Cachorro
(nombre sacado de un cuento del escritor Marcelo Lillo) se autodefine
como escritor, pero no ha publicado ningún libro. Mejor, espera que
alguien lo descubra ¿Una editorial? Claro, quiere que una editorial lo
venga a buscar a su casa y lo convenza de publicar pues a su juicio sus
cuentos valen dinero -dice a sus amigos mientras le echa ketchup a la
pizza-, total es el trabajo de una vida. Son 20 años escribiendo en
tiempos muertos. Tiempos muertos: los fines se semana, los domingo, los
feriados o cuando la tele está fome. Cachorro es lo que llaman un
escritor de domingo. Cachorro cree que sus cuentos y una que otra
poesía es lo mejor que se hace acá, por esto no le dio mucha
importancia a la invitación para la Feria del Libro de Santiago
(Filsa). Total era algo por venir y claro, tenía amigos en la mesa.
Antofagasta era la región invitada a la Filsa y por esto se había
formado una comisión.
A quienes no nombraron en la mesa o descartaron por razones como “políticamente no correcto” entre otras, rieron cuando le dijeron que Cachorro era el abanderado y lanzaron: que la representación de Antofagasta parecía circo, que se había chacreado, que mejor no ir, que daba vergüenza, que mucho viejo crack, que mucho cagüin. Para Cachorro, envidia y chaqueteo. La envidia para Cachorro era todo un tema. Como muchos de sus pares artistas no aceptaba críticas. Se amurraba si se las hacían en su cara, de frente. La que más le dolió fue una de quién creía que era su amigo en las letras. Su amigo le dijo que tuviera paciencia, y que al final todo cae por su propio peso. Que perseverara, además. De esa vez, Cachorro trató a su amigo de fracasado. Su amigo tenía 55 años, había publicado un par de libros, pero ninguno merecedor de sus elogios. Para su amigo lo más importante era su familia. Para Cachorro, lo más importante –aunque no lo reconociera públicamente- era la literatura y la fama rápida. Ya se veía tomando café en la peatonal Prat firmando libros al lado del escritor consagrado. Ya se veía en París o Buenos Aires presentando sus libros. Pero como dije, Cachorro se autodefinía como escritor, pero no tenía ningún libro publicado.







































escriba
leido el cuento
no encuentro
la mordaza
que sin tardanza
acecha
la cosecha
de un cachorro
cuyo estòmago con chorro
salpica
a quien le pica
no sea entregado
a aquello que le ha regalado
un premio
que no siendo mìo
importa poco
mientras toco
en otra oportunidad
las puertas de la felicidad
y me pregunto si octavio paz
o pablo neruda
siendo
a evento
poètico
invitados
por azares
en lugar de recitar
contaran un chiste
extenso
y ciertamente
emanado a su autorìa...