
WITOLD GOMBROWICZ Y MARIE SKLODOWSKA CURIE
“Un
día tuve ocasión de participar en una de esas reuniones de polacos
dedicadas a darse ánimos mutuamente..., donde, tras haber cantado la
Rota y bailado un krakowiak, todo el mundo se puso a escuchar a un
orador que exaltaba a nuestro pueblo porque había dado al mundo a
Chopin, porque teníamos a Curie-Sklodowska y a Mickiewicz, y además
porque fuimos el último baluarte del cristianismo y porque la
constitución del 3 de mayo había sido muy progresista (...)”
“Explicaba
a sí mismo y a todos los asistentes que éramos una gran nación, lo cual
tal vez ya no despertaba el entusiasmo en los oyentes (conocían ese
ritual y participaban en él como en un acto religioso del que no se
debían esperar sorpresas), que, sin embargo, lo recibían con cierta
satisfacción por haber cumplido con un deber patriótico (...)”
“Pero
yo veía esa ceremonia como venida directamente del infierno; esa misa
nacional se me antojaba un espectáculo diabólicamente sarcástico y
malignamente grotesco. Porque ellos al exaltar a Curie-Sklodowska y a
Mickiewicz se humillaban a sí mismos, y cuando glorificaban a Chopin
demostraban que no eran dignos de él, y, deleitándose con su propia
cultura, dejaban al descubierto su barbarie”
Madame Curie había
actualizado para los polacos con la radioactividad, con el Radio y con
el Polonio, la gloria que había alcanzado Copérnico con su
heliocentrismo. Marja Skłodowska, química y física polaca, pionera en
el campo de la radiactividad, fue la primera persona en recibir dos
premios Nobel, el de Física y el de Química, y la primera mujer en ser
profesora en la Universidad de París. Fundó el Instituto Curie en París
y en Varsovia.
Estuvo casada con el físico Pierre
Curie que murió en un accidente al ser atropellado por un coche de
caballos en una calle de París cuando se dirigía a su laboratorio.
Tiempo después de la muerte de su marido, inició una relación de pareja
con el físico Paul Langevin, quien estaba casado, lo que generó un
escándalo periodístico con tintes xenófobos pues la atacaron por su
condición de polaca judía.
Después de quedarse ciega, murió de
anemia aplásica, a consecuencia de las radiaciones a la que estuvo
expuesta en sus trabajos. Esta diminuta física polaca vivió la mayor
parte de su vida en París. Una de las científicas más famosas de la
historia, no sólo fue una mujer pionera en un mundo dominado por los
varones, también fue la primera persona en recibir dos premios Nobel.
Einstein
y Curie no tuvieron una relación extremadamente estrecha, pero su fama
simultánea aseguró que se encontrasen a menudo. Curie escribió una
recomendación profesional para Einstein, quedó deslumbrada por ese
joven talentoso en un congreso que reunió a los físicos más famosos.
“He
admirado mucho los trabajos publicados por Monsieur Einstein en
cuestiones concernientes a la física teórica moderna en Bruselas, donde
asistí a una conferencia en la que Monsieur Einstein participó. Pude
apreciar la claridad de su mente, la amplitud de su documentación y la
profundidad de su conocimiento. Si se considera que Monsieur Einstein
es aún muy joven, se tiene todo el derecho para depositar las mayores
esperanzas en él y verle como uno de los teóricos importantes del
futuro”
Einstein fue una de las muchas figuras prominentes que
acudieron en ayuda de Curie cuando fue atacada en la prensa por una
aventura que tuvo con Paul Langevin, alumno de Pierre Curie, más joven
que ella y casado. Aunque la historia demostró que el affaire había
existido, Curie siempre lo negó. Einstein le creyó a Curie y afirmó que
los rumores eran estupideces: “Ella no es lo suficientemente atractiva
como para llegar a ser peligrosa para nadie”.
Esta
afirmación resulta muy curiosa viniendo de un hombre que solía tener
problemas con las mujeres y que más de una vez sucumbió a esos asuntos
peligrosos. El que Curie fuese una mujer no llegó a entrar nunca en la
cabeza de Einstein. Un año después de la muerte de Curie, Einstein
escribió un elogioso homenaje para recordarla en un acto celebrado en
el Museo Roerich de Nueva York.
“Fue para mí una fortuna estar
unido a Madame Curie durante veinte años de sublime y perfecta amistad.
Llegué a admirar su grandeza humana sin límite. Su fuerza, su pureza de
voluntad, su austeridad consigo misma, su objetividad, su juicio
incorruptible, todas estas son virtudes que raramente se encuentran en
un sólo individuo.”
En el mismo año en que moría Marja Sklodowska
Gombrowicz estaba escribiendo el Filifor y el Filimor forrados de niño
e “Ivona, princesa de Borgoña”. Gombrowicz necesitaba víctimas, no
podía pues manifestarle admiración a la Curie, si bien era una gloria
polaca, era también una mujer científica, una combinación que le
resultaba explosiva.
“Necesitaba
víctimas... Me sentía feliz cuando caía en mis manos un interlocutor
cándido y apasionado con quien podía jugar como el gato con el ratón
(...)”
“A veces ocurría que las víctimas se convertían en
adeptos o incluso en amigos (...) En ocasiones se producían
cortocircuitos, la medida se colmaba y uno u otro de los presentes se
ponía violentamente de pie y se marchaba ofendido. Pero generalmente
había más risas que ofensas”
Son comentarios que hace Gombrowicz
sobre la bohemia de su juventud en los cafés de Varsovia, un talante
burlón y sarcástico que debió ir atemperando con los años, pero no
ocurrió así. Gombrowicz, como el alacrán, no pudo con el genio, y no sé
si tan feliz como cuando era veintiañero, pero aquí, en los cafés de
Buenos Aires, siguió haciendo lo mismo con nosotros, eran como
ejercicios en técnicas de guerra. Los que nos hacíamos sus adeptos y
sus amigos le testimoniábamos de entrada nuestra simpatía.
Su
tendencia innata a llevar siempre la contraria le acentuaba todas las
características que lo diferenciaban de nosotros, ésa era su política.
Teníamos debilidad por ese noble polaco venido a menos, nos divertía y
nos hacía reír, delante de él sentíamos que nuestra vida tenía más
colorido y era más interesante.
Cuando lo conocí en el café Rex en
1956 hacía ya algunos años que escribía sus diarios y que había roto
las relaciones con la gente de Polonia y con todo lo que creaban. Sus
colegas tenían necesidad de asimilar una fe, fuera la que fuese, una
postura ideológica o estética, porque los ayudaba a organizarse
apoyándose en ella, con la esperanza de que se convertirían en
escritores auténticos, pero sólo les servía para sumergirse en una
orgía de irrealidad.
“Me
bastaba pues, con que de este lado me llegara un soplo de vida
auténtica. Avanzaba en esta dirección a ciegas, simplemente porque cada
paso en este sentido hacía mi palabra más fuerte y mi arte más
auténtico. Lo demás no me preocupaba demasiado. Lo demás, tarde o
temprano, llegaría por sí solo”
Pero Polonia no era tan cándida como
lo éramos nosotros, no podía jugar con ella como el gato con el ratón,
en consecuencia se produjeron cortocircuitos y entonces se puso a
escribir los diarios.
“Había pues que evitar dar al ‘Diario’ un
carácter de confesión; debía presentarme en él en acción, en mi
intención de imponerme al lector de una determinada manera, en mi
voluntad de crearme a la vista y conocimiento de todos como lo que
quería ser para ellos, y no como lo que era”
En
los diarios manifiesta también esa tendencia que se le había despertado
desde joven que lo inclinaba inexorablemente a la búsqueda de víctimas,
y empieza a componer en ellos una obra maestra. Este género literario
era pariente cercano de su otra obra maestra: las conversaciones que
mantenía con nosotros en los cafés. En el “Diario” se pone de relieve a
sí mismo, se explica, provoca la indignación de los lectores, comenta
su obra y le declara la guerra a la crítica.
Libra batallas con la
literatura y el arte, y lleva ataques sostenidos contra la poesía, la
pintura y París. Abre frentes contra el existencialismo, el
catolicismo, el marxismo y el estructuralismo, y también contra las
culturas secundarias. Ve al hombre como una criatura y un creador de la
forma, como a un ser insuficiente e inmaduro.
Hay páginas de
carácter exclusivamente artístico llenas de humor y de lirismo, otras
dedicadas a las excentricidades, a las mentiras, a las bromas y a los
engaños, todo igual que en los cafés de Varsovia y de Buenos Aires,
pero en forma más organizada. La agresividad que aparece en los diarios
no tiene como única causa su tendencia natural a llevar la contraria.
En
esta obra lleva adelante con audacia, despreocupación y encarnizamiento
una crítica abierta a toda la cultura moderna. Lo puede hacer porque no
tiene nada que perder, podía escribir todo lo que le pasara por la
cabeza pues a los demás los tenía sin cuidado. Y si bien era un artista
no era un escritor introducido en el mundo literario, alguien con
cierta mundología propia de ese medio y formado en una escuela
determinada.
Su inclinación natural a llevar una vida
estrictamente personal, su situación social y el exilio argentino es lo
que se hallaba en la raíz de esta agresión. No era nada, por lo tanto
podía permitírselo todo. En el ámbito de la cultura las cosas van más o
menos bien si todo permanece como debe ser, respetable y digno de
consideración. Si se transgreden las reglas la cosa se pone fea.
“Mi
‘Diario’ no se propone profundizar nuestra cultura, enriquecerla, se
propone comprobar si está construida a nuestra medida humana y si
permanece en el suelo con nosotros. No es la cultura la que me
interesa, sino nuestras relaciones con ella. Mi punto de partida es
pérfidamente simplista: todos jugamos a ser más sabios y más maduros de
lo que somos”
La sabiduría y la guerra son vapores en medio de
los cuales se mueve a menudo Gombrowicz, como si de la mano de Minerva
–la diosa de la sabiduría, de las artes y de las técnicas de la guerra–
quisiera dar cuenta de buena parte del mundo.
“Y si a Sócrates se le
hubiera aparecido Casandra con la siguiente profecía: –¡Oh, mortales!
¡Oh, estirpe humana! Mas os valdría no alcanzar a ver el lejano futuro
que será diligente, escrupuloso, laborioso, liso, llano, miserable...
Ojalá las mujeres dejasen de parir, pues todo lo que nazca nacerá al
revés: la grandeza engendrará la pequeñez, la fuerza la debilidad, y de
vuestra razón procederá vuestra estupidez. ¡Oh, ojalá las mujeres
diesen muerte a sus recién nacidos...!, porque tendréis funcionarios
por jefes y héroes, y los buenazos serán vuestros titanes. Se os
privará de belleza, de pasión y de placer (...)”
“Os
esperan tiempos fríos, tediosos y secos. Y todo eso será obra de
vuestra propia Sabiduría, que se despegará de vosotros y se volverá
incomprensible y feroz. ¡Y ni siquiera podréis llorar, puesto que
vuestra desgracia estará ocurriendo fuera de vosotros! ¿Será esto una
blasfemia contra nuestro Supremo Hacedor? ¿Nuestro Creador de hoy?
(Naturalmente me estoy refiriendo a la ciencia) ¡Quién se atrevería!
También yo me postro ante la más joven de las Fuerzas Creativas,
también yo me prosterno, hosanna, pues esta profecía canta precisamente
al triunfo de la omnipotente Minerva sobre su enemigo, el hombre”
La
sabiduría que menos soportaba Gombrowicz era la de la ciencia, con la
ciencia nos estamos encaminando poco a poco a una raza de pigmeos de
cabezas hinchadas y de delantales blancos.
Los científicos son
unos especialistas que manipulan nuestros genes, se inmiscuyen en
nuestros sueños, modifican el cosmos y manosean nuestros órganos
íntimos. La ciencia tiene un carácter abominable, es como un cuerpo
extraño introducido en la razón, que la razón lleva como una carga con
el sudor de su frente. Es como un veneno, y cuanto más débil es la
razón tantos menos antídotos encuentra y tanto más fácilmente sucumbe.
El crecimiento del cientificismo terminó por estimularle su naturaleza
profética y blasfema.
"Las opiniones vertidas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.






































