
Mañana finaliza el PRIMER CONGRESO NACIONAL DE FILOSOFÍA de Chile. Ha sido una bocanada de aire fresco en una nación contaminada de banalidades y en mi vida que nunca ha podido detenerse realmente en ella por completo y que ha debido saltar del Mundo a la Filosofía y de la Filosofía al Mundo, de una manera constantemente afligida por la necesidad.
El congreso ha sido también, sin embargo, una experiencia amarga. Este multitudinario mundo de pensadores que se ha tomado la Biblioteca de Santiago nos es más que un paréntesis en una vida que recuerda que no ha podido habitar en aquello que constituye su lugar natural. No tendré ya una academia a la cual volver, y todo volverá a ser el silencio del diálogo constante conmigo mismo y con aquellos que se han dignado a dejar por escrito el transcurrir de su pensar; a mis 39 años no he tenido la posibilidad de doctorarme por las más diversas circunstancias externas y el terror más horroroso se asoma: tal vez no sea posible que dedique mi vida a la única cosa que realmente me ha importado.
Mañana será la clausura ¿será esta una flor de un día o el inicio de una tradición que hará enorgullecerse a las generaciones futuras pensadores? Se deben conjugar diversos factores para que un mortal que ha tenido la osadía de estudiar Filosofía tenga el privilegio de dedicarse a ella por completo. El talento y el amor a esta alocada disciplina no son más que dos factores que deben competir de igual a igual con la disponibilidad del tiempo, del dinero, con la tolerancia de la familia de origen, la familia que se forma, las responsabilidades y disponibilidades varias… mientras aquel que padece esta extraña enfermedad que es la Filosofía sabe que no será feliz a no ser cuando se dedique de lleno a ella y que tal vez, aún teniendo este rarísimo privilegio, la existencia se vuelva no más que un sinsentido anhelante de alguna interpretación valedera. La gran mayoría de los pensadores chilenos debemos conformarnos con vivir la pasión filosófica como un romance clandestino entre las “verdaderas” responsabilidades.
Pasado mañana volveré a luchar en contra de la barbarie de lo cotidiano, a alejarme de la televisión –y yo he escrito para televisión –para evitar que se contamine mi espíritu y a soñar que, en algún momento privilegiado, pueda yo volver a la única patria que reconozco como propia… Ahora me dispondré a aceptar las reflexiones que me propongan las ponencias de mis colegas y, de manera francamente egoísta, me nutriré de las reflexiones que me plantean y trataré de purgar ese egoísmo con unas pocas preguntas en los minutos para incidentes, ya que los concursos y los proyectos no me dejaron espacio para componer mi propia ponencia de una manera digna de aquellos que, como yo, cultivan esta pasión por la Verdad y lo verdadero en un mundo que se funde más y más en aquello francamente falso, en el oropel del consumo y en la avidez de la banalidad.
Espero que el Búho de Minerva realmente pueda levantar el vuelo al anochecer.






































