
JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ Y OSCAR WILDE
El
mundo inferior de Gombrowicz hacia el que lo impulsaba su erotismo
aparecía ante sus ojos como rebosante de una vida intensa pero
despojada de toda forma consciente de obligación. Por entonces, la
lectura de “El retrato de Dorian Grey” de Oscar Wilde, confirmó al
joven Gombrowicz en sus ideas y en su comportamiento. Cabe ver en esta
obra el origen de su culto fáustico por la juventud y por la belleza,
su concepto del erotismo y también el tema del doble, tan importante en
toda su obra.
Oscar Wilde, escritor, poeta y dramaturgo fue una
celebridad de la época debido a su gran ingenio. Su reputación se vio
arruinada tras ser condenado a dos años de trabajos forzados en un
famoso juicio en el que fue acusado de indecencia grave por una
comisión inquisitoria de actos homosexuales.
Oscar
Wilde llegó a ser una de las personalidades más prominentes de su
época. Aunque sus pares en ocasiones lo tildaban de ridículo, sus
paradojas y sus dichos ingeniosos y agudos eran citados por todas
partes. En el plano político Wilde apoyaba un cierto tipo de socialismo
anarquista.
En la cima de su carrera, se convirtió en la figura
central del más sonado proceso judicial del siglo, que consiguió
escandalizar a la clase media de la Inglaterra. Wilde, que había
mantenido una íntima amistad con Lord Alfred Douglas, fue acusado por
el marqués de Queensberry, padre de Alfred, de flagrante sodomía. Se lo
declaró culpable y fue condenado a dos años de trabajos forzados. Salió
de la prisión arruinado material y espiritualmente.
La primera
educación que tuvo Gombrowicz se la proporcionaron la madre y las
institutrices francesas, y es posiblemente entonces cuando se le
empieza a formar su doppelgänger, un ectoplasma en el que, como en el
“Retrato de Dorian Gray”, va colocando el paso del tiempo, la pérdida
de su propia juventud y la aparición de su vejez. Cerca de la muerte,
el doppelgänger recuperaba la juventud y Gombrowicz se volvía viejo.
El
joven y atractivo Dorian Gray es retratado por su amigo pintor Basil
Hallward. A partir de ese momento, será el retrato el que envejezca y
el que recoja las secuelas psicológicas que atormentan y alimentan el
alma de Dorian, mientras que éste parece no avejentarse.
En
“El retrato de Dorian Gray” Oscar Wilde ahonda en el mito de Fausto,
para escribir esta gran novela de tipo filosófico y resonancias góticas
y sentido del humor cínico, una de las cumbres de su literatura. En la
misma se hace una diatriba sobre el significado de la belleza, el
placer, la corrupción moral, la conciencia y el paso del tiempo,
escarbando en la búsqueda de fines hedonistas y en los recovecos más
recónditos del espíritu humano, atraído por el siempre tentador lado
oscuro.
El
libro está ambientado en el Londres de finales del siglo XIX y tiene en
su principal fundamento un comentario moral sobre las consecuencias de
un comportamiento licencioso, con el protagonista principal mostrándose
atraído por la belleza física, voluble con el irrevocable transcurso
temporal, liquidado en su vano narcisismo y en elegir el hedonismo como
fin vital, mientras su alma termina corrompiéndolo y arrojándolo a un
destino fatalista.
“El Retrato de Dorian Gray” es una de las
últimas obras clásicas de la novela de terror gótica con una fuerte
temática fáustica. El libro causó controversia cuando fue publicado por
primera vez; sin embargo, es considerado en la actualidad como uno de
los clásicos modernos de la literatura occidental.
La novela
cuenta la historia de un joven llamado Dorian Gray, retratado por el
artista Basil Hallward, quien queda enormemente impresionado por la
belleza física de Dorian y comienza a encapricharse con él, creyendo
que esta belleza es la responsable de la nueva forma de su arte.
Charlando en el jardín de Basil, Dorian conoce a Lord Henry Wotton, un
amigo de Basil, y empieza a cautivarse por la visión del mundo de Lord
Henry.
Exponiendo
un nuevo tipo de hedonismo, Lord Henry indica que lo único que vale la
pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos. Al
darse cuenta de que un día su belleza se desvanecerá, Dorian desea
tener siempre la edad de cuando le pintó en el cuadro Basil.
El
deseo de Dorian se cumple, mientras él mantiene para siempre la misma
apariencia del cuadro, la figura en él retratada envejece por él. Su
búsqueda del placer lo lleva a una serie de actos de libertinaje y
perversión; pero, el retrato sirve como un recordatorio de los efectos
de cada uno de los actos cometidos sobre su alma, con cada pecado
siendo expuesto como una desfiguración de su rostro o a través de un
signo de envejecimiento.
En
el final Dorian Gray entra a la habitación donde ha mantenido su
retrato escondido, y descubre que su apariencia cada vez es más
horrible, sólo una confesión completa de sus pecados lo redimiría, pero
no está dispuesto a afrontar las consecuencias. En un arranque de
furia, ataca la pintura con el mismo cuchillo con el que había
asesinado a Basil. Los criados escuchan un grito desde la habitación
clausurada.
La policía ya alertada y los criados entran con
algunas dificultades para encontrar el retrato que vuelve a mostrar su
imagen original. Ahí al lado, está el cuerpo de un hombre apuñalado en
el corazón, lleno de arrugas y con un rostro repulsivo. Sólo por medio
de los anillos en su mano fueron capaces de identificar que se trataba
de Dorian Gray.
La homosexualidad de Gombrowicz, igual que a
Oscar Wilde, le traía algunos contratiempos. Estaba preocupado porque
su prontuario en la Policía Federal estaba sucio con estas cosas del
Corydonismo, así que le pidió ayuda a un amigo a ver si conocía a
alguien que se lo pudiese limpiar.
Ya
se sabe que los argentinos somos fanfarrones: cuando se habla de
longitud, la más larga del mundo la tenemos nosotros, por la calle
Rivadavia; cuando se habla de anchura, la ancha del mundo la tenemos
nosotros, por la avenida 9 de Julio; y cuando se habla de la policía,
la mejor del mundo la tenemos nosotros, por la Policía Federal. El
amigo concertó una reunión con un comisario y Gombrowicz en un café
cercano al Departamento Central de la Policía Federal.
Las
cosa iban más o menos bien hasta que Gombrowicz, para hacerse el
simpático, empezó a canturrear en voz baja: –La mejor del mundo... la
mejor del mundo. El comisario le contó después al amigo que Gombrowicz
le había parecido una persona poco seria, así que no había hecho nada
por él.
La
apariencia horrible que va adquiriendo el retrato a medida que Dorian
se va hundiendo sus depravaciones es lo mismo que le pasa a Gombrowicz
en la Falda, una localidad de la provincia de Córdoba. En el año 1944,
a los cuarenta años, sintió que su permanencia ilícita en la juventud
llegaba a su fin: unas arrugas furtivas empezaban a delatarlo, se
sintió contaminado, repulsivo, adulto y comenzó a tratarse de una
manera cruel.
El canto a la homosexualidad que quería escribir
no lo escribió nunca, no lo podía escribir; la edad que en verdad tenía
y su idea de la belleza se lo impidieron. Se volvió terriblemente
impiadoso con la fealdad del cuerpo, con la del suyo y con la de los
demás. Después del episodio de la Falda, Gombrowicz quedó forfait:
episodios homosexuales entre jóvenes, no más de veinticinco, y si no
son feos, bueno, se les puede cantar, pero entre un maduro y un joven,
¡jamás!, sólo saldría un graznido.
Todo
esto, claro está, siguiendo la dura lógica gombrowiczida. Tal como
nosotros perdemos el tiempo hablando de nuestra historia, Gombrowicz
perdió mucho tiempo ocupándose de su homosexualidad. Ahora bien, la
utilizó de una manera magistral en toda su obra, menos en el “Diario”.
Gombrowicz
nunca pudo ajustar las cuentas con su inmadurez, un poco porque no
quiso y otro poco porque no pudo. El aspecto cómico de esa inmadurez
era su infantilismo y la forma dramática su confrontación con la
madurez. Todas las naturalezas intermedias están tironeadas por los
extremos, la crisálida por el gusano y la mariposa, la adolescencia por
la inmadurez y la madurez.
Según este modo de ver las cosas hay
que decir que Gombrowicz fue un adolescente desde la niñez hasta la
muerte. Si hay algo nuevo después de Gombrowicz es la irrupción
consciente que realiza con su inmadurez en el mundo de la cultura. Los
pasajes de su inmadurez a su madurez son obscuros e incompletos, es
evidente que no tuvo esa transformación interna estándar que nos va
volviendo maduros.
Del
erotismo a la sexualidad, del estudio a la profesión, de la profesión
al trabajo, del trabajo al dinero, de la sexualidad a la pareja, de la
pareja a los hijos, y, en general, de una cosa a la otra, en este
camino nos vamos transformando y nos volvemos maduros. Sin embargo,
siempre nos queda en lo profundo del alma como en un sueño actual el
recuerdo de la juventud, el deseo de volver a ser jóvenes, es el sueño
del doctor Fausto, es el sueño fáustico.
Pero, este sueño no era
el sueño de Gombrowicz, es un sueño que él no podía tener. El personaje
más poderoso de Fausto es Mefistófeles, es el único que está por encima
de Fausto, y Fausto es un hombre que pasa dos veces por la juventud: la
que le resulta de su crecimiento natural y la de su pacto con el
diablo.
El sueño
de Fausto es volver a ser joven, puede ver a su juventud desde afuera,
por eso su sueño es una añoranza. En cambio, es difícil saber cuál es
el personaje más poderoso de esa obra titulada Witold Gombrowicz. Por
encima de él no está ni siquiera Dios porque no cree en él, y no tiene
sentido decir que Gombrowicz está por encima de Gombrowicz.
Digamos
que Gombrowicz atraviesa toda su vida, desde la niñez hasta la vejez,
con una inteligencia y una conciencia agudísimas, y esa inteligencia y
esa conciencia tan perfiladas fueron formando un personaje que se puso
por encima de todo lo demás, es el personaje más poderoso de esa obra
llamada Witold Gombrowicz. Gombrowicz no es un hombre que haya pasado
por su juventud, se quedó en ella, se quedó en su inmadurez a pesar de
su degradación biológica.
La inteligencia y la conciencia
profundas son su madurez encarnadas en un ser inmaduro que no logra
ponerse a su altura, nunca se volvió maduro, se volvió viejo, un viejo
inmaduro. Fausto le vende el alma al diablo para volverse joven;
Gombrowicz le vende el alma a esa conciencia agudísima para volverse
maduro. Fausto es un hombre que pasa dos veces por la juventud y por
eso puede añorarla.
Gombrowicz
no logra salir de su juventud, hace el simulacro de que se convierte en
maduro en su obra pero es sólo una ilusión que utiliza para ponerse
fuera de su inmadurez. Todo esto resulta ser una quimera, él no puede
añorar su juventud pues permanece dentro de ella. Los sueños de Fausto
y de Gombrowicz son muy distintos aunque ambos sueñan con la juventud,
uno para añorarla y otro por temor a perderla.
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