
WITOLD GOMBROWICZ Y WILLIAM SHAKESPEARE
La
admiración que Gombrowicz sentía por Shakespeare es una constante de
toda su vida. La acción de sus piezas de teatro transcurre en un medio
cortesano porque quería imitar a Shakespeare y porque sus manías
genealógicas nunca lo abandonaron. Su familia tenía una posición
ligeramente superior a la media de la nobleza polaca, pero no
pertenecía a la aristocracia.
La pertenencia de Gombrowicz a una
clase social situada entre la alta aristocracia y los hidalgos
campesinos se le manifestó como un gran problema que llegó a tener
alcances de obsesión. Cuando la inclinación de Gombrowicz por lo la
naturaleza de lo inferior y de lo bajo se le volvía demasiado obsesiva
Shakespeare lo ayudaba a controlarse y a tomar distancia.
“Los campesinos son unos dementes. ¡Los obreros,
pura patología! ¿Oís lo que dicen? Son unos diálogos oscuros y
maniáticos, limitados, no con la sana limitación de un analfabeto, sino
con un balbuceo de loco que clama por el hospital y por el médico...
¿Es que pueden ser sanas esas imprecaciones y obscenidades inacabables,
sin más, esa mecánica ebria y demencial de su convivencia? Shakespeare
tenía razón al presentar a la gente simple como seres exóticos, es
decir, de hecho, sin parentesco con el hombre”
Gombrowicz quería
hacer de sí mismo un personaje como Hamlet o como Don Quijote mientras
andaba detrás de las siete llaves para abrir el arcón de los
conocimientos más importantes y fundamentales. En el año 1935 publica
un artículo entusiasta sobre Don Quijote, un libro que en adelante será
para él una fuente inagotable de inspiración.
El humanismo y el humor de Don Quijote y la teatralidad de
Hamlet fueron modelos que Gombrowicz siguió para ordenar su tendencia a la creación anárquica.
“En
cuanto a mí, nunca más, yo soy (...) yo soy mí problema más importante
y posiblemente el único, el único de todos mis héroes que realmente me
interesa. Comenzar a crearme a mí mismo y hacer de Gombrowicz un
personaje como Hamlet o Don Quijote”
Los tonos de sus conferencias
variaban con el auditorio, pero en un momento determinado siempre
cambiaban de rumbo. Eran climas funambulescos como el que imperaba una
noche en la Fragata cuando, después de un paseo por las grandes figuras
de la filosofía, sorprende a los contertulios recitando Hamlet en
polaco y aflautando la voz en los parlamentos de Ofelia.
Gombrowicz
empezó “El casamiento” en la Argentina, durante la guerra mundial, con
el propósito de escribir la parodia de un drama genial al estilo de
Shakespeare. Se propuso mostrar a la humanidad en su paso de la iglesia
de Dios a la iglesia de los hombres, pero esta idea no le apareció al
comienzo de la obra, en la mitad del segundo acto todavía no sabía bien
lo que quería.
“El
casamiento” representa una teatralidad de la existencia a lo
Skakespeare, una realidad creada a través de la forma que se vuelve
contra Henryk y lo destruye. En esta obra Gombrowicz le abre la puerta
a sus percepciones proféticas. Es el sueño sobre una ceremonia
religiosa y metafísica que se celebra en un futuro trágico en el que el
hombre advierte con horror que se está formando a sí mismo de un modo
imprevisible; un acorde disonante entre el individuo y la forma.
La
figura de Hamlet que obsesionaba a Gombrowicz está fuertemente ligada a
la de la calavera, símbolo de la muerte. La tragedia, situada en
Dinamarca, cuenta cómo el príncipe Hamlet se venga de su tío Claudio,
quien ha asesinado a su padre, el rey, para casarse con su esposa la
reina y ser el gobernante del país. La obra explora temas tales como la
locura real y fingida, la traición, la venganza, el incesto y la
corrupción moral.
En
los tiempos de Hamlet Dinamarca tenía una larga enemistad con Noruega,
los dinamarqueses esperaban una invasión del ejército noruego comandado
por el príncipe Fortimbras. En esas horas tan aciagas y peligrosas
muere el rey de Dinamarca, lo sucede su hermano Claudio casado
inmediatamente con la esposa del soberano, madre del príncipe Hamlet
abrumado por los infortunios familiares.
En una noche fría de
Elsinor, el castillo real de Dinamarca, unos centinelas, Horacio, el
mejor amigo de Hamlet, y Hamlet ven y escuchan al fantasma del soberano
muerto. Les dice que su hermano Claudio lo había asesinado vertiéndole
veneno en un oído mientras dormía. Le pide a su hijo que lo vengue
matando al homicida, pero Hamlet duda sobre si el espíritu es realmente
su padre y si es verdad lo que le dice.
Ofelia, hija de Polonio,
el chambelán del reino, y hermana de Laertes es cortejada por Hamlet.
Está alarmada por el comportamiento extraño del príncipe, Polonio
presume que Hamlet se ha vuelto loco y se lo cuenta a los reyes. La
reina se reúne con Hamlet para tratar de entender su conducta, Polonio
se oculta detrás de una cortina para espiar y escuchar.
Hamlet
le reprocha a su madre su apresurada boda con Claudio, cuando escucha
un ruido detrás de la cortina y pensando que es el rey lo apuñala,
causando la muerte de Polonio. Ofelia enloquece y comienza a desvariar
y a cantar; su hermano Laertes regresa de Francia con la idea de vengar
la muerte de su padre. Claudio lo convence de que Hamlet tiene toda la
culpa de la muerte de Polonio.
El rey y Laertes organizan un plan:
Laertes peleará contra Hamlet con una espada envenenada para así tener
más posibilidades de matarlo. En caso de que falle, Claudio le ofrecerá
a Hamlet vino con veneno. En ese momento llega la reina para informar
que Ofelia se ha ahogado en un río. En el duelo, Laertes hiere con su
espada envenenada a Hamlet pero el príncipe se la quita y lo hiere con
ella.
La
reina madre muere al beber el vino envenenado. Laertes le confiesa a
Hamlet que la trampa del vino fue ideada por el rey. Hamlet,
encolerizado, por fin logra herir al rey y le hace beber de su propio
veneno, cumpliendo finalmente la venganza que el fantasma de su padre
anhelaba. Hamlet, antes de morir, pide que se declare al príncipe
Fortimbras heredero del trono. La obra finaliza con la entrada en la
corte de Fortimbrás, quien ofrece un funeral militar en honor a Hamlet
en medio del espectáculo de tantas muertes.
William Shakespeare,
dramaturgo, poeta y actor inglés es considerado el escritor más
importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura
universal. Con el paso del tiempo, se ha especulado mucho sobre su
vida, cuestionando su sexualidad, su afiliación religiosa, e incluso,
la autoría de sus obras.
Su
obra, en total catorce comedias, diez tragedias y diez dramas
históricos, es un exquisito compendio de los sentimientos, el dolor y
las ambiciones del alma humana. Los grandes temas son tratados por
Shakespeare con los acentos más ambiciosos, y sin embargo lo trágico
surge siempre del detalle realista o del penetrante tratamiento
psicológico del personaje, que induce al espectador a identificarse con
él.
De este modo Hamlet refleja la incapacidad de actuar ante el
dilema moral entre la venganza y el perdón; Otelo, la crueldad gratuita
de los celos; y Macbeth, la siempre cruel tentación del poder. Aunque
hoy son muy conocidas y apreciadas, sus contemporáneos de mayor nivel
cultural rechazaron sus obras por considerarlas tan sólo un vulgar
entretenimiento.
Es proverbial la indiferencia y el
distanciamiento casi inhumanos de Shakespeare respecto a la realidad de
sus personajes. No moraliza, no predica, no propone fe, creencia, ética
ni solución alguna: plantea, y lo hace mejor que nadie, algunas de las
angustias fundamentales de la condición humana, pero nunca les da
respuesta.
Su
fantasía es capaz de ver un universo en una cáscara de nuez; como
creador de personajes, cada uno de ellos representa en sí mismo una
cosmovisión, por lo cual se le ha llamado poeta de poetas. Sin embargo,
y por eso mismo, se le han hecho también algunos reproches: los
personajes de sus obras parecen autistas, no saben escucharse y
permanecen cerrados en su mundo a toda comprensión profunda del otro.
¿Qué simpatía existe entre Hamlet y su pobre y torturada novia Ofelia?
Ésta
es una de las diferencias más notables y sensibles entre Shakespeare y
Cervantes. Cervantes, en este sentido, es absolutamente opuesto y hace
ver la conexión humana que llega a establecerse entre los hombres; el
filosófico y trágico distanciamiento de Shakespeare impide ese
acercamiento humano. Pero Shakespeare dramatizó como ningún otro el
desarrollo de los sentimientos y de las pasiones humanas y no deja de
ser una paradoja que Gombrowicz lo haya tomado como ejemplo.
Para
Shakespeare los sentimientos eran la materia prima de todo lo que
existe y para Gombrowicz eran una afección que había que evitar en el
arte y también en la vida. Gombrowicz trató a los sentimientos como
costumbres agonizantes y esclerosadas de las que se habían escapado sus
contenidos vivos quedándose nada más que con la rigidez de las formas
puras.
“Aún hoy en día sigo sin saber gran cosa de Ionesco y
de Beckett porque confieso, tanto sin vanidad como sin rubor, que soy
un autor de teatro que no asiste a representaciones desde hace
veinticinco años y que, salvo de Shakespeare, no leo teatro. Me
gustaría saber hasta cuando esos dos nombres malditos devorarán toda la
sustancia de las críticas dedicadas al teatro que escribo; hasta cuando
han de servir de pantalla a mi modesto teatro de aficionado (...)”
“En
mí, escribir supone sobre todo juego, no pongo en ello intención, ni
plan ni objeto. He ahí por qué no resulta nada fácil extraer de mis
obras un esquema ideológico. Es un esquema, lo subrayo una vez más, a
posteriori”
Gombrowicz se ocupa especialmente de destruir el
carácter, para él no existe el carácter, sólo para otra persona
aparecemos como un carácter, como una sustancia psíquica.
Rechaza
las sustancias en cualquiera de sus formas: el carácter, el
temperamento o la naturaleza humana. La herencia, la educación, el
ambiente y la constitución fisiológica no son más que los grandes
ídolos explicativos de nuestra época porque corresponden a una
interpretación sustancialista del hombre, pero Gombrowicz no le tiene
apego a las sustancias.
La formación del hombre por los demás
hombres era una cuestión crucial que Gombrowicz quería poner en
evidencia. La idea de la forma era muy natural para él pero, en verdad,
de difícil comprensión; era muy natural en él por el rumbo artificial
que había tomado su conducta desde joven y por sus sentimientos de
extrañamiento. La consecuencia que saca de esta anomalía es que en la
conducta de los otros tenía que haber también, por lo menos en estado
larval, una intervención de lo casual.
Sin
embargo, Gombrowicz no quiere desmenuzar al individuo hasta convertirlo
en una especie de polvo psíquico, el individuo vendría a ser algo así
como una unidad atormentada por la forma. El carácter es para
Gombrowicz sólo una sustancia que se nos aparece como una caricatura.
El término carácter proviene de un vocablo griego que significa sello o
estampa.
Y estamos habituados a emplear el término en el sentido
de las peculiaridades estampadas en una persona como resultado de su
herencia y de su medio. La literatura dramática de Shakespeare se funda
sobre caracteres de estructuras definidas, que determinan las acciones
en circunstancia dadas. Pero Gombrowicz se convirtió en un autor
dramático sin utilizar caracteres.
Liquida
la sustancia de los caracteres con la forma y con las palabras
especialmente en “El casamiento”: “Las palabras se alían
traicioneramente a espaldas nuestras (...) Y no somos nosotros quienes
decimos las palabras, son las palabras las que nos dicen a nosotros, y
traicionan nuestro pensamiento que, a su vez, traiciona (...) Las
palabras liberan en nosotros ciertos estados psíquicos, nos moldean...
crean los vínculos reales entre nosotros”
La trama no tiene mucha
importancia en la obra de Gombrowicz, la utiliza sólo como pretexto.
Tampoco la tienen los caracteres, lo importante para él es la acción,
por eso toda su creación tanto en las novelas como en los cuentos tiene
esa marcada característica teatral.
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