
WITOLD GOMBROWICZ, CZESLAW MILOSZ Y PAUL VALÉRY
?He
terminado de leer ?El pensamiento cautivo? de Milosz. Una lectura
tremendamente instructiva y estimulante para todos nosotros; para los
escritores polacos es también conmovedora. Cuando estoy solo casi nunca
dejo de pensar en ello, y me interesa cada vez menos el Milosz defensor
de la civilización occidental y cada vez más el Milosz adversario y
rival de Occidente (...)?
?Para mí lo más importante en él son sus
intentos de ser distinto de los escritores occidentales. Percibo en él
el mismo sentimiento que albergo yo, es decir, una displicencia y
menosprecio hacia ellos, unido a una amarga impotencia. La comparación
de Milosz con Valery, por ejemplo, lleva a extrañas conclusiones.
Podría parecer que el escritor polaco posee una mayor dosis de realismo
y es más moderno (...)?
?Además,
espiritualmente más libre, más abierto a la realidad y más leal con
ella; luego da la sensación de que quizás sea más solitario; y luego,
que ha rechazado los restos de esas ilusiones a las que se agarran
todavía los genios occidentales como Valéry, puesto que Valéry, aunque
carece totalmente de ilusiones, no ha dejado por ello de ser un hombre
vinculado con cierto ambiente y cierto orden social, mientras que
Milosz está totalmente desarraigado (...)?
?De modo que podría
pensarse que esa cultura embrutecida de los polacos aporta unas
ventajas considerables. Y, sin embargo, todo queda de algún modo
inacabado, lleno de lagunas, por consolidar; tal vez lo que más nos
falta sea esa última toma de conciencia que conferiría una
diferenciación y una fuerza plena a nuestra verdad (...)?
?Nos
falta la clave de nuestro misterio. ¡Cuánto enerva la ambigüedad de
nuestra actitud ante Occidente! El polaco, al confrontarse con el mundo
del Este, es un polaco definido y conocido de antemano, mientras que al
volver la cara a Occidente, tiene el rostro turbio, lleno de iras
incompresibles, incredulidad y rencores misteriosos?
A
pesar de que Paul Valéry no quiso disfrazarse de sacerdote de la
inmadurez vistiéndose de cura con el pantalón corto y los pies
descalzos, Gombrowicz se lucía con el poeta en Tandil dando
explicaciones sobre ?Ferdydurke?. La obra poética de Paul Valéry,
fuertemente influenciada por Stéphane Mallarmé, es una de las piedras
angulares de la poesía pura, de fuerte contenido intelectual y
esteticista: ?Todo poema que no tenga la precisión de la prosa no vale
nada?.
Su obra presenta un conflicto entre la contemplación y
la acción que debe resolverse artísticamente para captar el sentido de
la vida. Valéry está considerado como uno de los más grandes escritores
filosóficos modernos en verso y en prosa. Era un hombre escéptico y
tolerante, que despreciaba las ideas irracionales y la inspiración
poética, y creía en la superioridad moral y práctica del trabajo, la
conciencia y la razón.
Para
Valéry la poesía era la más hermosa de las técnicas creativas. En sus
versos articulaba ideas abstractas mediante imágenes simbólicas y
ritmos sutiles. Los temas de su obra son a menudo antitéticos: las
emociones frente al intelecto, el universo y el hombre, el ser y el no
ser, o la naturaleza del genio y el proceso creativo. En sus escritos
en prosa analiza el arte, la cultura, la política y las capacidades de
la mente humana en un estilo aforístico.
La condensación de su
pensamiento, unido al denso simbolismo y las abundantes alusiones,
hacen que el significado de la obra de Valéry resulte a veces oscuro.
Gombrowicz fue inmisericorde con el simbolismo francés y con sus
interminables metáforas, desprecio que puso a punto en la conferencia
que dio contra los poetas.
?Los
poetas le rinden homenaje a su propio trabajo y todo este mundo se
parece mucho a cualquier otro de los tantos y tantos mundos
especializados y herméticos que dividen la sociedad contemporánea (...)
Los ajedrecistas, por ejemplo, consideran el ajedrez como la cumbre de
la creación humana, tienen sus jerarquías, hablan de Capablanca como
los poetas hablan de Valéry y, mutuamente, se rinden todos los honores.
Pero el ajedrez es un juego mientras que la poesía es algo más serio y
lo que resulta simpático en los ajedrecistas, en los poetas es signo de
una mezquindad imperdonable (...)?
?Qué suerte que aquellos
que discurren sobre el arte con el grandilocuente estilo de Valéry no
se rebajan a semejantes confrontaciones. Quien aborda nuestra misa
estética por este lado podrá descubrir con facilidad que este reino de
la aparente madurez constituye justamente el más inmaduro terreno de la
humanidad, donde reina el bluff, la mistificación; el esnobismo, la
falsedad y la tontería. Y será muy buena gimnasia para nuestra rígida
manera de pensar imaginarnos de vez en cuando al mismísimo Paul Valéry
como sacerdote de la Inmadurez, un cura descalzo y con pantalón corto?
La
poesía y el simbolismo francés se le asociaron inmediatamente con
Victoria Ocampo cuando Gombrowicz llegó a la Argentina. A pesar de su
paulatino e irresistible ascenso en Europa, Victoria Ocampo nunca se
mostró sensible a la seducción que producía su inteligencia.
Hasta
el mismísimo Jacques Lacan había despertado la admiración de nuestra
Victoria Ocampo en los viajes que la señora hacía a París entre las dos
guerras mundiales, aunque nadie puede asegurar que la relación entre
ellos haya ido más allá de un apasionado flirteo, a pesar del gusto que
tenía esa dama tan elegante por ir a la cama con personajes destacados.
A
los veintiún años Paul Valery decidió dejar de escribir razón por la
que renuncia a toda vida sentimental para consagrarse al conocimiento
puro y desinteresado de su yo, buscando con ello mantener el dominio de
sí mismo. Tuvieron que pasar veinte años para que volviera a escribir,
despertado de su ensimismamiento por algo exterior, las palabras de sus
amigos Gide y Mallarmé que le aconsejaban la vuelta a la escritura.
Pero
siguió afirmando que la literatura no le interesaba sino en la medida
en que ejercita el espíritu en las transformaciones en las que las
propiedades excitantes del lenguaje juegan un papel decisivo. Después
de regresar a la escritura y tratando de encontrar nuevas relaciones
para la palabra poética, a los sesenta y cinco años Paul Valéry dicta
una conferencia sobre la filosofía y la danza en la que intenta mostrar
una unión inseparable entre el baile y la poesía.
Estamos acostumbrados a las relaciones
que existen entre la música y la poesía o la música y la danza, así que
Valéry introduce una novedad asociando la poesía a la danza pues es en
la música y en la danza entre las que parece haber desde siempre una
dependencia mutua, primero con el ritmo del corazón y la cadencia de
nuestros pasos, después con las manos y los pies y el tambor marcando
el ritmo.
En ocasiones fue la danza la que inspiró a los
músicos, pero al principio fue la música con sus instrumentos del
corazón y de la voz, y luego surgió la danza. Gombrowicz se pone de
parte de la relación tradicional entre la música y la danza y en un
pasaje de los diarios ilustra de una manera ejemplar cómo el baile se
pone en el lugar de la acción en un relato donde los caracteres y la
trama apenas asoman la cabeza.
Había llegado a una reunión a las dos
de la mañana, era la noche de fin de año. Inesperadamente, la gente se
dividió en parejas y empezó a bailar. Desde el lugar donde estaba
Gombrowicz casi no se oía la música, el ritmo de la danza era más real
que la melodía, parecía que el origen del baile no era la música, sino
que el origen de la música era el baile.
Era
un baile de barrigas, de calvas y de los rostros marchitos de gente
mayor. Se trataba de la humanidad más corriente con su inevitable
miseria que se pavoneaba de sí misma desvergonzadamente entre brincos
sin música, como dispuesta a poseer por la fuerza a la belleza, la
elegancia y la alegría, poniendo en el baile todos sus defectos y su
vulgaridad.
?Pero ese frenético anhelo de encanto, al llegar a su
paroxismo, de repente arrebataba un signo de vida a la melodía, a
aquellas pocas notas felices que al unirse con el baile lo santificaban
por un instante, tras lo cual se reanudaba la colaboración salvaje,
oscura, sorda y sin Dios de unos cuerpos agitados y arrastrados por su
propio ímpetu?
El baile, a pesar de
su imperfección, creaba la música, y es aquí donde Gombrowicz hace una
pirueta profunda, a pesar de tener conciencia de que esa idea se le
había ocurrido sin elaboración.
La idea de que el baile creaba
a la música era lo que había en el fondo de los libros, de las luchas y
del valor de los escritores a lo largo de toda la historia. Hacia ese
idea se precipitaba toda la humanidad, esa idea se había convertido en
la inspiración y en la meta de nuestro tiempo.
?También yo me
dirigía hacia esa idea siguiendo una espiral que estrechaba cada vez
más sus círculos. Pero en este momento me quedé anonadado. ¡Porque me
di cuenta de que había pensado esta idea sólo por su pathos!?
Gombrowicz
llega a la conclusión de que el baile degrada el espíritu de la música
así como los libros degradan el espíritu de los escritores, pero son
justamente el baile y los libros los que crean el espíritu del hombre.
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solicitud
El libro de czelaw milosz "la mente cautiva" quisiera leerlo pero en mi pais CUBA no se ha publicado si alguien pudiera enviarmelo digital se lo agradeceria mucho.