
Ajedrez
Incapaz de movilizar los peones hacia
la conquista de antiguos
sueños, me deslizo
suavemente entre las damas. Encerrado
en su torre de látigo
y cristal, el rey
vigila mi estrategia. Mas
la reina y yo nos refugiamos,
en el limpio tablero de la noche.
Rojo alazán, inconteniblemente
troto como la historia
que ninguna defensa
puede tener en estos tiempos.
La reina por siempre será mía.
Y no entraté en contradicción:
Compartiré mi júbilo
-Nunca
el tablero-
Con todos los peones del mundo.
En: Hipócrita lector Nº1. Lima
Agosto de 1972






































