Una
respuesta social, compartida por todos. Un sentido trascendental
compartido por la sociedad toda. Esto es lo que fue el Cristianismo en
su momento… sólo que era falso, pero eso no importaba. La humanidad se
lanzó en busca de la verdad y en esa búsqueda no encontramos una
Verdad, pero encontramos el número suficiente de verdades para negar lo
que hasta entonces había sido verdad, LA VERDAD.
El Universo no había sido creado en una semana y era un poquito más grande; el hombre se asemejaba más al mono que a un dios… los creyentes actuales están acostumbrados a pensar tales cosas como ALEGORÍAS, pero no lo eran. Eran una respuesta literal que creía cualquier ciudadano honesto.
Las perspectivas se multiplicaron y de lo cierto se pasó a la búsqueda de lo probable y funcional, con lo que basta para la ciencia y la tecnología… pero el espíritu humano quería la certeza y en ese querer la certeza de la revelación primero y de Descartes después se encontró con este miasma de probabilidades y funcionalidades que en rigor no entiende.
Finalmente muchos llegaron a la conclusión de que, aquello que simplemente me sirva será entonces mi verdad y pareció que cualquier opinión tenía que ser respetada, siendo que no hay nada menos respetable que una opinión: porque una opinión es siempre un prejuicio. Si sé lo suficiente para emitir un juicio, entonces no necesito opinar. Nadie tiene una opinión acerca del teorema de Pitágoras, por ejemplo.
En esta época de perspectivismo los mortales deambulan por el mundo, armados de sus opiniones, las que sin embargo, no funcionan y como no funcionan se gastan un dineral en terapias varias para calmar su angustia. Es lícito tener opiniones e incluso podemos agregar que es imprescindible. La vida nos pone antes decisiones azarosas sobre la que no tendremos información sino una vez tomada la decisión. Esta mujer me acompañará toda la vida es una opinión, una apuesta. Sólo sabré eso al final de mi vida, cuando ya no importe. Pero así como es lícito tener opiniones, no es lícito tener opiniones en contra del conocimiento: yo opino que la gravedad no existe si actuamos según esa opinión desde un décimo piso…
El conocimiento aparece como lejano; sabemos cómo armar computadores, sabemos que Plutón en realidad no es un planeta ¿pero qué mi importa a mí? Yo vivo un día a día y mi respuesta tiene que ser ante la enfermedad, la vejez, el sentido que pueda tener que me rompan el corazón, que me quede sin trabajo y la muerte. Esas son las cosas que preocupan a los mortales y es para ello para lo que finalmente se necesitan estas visiones totales de sentido y estos metarrelatos. A muchas personas ni siquiera les molesta que puedan ser falsos… pero son falsos. Se contradicen con la realidad y entonces quieren limitar el conocimiento científico a límites “éticos”, la sexualidad, que es un problema sanitario en gran medida se transforma en un problema “valórico”. Ciertos comportamientos pasan a ser declarados impíos. Como son falsos, eso conceptos suelen ser arbitrarios y no compartidos por todos, precisamente porque no son de necesidad lógica.
En el extremo opuesto, la noción del mal desaparece por completo. Todo tiene alguna explicación y nadie debe ser castigado por nada, se vuelve imposible emitir juicios porque los criterios se relativizan y los comportamientos no parecen tener límites. Entonces se busca un acuerdo en moral y para ello se vuelve imperativo distinguir entre lo bueno y lo malo, pero tales nociones se han vuelto esquivas y recuerdan demasiado al metarrelato cristiano…
Pero no es tan difícil. No es tan difícil porque la mayoría de nosotros nos portamos relativamente bien. El fundamento de la ética no es un hombre invisible que vive en una nube y que observa todo lo que hacemos. Es nuestra biología el fundamento de la moral, la solidaridad nos permitió suplir la falta de dientes y de garras y apoderarnos del mundo como especie. La sinceridad hizo posible la convivencia… sin embargo, así como alguna vez se personificó a la fuerzas de la naturaleza, así también se personificó a la moral en la persona de dios. Cuando todos los fenómenos se explicaban con hipótesis divinas. Esas hipótesis dieron seguridad y es esa seguridad la que se echa en falta. El conocimiento engendra dudas y no certezas… se requiere fuerza para soportar la incertidumbre.
Continuará…
RECUERDEN QUE NOS AUSPICIA LA NOVELA PERVERSA SEÑAL





































