
"La burla del tiempo" de
Mauricio Electorat
De la bandera roja a la novela negra
Por Cristián Warnken
Artes y Letras de El Mercurio, Domingo 15 de Enero de 2006
Esta es la entrevista realizada al escritor
chileno ganador del Premio BibliotecaBreve de Seix Barral por "La burla
del tiempo", en el marco del ciclo Tertulias, organizado por "Tobacco
& Friends", junto al patrocinio de
Fascinado por "la manera de realizar el español de los chilenos" es que
vuelve siempre a recorrer su Santiago natal, escenario de sus historias, al
igual que París, la ciudad que lo acoge desde 1987.
Curiosamente, en esta tertulia, entrevistador y entrevistado son personajes
protagónicos de "La burla del tiempo", la segunda y
galardonada novela de Mauricio Electorat, que narra la historia
adolescente de ambos, cuando eran alumnos de
Aunque comenzó como poeta publicando "Un buey sobre mi lengua" (1987)
y "Fuerte Mientre Lorando" (1989), no fue hasta 1995 con "El
paraíso tres veces al día", su primera novela, que consiguió el reconocimiento
público y la distinción de los premios Consejo Nacional del Libro y
Tras cursar dos años de Periodismo y Literatura en
Poesía
—Es difícil entrevistar a un escritor que
es amigo entrañable y que al mismo tiempo es autor de una novela en que, sin
quererlo, soy uno de los personajes. Es incómodo y es extraño. Es el juego
entre la literatura y la vida. "La burla del tiempo" se llama esta
novela con que Mauricio Electorat ha ganado el premio de Biblioteca Breve de
Seix Barral del año 2004. Pero yo a Mauricio lo conocí como poeta en los
talleres de
- "Yo creo que la poesía me abandonó. Pienso que fui un adolescente poeta
o un poeta adolescente y que de pronto me encontré con una dificultad mayor: el
cómo escribir poesía realmente. Entonces me di cuenta de que la verdad es que
más que los mecanismos de producción de un texto poético, lo que me interesaba
era escribir historias. Y estuve durante muchos años en una especie de zona de
nadie porque ya no escribía poemas, o muy pocos, y no me atrevía a escribir
narrativa porque una novela es un desafío mayor, es un género mayor que a mí me
inspira el más profundo de los respetos. Creo que me hice narrador cuando
llegué a París, en la soledad de una chambre de bonne; pienso que allí
me atreví. Y eso es lo que pasó con la poesía y lo que comenzó a pasar con la
narrativa".
—Y ¿qué es lo que tú quieres contar o te
obsesiona?
- "Me adscribo a la corriente del viejo realismo de toda la vida, de la
gran novela del siglo XIX; me interesa contar, de alguna manera, mi vida y la
vida de los demás. Es decir, trabajo con la realidad, pero ligeramente
desfasada, como si el lente óptico deformara un poco la experiencia real.
Ahora, uno escribe con imaginación y memoria, en qué dosis, eso varía. Pero me
interesan fundamentalmente las situaciones ficticias, o sea, no olvidemos que
una novela es ficción. Lo que pasa es que esa ficción puede estar engastada en
un episodio real que en determinadas coordenadas, por ejemplo, en Chile, los
lectores reconocen, pero es y sigue siendo ficción. Es decir, no nos
confundamos, no porque yo hable de
—Aclaremos eso... Partamos por tu primera
novela, "El paraíso tres veces al día", cuéntame cómo nace...
- "Es una ficción inspirada en mi experiencia como portero de noche en un
hotel parisino de dos estrellas, un poco rasca. Cuando terminé de estudiar en
Barcelona, era el año 1987, en este país todavía existía la dictadura y no
tenía ganas de volver. Mi única opción era irme a París y me fui con los sueños
que llevan todos los latinoamericanos que llegan a París, es decir, hacer un
doctorado en
—En ella muestras un París distinto al que
estamos habituados, ¿cuál es el París que te interesaba contar?
- "El de la calle, el París barriobajero, no el París de tarjeta postal,
de café para turistas y de las avenidas, sino el País real, el que uno se
enfrenta cuando llega allí con 25 o 26 años, esa ciudad dura en la que uno
siente que, evidentemente, nadie lo mandó a llamar allí, y en la que tienes que
salir adelante porque eres transparente y, por definición, no existes. Entonces,
o te inventas algo para sobrevivir, para hacerte un lugarcito o te vas, o te
mueres, en fin. Esa experiencia, esa confrontación con esa realidad hostil,
muestra el París que me interesa".
—Y ¿cuál es la historia central de este
libro?
- "La de un portero de noche que se enamora de una chica franco-vietnamita
que llega a pedirle una habitación y que está metida en el tráfico de drogas.
Es una especie de descenso a los infiernos, es una novela negra, es decir, una
especie de parodia del género policial".
—La novela negra es un subgénero que a ti
te ha interesado. Novela negra y literatura latinoamericana o en español, vamos
a ver...
- "El tema sería más bien la novela negra y bandera roja, o de la bandera
roja a la novela negra. Porque hay una increíble cantidad de autores hoy de
novela negra que son ex militantes de movimientos de extrema izquierda, en
América Latina pero también en Europa, porque la novela negra es una especie de
nuevo naturalismo. Es un subgénero que cumple, a mi juicio, una función de
crítica social, de denuncia, de la cual la novela, en términos generales, sobre
todo la europea, se ha separado. Entonces, esto es algo bien interesante porque
es una novela urbana y política al mismo tiempo".
—Y "La burla del tiempo" ¿es de
alguna manera una novela negra, o se emparienta con ello?
- "No, La burla del tiempo no es una novela negra. Yo pienso que un
cadáver en una novela siempre ayuda... (risas)... porque hace avanzar la
acción, y, en este caso, el cadáver es un pórtico de la novela, es el de la
madre del protagonista, o sea, el cadáver de mi madre, de alguna forma.
Entonces, tiene eso de novela negra; sí, hay un cadáver, pero no cualquiera,
cuidado... Al protagonista se le muere la madre y tiene que viajar de urgencia
a Santiago a enterrarla y en el lapso que dura el vuelo de París a Santiago
transcurre la novela que, en el fondo, voy a decir la verdad, Cristián, es la
recreación de nuestra adolescencia"
Claves
—Pero también hay una busqueda del
protagonista, que tiene algo de policial, que es la busqueda de Nelson, y ése
es un personaje de novela negra...
- "También. La novela es una historia vista en dos claves: por una parte,
este protagonista que vuelve a Chile al entierro de su madre, y ahí como les
decía hay un largo racconto, pero al mismo tiempo es el reencuentro
fortuito, y luego buscado, entre el protagonista y el tipo, el soplón, que lo
delató en
—La novela es una crítica a ese mundo gris, ese Santiago chato, ese Chile
marcado por la dictadura de Pinochet. Al mismo tiempo es también una crítica,
con ternura, a la izquierda de ese entonces, ¿cuál fue esa izquierda que quisiste
ilustrar?
"La izquierda chilena de aquellos años que en el fondo no sabía qué hacer,
o sea, que no tenía idea de cómo desembarazarse de Pinochet. Mientras los
jóvenes que militábamos en estos partidos políticos estábamos en el aire, en el
vacío, unos preconizaban la lucha armada, otros la lucha de masa, la política,
en fin. Y se les ocurrían soluciones delirantes como, por ejemplo, lo que fue
la creación de
—Se ha dicho que de alguna manera esta novela cuenta la historia de la
generación de los 8O, ¿cuál es la particularidad de esa generación?
- "Yo me acuerdo de que teníamos 15 años y militábamos en partidos
políticos clandestinos y además era en el Chile de 1975, no era cualquier cosa
tampoco, y eso a mi me parece una situación absolutamente anómala vista desde
hoy. Yo creo que eso tiene de particular nuestra generación, que nos íbamos del
colegio con los uniformes y los bolsones a la reunión de la célula con el
compañero tanto, ¿no? Y lo hacíamos con una inconciencia absolutamente
formidable".
—Hay una relación ahí conflictiva con Francia. Parte con los profesores
franceses de ese extraño proyecto que es el colegio Alianza Francesa, y luego
termina con tu estadía en París. ¿Cuál es tu relación con ese país o con la
cultura francesa?
- "Como me dijo un francés una vez 'tú eres un indio aculturado, y además
un indio bien alimentado'... (risas)... Y es verdad que eso es un poco uno: un
indio aculturado porque efectivamente yo fui a dar a Francia porque estuve en
—Sin embargo, siempre vuelves a Chile y
este país es el material de tu novela, a pesar de que son muy sabrosos los
episodios que ocurren en ese París oscuro, paralelo. ¿Por qué vuelves siempre?,
¿qué te nutre de acá?
- "Es el lugar de mi infancia y al mismo tiempo hay una historia con la
lengua. A mí lo que más me gusta y más echo de menos es la particular manera de
realizar el español de los chilenos. En esa forma cómo los chilenos se expresan
hay una fuente inagotable de historias. Por una parte está la pituquería
chilena, que habla de una manera particular, y por otra parte el pueblo llano.
En Chile, la manera cómo la gente está realizando la lengua revela cómo está en
el mundo. Y a partir de allí me puedo imaginar historias, es decir, me puedo
nutrir de alguna forma".
—Ese es un libro muy oral; el jurado ha dicho trepidante, vital, de palabras
mezcladas, de voces. Alguien dijo por ahí que el referente podría ser Céline,
el escritor...
- "Céline sí, porque él hace algo con el francés que no ha hecho nadie,
que es desnudarlo por completo y escribir en el francés hablado, estrictamente
hablado, y hablado popular de los años 20 y 30. Por eso es que Céline es
absolutamente intraducibie, a Céline hay que leerlo en francés. Lo que él a mí
me ha entregado, de alguna manera, es ese arrojo, ese atrevimiento, para tomar
la lengua hablada. Pero ¡ojo!, esta novela no está escrita en chileno hablado
exactamente, no está escrita como está escrito el The Clinic, por ejemplo; el
chileno hablado resuena en la novela como una especie de música de fondo o, por
lo menos, eso he intentado".
Santiago
—Una de las virtudes de esta novela es
narrar y mostrar el Santiago de los '80: el espacio geográfico, los lugares,
los restaurantes, el Venecia, la comuna de Ñuñoa, la calle Bremen. Háblanos de
Santiago como espacio narrativo.
- "Santiago, que me perdonen mis colegas novelistas aquí presentes, yo
creo que es una ciudad que aún está por novelar. No es que no se haya hecho,
sino que falta aun más, es decir, Santiago no tiene la entidad literaria que
tiene Buenos Aires, por ejemplo, o que Vargas Llosa le dio a Lima, o que tiene
ciudad de México, por no hablar ya de París, Madrid o cualquier capital
europea. Entonces, en esta novela los personajes, en primer lugar, dialogan
todo el tiempo, y en segundo lugar, se mueven por la ciudad. A mí me gusta
mucho eso: las novelas que son al mismo tiempo una topografía de un lugar
determinado".
—Cuando llegas a Santiago, ¿cuál es el lugar donde te sientes en casa y no
un extranjero?
- "Cualquier lugar de Ñuñoa, porque para mí Ñuñoa es algo así como el
útero, es el lugar de donde yo salí".
—¿Qué tiene Ñuñoa?, ¿cuál es la ñuñoedad?
- "No sé qué tiene. Quizás es esa cosa de clase media tan santiaguina, tan
tranquila, esas casas con jardincito, las empleadas que van a comprar y vuelven
del supermercado, las viejitas que barren la calle, el tipo del gas que pasa.
Es como la madalena de Proust, o sea, mi madalena es eso, una calle de
Ñuñoa".






































