
WITOLD GOMBROWICZ Y JOHANN WOLFGANG VON GOETHE
“La
madurez precoz de ciertos jóvenes franceses es verdaderamente pasmosa.
Acabo de leer el “Goethe” de Pierre Babin, y me resulta difícil creer
que este joven haya nacido en 1947. Goethe es uno de los temas más
arduos de la literatura universal. Ahora bien, Babin se desenvuelve a
la perfección y demuestra un conocimiento verdaderamente profundo de
la cultura y una erudición muy notable. En mi opinión, el nivel
lingüístico es muy alto, y el libro resulta claro y preciso, y ofrece
casi todas las antinomias goethianas (...)”
Gombrowicz distinguía a
Goethe como una de las más altas cumbres de la literatura universal,
pero el Asiriobabilónico Metafísico tenía una opinión diferente. Este
personaje argentino habla con ligereza de algunos nombres celebérrimos
y de sus obras, al punto de considerar al “Fausto” de Goethe como un
bluff de la literatura.
Antes que ninguna otra cosa Goethe se le asociaba a Gombrowicz con uno de los estilos de la grandeza.
“¿Qué
tema o problema podría ser más mío que ese acrecentamiento depravante
de mi personalidad, inflada por la fama? (...) tengo que encontrar aquí
mi propia solución, y a la pregunta ¿cómo ser grande? debería darle una
respuesta totalmente particular (...) De nada me sirve el Olimpo de
Goethe (...) Nada de eso, ninguna de esas máscaras, ninguno de esos
abrigos purpúreos (...)”
“Mi presencia en Buenos Aires cobrará
matices únicos y endemoniados, seré algo así como un Ricardo Rojas y
como un Goethe con algo de estrafalario y exótico y misterioso (...)”
Johann
Wolfgang von Goethe fue un poeta, novelista, dramaturgo y científico
alemán que ayudó a fundar el romanticismo, movimiento al que influenció
profundamente. Llegó a ser el más grande hombre de letras alemán y el
último verdadero hombre universal que caminó por sobre la tierra. Su
obra, que abarca géneros como la novela, la poesía lírica, el drama e
incluso controvertidos tratados científicos, dejó una profunda huella
en importantes escritores, compositores, pensadores y artistas
posteriores.
Es
incalculable la influencia que tuvo en la filosofía alemana y la
constante fuente de inspiración que significó para todo tipo de obras.
De inteligencia superdotada, y provisto de una enorme y enfermiza
curiosidad, hizo prácticamente de todo y llegó a acumular una cultura
verdaderamente completa.
Desde el puesto de consejero de la
corte de Weimar tuvo la oportunidad de relacionarse con la alta
aristocracia y conoció a personajes notables, como Napoleón Bonaparte,
Ludwig van Beethoven, Friedrich von Schiller y Arthur Schopenhauer. En
el año 1812, Beethoven conoció a Wolfang von Goethe. Los dos grandes
artistas, se admiraron mutuamente pero no pudieron comprenderse.
El
compositor juzgó al poeta como demasiado servil con la aristocracia, y
el poeta opinó que Beethoven era un ser indomable. Pese a esto, la
admiración de Beethoven hacia Goethe como poeta no disminuyó, al
contrario, continuó poniendo música a muchos de sus poemas, y lo
reverenció bajo ese aspecto hasta el final de su vida. Siempre lamentó
no haber sido mejor comprendido por Goethe.
La postura política
de Goethe es conservadora: “prefiero la injusticia al desorden”. Eso le
supuso algunos recelos por parte de otros artistas a los que no les
importaba en lo más mínimo no estar de acuerdo con su contexto social,
como por ejemplo Beethoven. En su complejo y grandioso “Fausto” se
encuentra el último mito que fue capaz de engendrar la cultura europea,
el de cómo la grandeza intelectual y la sed omnímoda de saber pueden,
sin embargo, engendrar la miseria moral y espiritual.
El
“Fausto” de Goethe fue acumulando los resultados de su gran cultura, de
su poderosa inteligencia y de su notable sensibilidad. Por eso la obra
parece una summa artis donde se pueden leer cosas de la más sutil
perspicacia, correspondiente a dos grandes canteras: la del espíritu
burlón y la de la sabiduría filosófica.
El drama empieza en el
Cielo: Dios da permiso al diablo, Mefistófeles, para que ponga a prueba
la virtud de Fausto; hombre sabio y fiel a Dios. Fausto, en realidad,
está aburrido con su saber y lo ha probado todo, desde la magia a la
filosofía. Se encuentran, llegan al tradicional pacto firmado con
sangre y, para empezar, Mefistófeles hace probar a Fausto un brebaje de
una bruja que le quita treinta años de encima.
El joven y apuesto
Fausto, ve por la calle a una muchacha, Margarita, de quien se enamora
inmediatamente. La quiere ya. Margarita es huérfana de padre, vive con
su madre y tiene un hermano soldado, Valentín. Para poder gozar de la
muchacha, que se ha enamorado de Fausto, Fausto proporciona a Margarita
un somnífero, que debe administrar a su madre.
La
madre muere. Margarita queda embarazada. Su hermano quiere vengar su
honor, pero en un encuentro con Fausto es herido y muere. Margarita ha
tenido el hijo y, medio loca, lo mata. Fausto, ayudado del poder de
Mefistófeles, entra en la prisión donde han encerrado a Margarita, pero
ella es ejecutada y se muere. La segunda parte de la obra es compleja,
al final le llega de nuevo la vejez y Fausto se muere.
Cuando
Mefistófeles cree que va a hacerse con el alma de Fausto ve que no
puede. En la escena final, en el Cielo de nuevo, un coro de ángeles
lleva el alma de Fausto: “Se ha librado del malo el noble miembro del
mundo de los Espíritus. Aquel que se afana siempre aspirando a un
ideal, podemos nosotros salvarle; y si, además, desde las alturas por
él se ha interesado el amor, el coro bienaventurado le acoge con una
cordial bienvenida”.
Aparece
entonces la Mater Gloriosa, María. Margarita pide a ella por Fausto. La
Mater Gloriosa dice a Margarita: “¡Ven! Elévate a más amplias esferas.
Si él te presiente, irá en pos de ti”. Y un coro final dice: “Todo lo
perecedero no es más que figura. Aquí lo Inaccesible es hecho, aquí se
realiza lo inefable. Lo Eterno femenino nos atrae hacia lo alto”.
Goethe
dedicó sesenta años a la escritura del “Fausto”, de los ochenta y dos
que vivió. El motivo central del “Fausto”, la aspiración humana a ser
todo, a ser Dios, con la ayuda del Demonio, es un motivo tan antiguo
como el mismo hombre. De los atributos omnímodos que tiene Dios: la
omnipotencia, la omnisciencia, la omnipresencia y la omnibenevolencia,
hay dos por lo menos con los que se queda Gombrowicz, la omnipotencia,
la omnisciencia.
El
hombre quiera afirmarse en su personalidad para ganarle la batalla a
los demás, para llegar a ser eminente. Gombrowicz sabe que no lo sabe
ni lo puede todo, pero su yo no se achica, le ha sido impuesto con
demasiada brutalidad y lo acompaña siempre. La complexión del
pensamiento de Gombrowicz es existencialista. El proyecto fundamental
del hombre es el de convertirse en Dios.
Estar en el mundo es un
proyecto que el hombre tiene para poseer el mundo en su totalidad, como
aquello que le falta a la existencia, para entrar en algo que lo abarca
todo y que es precisamente el ideal, o el valor. Esta idea no ha sido
extraída del “Mein Kampf de Hitler, donde encajaría muy bien como el
sueño pangermanista de poseer y gobernar el mundo entero, sino de la
obra fundamental de Sartre.
Dios es el ser que posee el mundo, un proyecto que de igual modo tienen los hombres porque
también quieren poseerlo, pero este proyecto fundamental, así como el del amor, caen en el vacío.
“La idea de Dios es contradictoria, y nos perdemos en vano; el hombre es una pasión fracasada”
Pese
a que Sartre proclama el fracaso del proyecto humano de llegar a ser
Dios, su filosofía le da finalmente al hombre los atributos de la
divinidad.
“No le reprochamos a Descartes que le haya dado a Dios lo
que nos pertenece a los hombres; antes bien lo admiramos por haber
desarrollado hasta el final los requerimientos de la idea de autonomía,
y por haber comprendido, mucho antes que Heidegger, que la única base
del ser es la libertad”
Se puede decir de Sartre, como dice
Nietzsche en Zaratustra, que a pesar de su ateísmo y del carácter
pornográfico de una parte de su obra, es el más piadoso de los que no
creen en Dios. Hay algunas diferencias en la manera de ver las cosas
que tienen Gombrowicz y Sartre.
Mientras que para Gombrowicz la
base del ser es el yo, para Sartre la base del ser es la libertad. Pero
la diferencia más importante que existe entre ambos es la de que Sartre
no le da ningún lugar a Adán. Gombrowicz en cambio no sólo le da lugar
a Adán, sino que también se lo da a Dios, aspira a que la juventud y la
madurez convivan juntas, un completamiento al que también aspira el
“Fausto” de Goethe.
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