
WITOLD GOMBROWICZ Y PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA
“Los
días vividos a la sombra de aquel terrible enigma del sueño me
introdujeron en regiones espirituales hasta entonces desconocidas y que
no hubiera alcanzado con facilidad por caminos normales. Me pusieron en
contacto con el misterio, con la máscara, me revelaron el poder de los
significados ocultos del sueño, me arrancaron de la rutina de lo
cotidiano para precipitarme en el pathos, en el drama de nuestra
verdadera situación en el mundo. Esos descubrimientos casi oníricos me
mostraron un lenguaje sibilino y poderoso, al que luego recurrí con
gran frecuencia en mis obras literarias posteriores”
Gombrowicz buscó en la música, en la filosofía y en los sueños una compensación para el desorden interior
que lo amenazó desde su más temprana juventud. Igual que Freud, le daba una gran importancia a la sexualidad y a los sueños.
Sobre
los sueños pensaba que nada en el arte, ni siquiera los más inspirados
misterios de la música, puede igualar al sueño. El sueño nos parte en
trozos la vigilia y la vuelve a armar de otra manera, y esta sombra de
la vigilia está cargada de un sentido terrible e inescrutable. El
artista tiene que penetrar la vida nocturna de la humanidad y buscar en
ella sus mitos y sus símbolos.
El arte debe imitar al sueño, tiene
que destruir la realidad, partirla en trozos y construir un mundo nuevo
y absurdo. Cuando destruimos el sentido exterior de la realidad nos
internamos en nuestro sentido interior, una oscuridad con la claridad
de la noche. En los escritos de Gombrowicz hay tres cosas que nunca
faltan: la sexualidad, el humor y los sueños.
Estos
componentes pesan de una manera diferente en cada una de sus obras.
Podemos afirmar que entre su primera y su última obra la sexualidad
sigue una línea ascendente, el humor una descendente y los sueños una
constante. Hay personas que sueñan con desaparecer, otras que sueñan
con ser invisibles, hay muchos sueños, la pasión predominante de
Gombrowicz era duplicarse, triplicarse, cuadruplicarse.
No
es extraño, pues, que luego de tantas fragmentaciones se haya querido
sintetizar a toda costa convirtiéndose en un campeón de los sueños y de
la entronización del yo, tanto que en “Yo y mi doble” sueña con su
propio ectoplasma. “El casamiento” es una obra oscura, sonámbula,
extravagante; ni yo mismo sabría descifrarla por entero, tanta sombra
hay en ella”
Gombrowicz empezó “El casamiento” durante la guerra
con el propósito de escribir la parodia de un drama genial como
Shakespeare en cuanto al estilo y como Calderón de la Barca en cuanto a
los sueños. Pedro Calderón de la Barca, dramaturgo y poeta español, es
la última figura importante del siglo de oro de la literatura española.
Fue soldado en la juventud y sacerdote en la vejez, lo que era bastante
habitual en la España de su tiempo.
En
sus años jóvenes su nombre aparece envuelto en varios incidentes
violentos, como una acusación de homicidio y la violación de la
clausura de un convento de monjas. En vida fue un autor respetado por
todos y rara vez aparece mezclado en las violentas polémicas literarias
de sus compañeros de letras. Después de la muerte de Lope de Vega fue
reconocido como el dramaturgo más importante de su época.
Sus
dramas se dividen en dramas religiosos, trágicos o de honor, y
filosóficos. Entre los religiosos se destaca “El mágico prodigioso”,
que tanto entusiasmó a los románticos alemanes, especialmente a Goethe
que no lo perdió de vista en ningún momento mientras escribía su
“Fausto”. El más conocido de los dramas filosóficos de Calderón es “La
vida es sueño”, una de las obras de la literatura española de valor
universal.
Su
complejidad, como ocurre con tantas obras maestras, ha dado lugar a
infinidad de interpretaciones. La idea central del drama cuenta con una
historia larga, variada e ilustre, pero Calderón la revive con otros
temas como la lucha de la libertad contra el destino y la trascendencia
simbólica. Aparecen también unos personajes que llegan a representar a
toda la condición humana.
Su densidad filosófica y simbólica,
sus soluciones teológicas, su sentido moral, jurídico y político, hacen
que sea la obra más comentada de la literatura española, a excepción de
“El Quijote”, de Cervantes. Goethe consideraba a Calderón el gran genio
del teatro y Shelley vio en Calderón al poeta dramático y lírico más
grande. Calderón es el dramaturgo por excelencia del barroco español.
El
sentido teológico y metafísico de su tiempo informa todas sus obras,
donde aúna la fe y la razón, y, sin embargo, su debate entre deseos y
terrores que el verbo intenta vanamente comprender remite al presente.
El personaje más universal de Calderón de la Barca es el desgarrado
Segismundo de “La vida es sueño”, considerada como la cumbre del teatro
calderoniano.
Esta
obra, paradigma del género de comedias filosóficas, recoge y dramatiza
las cuestiones más trascendentales de su época: el poder de la voluntad
frente al destino, el escepticismo ante las apariencias sensibles, la
precariedad de la existencia, considerada como un simple sueño y, en
fin, la consoladora idea de que, incluso en sueños, se puede todavía
hacer el bien.
“La vida es sueño” explica la desafortunada vida de
un príncipe de Polonia que ha sido condenado por su padre a vivir
prisionero en las mazmorras de un castillo. El rey de Polonia, Basilio,
es muy propenso a creer en la astrología y consultándola concluye que
el niño le destronará. Decide entonces encerrar a su hijo en un
castillo apartado. El joven príncipe vive durante años sólo y
encadenado, sin saber nada de su origen ni de su destino.
Pasa
el tiempo, y el rey desea poner su hijo a prueba para ver si es digno
del trono. Con este propósito le dan un narcótico y lo llevan a
palacio, cuando Segismundo despierta comprueba con sus propios ojos
todo el lujo que existe a su alrededor, queda anonadado y llega a
pensar que tal vez se trate sólo de un sueño. El príncipe Segismundo se
entera que es hijo del rey, al conocer la injusticia de la que había
sido víctima, reacciona de forma violenta.
Basilio piensa que las
predicciones se están cumpliendo y vuelve a encarcelar a su hijo.
Cuando Segismundo despierta en prisión cree definitivamente que todo
aquello había sido un sueño. Pero el pueblo, al saber que su príncipe
se halla prisionero, se rebela contra el rey y libera a un Segismundo
que se considera merecedor del trono. Ya en libertad el joven se
enfrenta a su padre y triunfa.
Se
cumple, así, el pronóstico del horóscopo. No obstante, con todo lo que
ha sufrido y aprendido de la vida, Segismundo es generoso y bueno con
el rey Basilio, así que lo perdona y restablece la justicia del reino.
Los infortunios de Rosaura y el príncipe son paralelos y sus destinos
se entrelazan en diferentes situaciones que viven para crear un lazo
entre los distintos sueños de Segismundo.
Rosaura le da al
príncipe las fuerzas necesarias para su superación humana y su victoria
sobre el destino. El desarrollo del drama acaba concluyendo que el
hombre es un ser libre capaz de vencer sus instintos y escoger su
camino de forma adecuada. La fantástica relación de la vida con un
sueño se puede comparar con el tópico de la fantasía y de la realidad,
de lo aparente y de lo auténtico.
El éxito de esta obra se debe fundamentalmente al talento de
su autor y al gran interés de los temas universales de la condición
humana que nunca pasan de moda. “¿Qué es la vida? Un frenesí, ¿Qué es
la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es
pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”
El
príncipe Segismundo de “La vida es sueño” y el príncipe Henryk de “El
casamiento” siguen caminos algo diferentes pero ninguno de los dos
distingue en sus historias si son verdaderamente reales o están
dictadas tan sólo por los sueños. “El casamiento” representa la
teatralidad de la existencia, una realidad creada a través de la forma
y de los sueños que se vuelve contra Henryk y lo destruye. En esta obra
Gombrowicz le abre la puerta a sus percepciones proféticas.
Es
el sueño sobre una ceremonia religiosa y metafísica que se celebra en
un futuro trágico en el que el hombre advierte con horror que se está
formando a sí mismo de un modo imprevisible como un acorde disonante
entre el individuo y la forma. Si no hay Dios, entonces los valores
nacen entre los hombres. Pero el reinado de Henryk sobre los hombres
tiene que hacerse real, las necesidades formales de la acción para
hacerlo un rey verdadero terminan por derrumbarlo y toda la
transmutación fracasa.
Henryk
ha recibido un zarpazo de Dios. En esta pieza de teatro se cuenta el
sueño de un soldado polaco alistado en el ejército francés que está
peleando contra los alemanes en algún lugar de Francia. Durante el
sueño se le abren paso las preocupaciones que tiene por su familia
perdida en alguna de las provincias profundas de Polonia y se le
despiertan los temores del hombre contemporáneo a caballo de dos
épocas. Henryk ve surgir de ese mundo onírico a su casa natal en
Polonia, a sus padres y a su novia.
Los sueños y el yo son
ideas poderosas, son el origen de todas las cosas, y también son ideas
poderosas por la grandeza que pueden alcanzar en la forma de una
personalidad. Que el yo y los sueños sean el origen de todas las cosas
es una cuestión a la que le sale al paso Martín Buber cuando Gombrowicz
le manda “El casamiento”.
La
tragedia sólo es posible si hay por lo menos dos personas, si existe un
antagonismo real entre dos personas diferentes, ajenas una a la otra,
que por esa diferencia se pueden destruir mutuamente. Pero si lo que
ocurre, ocurre entre una persona y un mundo de sueños cuya existencia
está tan solo en el poder de su imaginación, el resultado puede ser
irónico o paradójico, satírico o burlesco, todo menos dramático, pues
no existe drama donde la resistencia del otro no es real y existe sólo
en la región del sueño.
Pero el sueño de “El casamiento”, según
lo ve Gombrowicz, es un sueño sobre la realidad, y los miedos que
enfrenta el protagonista provienen de un contacto real con la vida,
aunque sea un contacto con personas creadas por su imaginación en la
esfera de los sueños. Los hombres independientes no existen, y nuestras
ideas y sentimientos no vienen de nosotros mismos, se forman entre los
hombres, en la esfera peligrosa y poco conocida de la forma y de los
sueños.
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