rabillo del ojo cuando vamos apurados y una gigantografía del metro nos impacta por un microsegundo y genera una opinión o un juicio que no tiene ni la más mínima base? ¿Cuántas de tales opiniones o juicios, que no son más que prejuicios inducidos, versan sobre cuestiones mucho más importantes que un juego de terraza?
Nuestro concepto de felicidad procede de la satisfacción de necesidades y deseos que tal vez nunca tuvieron por qué estar ahí en primer lugar. Determinado tipo de mujer –normalmente una extremadamente delgada –se ha vuelto un ideal de belleza que causa la muerte entre las jóvenes anoréxicas por temor a la soledad y al rechazo si no calzan dentro de un determinado patrón impuesto por la publicidad a la sociedad y por la sociedad al individuo. Los machos, por su parte, son obligados a una imagen de éxito que muchas veces los transforma en verdaderos y ridículos fantoches a los que a su vez las hembras buscan con desesperación.
Todo porque algún publicista quiere vender juegos de terraza para poder alimentar a su familia y para ello echa mano de los temores, esperanzas y preconcepciones latentes en la inconsciencia del ser humano. El sexo vende: aquella joven sentada sobre el sofá de ratán será deseada por los hombres, emulada y envidiada por las mujeres. Los hombres estarán disconformes con sus parejas, las mujeres consigo mismas y entonces una ráfaga de infelicidad e insatisfacción inundará nuestra sociedad y los psiquiatras comprobarán que hay cada vez más gente insatisfecha y deprimida y se preguntarán por qué…
Basta con pensar que la muchacha que se ve en el aviso tiene seguro apenas cumplida la mayoría de edad, si es que la tiene y que pesa ocho kilos menos de los que aparenta, porque eso es lo que las cámaras engordan. Que fue maquillada vestida y preparada hasta el paroxismo por expertos para una belleza que debía durar tan sólo durante el corto período de la sesión fotográfica. Que una vez terminada la sesión se vistió como todo el mundo y que, sin los mágicos afeites, se transformó en otra chicuela más que seguro se fue tomada de la mano de su noviecito adolescente sin atraer las miradas de nadie más. También hay que recordar que la juventud no dura para siempre y que tal es un privilegio de dioses inexistentes… Hay que pensar también que nuestro patio dista mucho de ser esa bellísima jungla y que además, las bellísimas junglas no son especialmente cómodas y que por ello nuestros ancestros se bajaron de los árboles, evolucionaron y crearon la civilización…
Hay que pensar una serie de obviedades que se nos olvidan y pensar finalmente que obviamente moriremos y que entre este momento y la muerte nadie más que nosotros podrá darle algún significado a nuestra existencia, y que nadie recordará nuestro juego de terraza, ni cuánto pesábamos y que de todas maneras nos espera simplemente el terminar en los huesos.
CON EL ALTO AUSPICIO DE PERVERSA SEÑAL





































