
WITOLD GOMBROWICZ Y JEAN JACQUES ROUSSEAU
“Observa,
la cosa es que esa gente, incluso al desnudarse se viste, y la desnudez
sólo significa para ellos unos calzones más. Pero cuando yo me he
bajado sin más los pantalones, les ha dado un soponcio, más que nada
porque no lo he hecho según Proust, ni a lo Jean Jacques Rousseau, ni
según Montaigne o en el sentido del análisis existencial, sino
simplemente para quitármelos”
La inocencia de los niños, las
relaciones entre lo superior y lo inferior y la naturaleza de la
cultura ponen en contacto a Gombrowicz con Jean Jacques Rousseau,
escritor, filósofo y músico, usualmente definido como un ilustrado,
aunque parte de sus teorías son una reforma a la Ilustración y
prefiguran el posterior Romanticismo. “El hombre nace libre, pero en
todos lados está encadenado (...) Renunciar a la libertad es renunciar
a la cualidad de hombres, a los derechos de humanidad e incluso a los
deberes”
La
fama de Jean Jacques Rousseau se acrecienta cuando la Academia Francesa
plantea en un concurso una cuestión abierta: “¿Contribuyen las artes y
las ciencias a corromper al individuo?”. Intelectuales de toda Francia
se dedican a escribir sus respuestas y el ganador es Rousseau quien,
aun sin manejarse bien en los conceptos que luego desarrollaría en “El
contrato social”, responde categóricamente que sí.
Que las artes y
las ciencias son una señal de la decadencia de la cultura que las crea,
al surgir de la disolución del estado natural del hombre en la
naturaleza. La publicación de “Emilio” y de “El Contrato Social” lo
hacen tremendamente impopular, hasta el punto de ser desterrado de
Francia. Su amigo David Hume se lo lleva a Inglaterra donde vive
retirado en el campo, marginado por la sociedad inglesa, que ve en
Rousseau a una suerte de paria, un hombre loco, malo y peligroso, que
además vive en el pecado.
Sus
graves trastornos mentales y el empeoramiento de sus manías
persecutorias le enfrentaron con todos sus amigos, a lo que contribuyó
una pesada broma que le gastaron. Conociendo la inestabilidad de
Rousseau le hacen llega una carta para asustarlo.
En la carta le
advertían de los malévolos planes que tenía el gobierno para
asesinarlo, utilizando como intermediario a Hume, al que Rousseau,
mentalmente desequilibrado, acusó injustamente de todo.
“El primer
hombre al que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir ‘esto
es mío’ y encontró a gentes lo bastante simples como para hacerle caso,
fue el verdadero fundador de la sociedad civil”
Por su aguda
crítica a la civilización y a la cultura, y su audaz desprecio a la
idea de un progreso o mejora de la humanidad fundamentado en el uso de
la razón, Rousseau se convirtió en uno de los pensadores más atípicos
de la ilustración, anticipándose a las tesis que mantuvo posteriormente
el Romanticismo. Frente a la fría racionalidad heredera del
racionalismo, defenderá el sentimiento y la pasión como valores
intrínsecos y esenciales al ser humano; valores que habían sufrido un
enorme menoscabo y en cuyo desdén arraigaban los pilares de la cultura
occidental.
Cuando
publica “Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad
entre los hombres”, en el que lleva a cabo una dura crítica de las
instituciones políticas y sociales como grandes corruptoras de la
inocencia y bondad naturales del hombre, Voltaire declara que es un
escrito “contra el género humano”, que cuando se lee “entran ganas de
andar a cuatro patas”.
Rousseau analiza el tránsito del
hipotético estado de naturaleza al estado social como una degeneración
producto de las desigualdades sociales que surgen con la propiedad
privada, el derecho para protegerla, y la autoridad para que se cumpla
ese derecho. Las leyes establecidas en toda sociedad son siempre las
leyes que defienden al poderoso, al rico y a su poder frente a los no
poseedores de propiedad, a los pobres.
La
propiedad privada y el derecho han creado un abismo entre dos clases
jerárquicamente diferenciadas entre sí: la clase de los propietarios,
de los poderosos y de los amos, frente a la clase de los no
propietarios, pobres y esclavos. Esta situación no es superable, según
Rousseau, pero puede ser mitigada a través de una sana vuelta a la
naturaleza y una educación que fomente el individualismo y la
independencia del hombre.
Hace un análisis de la educación donde
analiza los procesos mediante los cuales el niño se sociabiliza y
pierde su bondad e inocencia natural. Frente a la fría cultura
racionalista y libresca, propone una educación que siga y fomente los
procesos naturales humanos sin alterarlos.
Pese
a lo controvertido de su vida y de su obra, no cabe duda de que el
pensamiento de Rousseau ha sido la gran fuente de inspiración tanto de
la Revolución francesa, como de la comuna de París y de los movimientos
comunistas del siglo XIX, inspirando también la Declaración de la
Independencia de los EE.UU de América. Además de en cuestiones
políticas, Rousseau influyó enormemente en la literatura, así como en
el movimiento romántico, del que fue un claro precursor.
Las
tesis y los problemas serios no le importaban demasiado a Gombrowicz,
si bien se ocupaba de ellos lo hacía como quien no quiere la cosa,
porque en el fondo de su alma era irresponsable.
“(...) esa
alegría que es en realidad nuestra única victoria sobre la existencia y
la única gloria del hombre ( ... ) Resulta muy sarcástico que nuestra
insignia más alta, nuestro más orgulloso estandarte, sean los pequeños
pantalones de un niño (...) Soy como un hombre y como un niño,
perfectamente responsable, perfectamente irresponsable”
Mientras
Gombrowicz pasaba unas vacaciones sin un término definido en la
Argentina, los polacos no se ponían de acuerdo sobre si era un escritor
apegado a las antiguallas del pasado, a la clase terrateniente y a la
genealogía o si, en cambio, en tanto que amoral y ahistórico, era un
escritor vanguardista.
“En el período en que Unilowski
apareció en el campo de la literatura, las tendencias progresistas se
vieron de nuevo contrastadas por el implacable culto a la separación de
la literatura de la vida. Fue el tiempo en que Gombrowicz quería
'cuculizar' la literatura polaca, ejerciendo por desgracia una gran
influencia sobre sus contemporáneos con su literatura dominada por el
infantilismo y el subconsciente (...)”
“En su novela, cuyo título
constituía ya de por sí un programa (puesto que 'Ferdydurke' no
significa nada), quiso reducir la vida humana a unos reflejos
infantiles. Unilowski deseaba mostrar el desarrollo y la maduración de
un niño en un mundo severo y malo. Gombrowicz, todo lo contrario: quiso
reducir las cuestiones de la vida, las cuestiones sociales, a la época
de la niñez, a la esfera de los reflejos subconscientes... Unilowski
era un escritor que iba en la dirección opuesta a Gombrowicz y sus
adeptos (...)”
Una
cuestión que hostigaba permanentemente a Gombrowicz era la relación que
existía entre lo inferior y lo superior. Gombrowicz se vale en su obra
de formas literarias para aproximar lo superior a lo inferior.
“No
podía hacer nada para mejorar la suerte de las capas sociales
inferiores, pero, ¿quién sabe?, quizás podría contribuir a mejorar el
comportamiento de los superiores respecto a los inferiores (...) si la
vida miserable deformaba al proletariado, si la ociosidad y las
comodidades deformaban a los terratenientes, esa intelligentsia urbana
también era deformada por su modo de vivir (...) ¿Acaso la vida nunca
creaba hombres completos? ¿Tenían que ser siempre fragmentos humanos
que se complementaban entre sí? (...)”
“Ése
era, pues, un error de estilo, un error de forma de una importancia
inconmensurable, ya que hacía del hombre únicamente un producto de su
propia clase, de su grupo social, lo separaba de otras vidas, lo
empequeñecía, limitaba, hacía imposible cualquier contacto creativo con
gente de otra clase. ¡Tantas vidas a las que no tenían acceso! ¡Y yo
tampoco! ¡Habría que destruir esa forma, imponer otra que permitiera a
la superioridad acercarse a la inferioridad, establecer con ella una
relación creativa! (...)”
El relato que hace en los diarios sobre el día en que se bajó los pantalones en un restaurante de París, no parece cierto –no
era capaz de ponerse un traje de baño cuando iba a la playa–pero las consecuencias que saca no están del todo mal.
En
este relato Gombrowicz le pone un broche de oro a la inocencia de los
niños, a las relaciones entre lo superior y lo inferior y a la
naturaleza de la cultura que lo vinculan con Rousseau. Estaba
almorzando en un local muy distinguido a orillas del Sena conversando
animadamente con gente del ambiente literario: –¡Quién es ese escritor;
–Es un escritor eminente; –Sí, eminente, pero ¿quién es?; –Viene del
surrealismo y se pasó al objetivismo; –Muy bien, objetivismo, pero
¿quién es?; –Pertenece al grupo Melpomène; –No tengo nada en contra de
Melpomène, pero ¿quién es?; –Una combinación de géneros: el argot con
una metafísica de elementos fantásticos; –Sí, la combinación me parece
bien, pero ¿quién es?; –Cuatro años atrás le concedieron el Prix St.
Eustache..., y tú cómo te consideras; –Yo no soy escritor, ni miembro
de nada, ni metafísico ni ensayista, soy yo mismo, libre,
independiente, vivo...; –Ah, sí, eres existencialista.
Los
contertulios estaban turbados con la mirada ingenua de Gombrowicz que
les traspasaba la ropa, y es aquí cuando decide hacer un experimento
crucial y se empieza a bajar los pantalones.
“(...) cundió el
pánico, salieron rajando por puertas y ventanas. Me quedé solo. El
restaurante estaba desierto, hasta los cocineros habían huido... Sólo
entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo, de lo que pasaba..., y
me quedé así, hecho un tonto, con una pernera puesta y la otra en la
mano”
Kot Jelenski lo ve y entra al restaurante: –¿Qué pasa? ¿Te has
vuelto loco?; –Empecé a desvestirme y todo el mundo se dio a la fuga;
–Eres un insensato, ¿a quién pensabas asustar con la desnudez?
En
ningún lugar del mundo encontrarás tanta afición por quitarse la ropa
como aquí. Te has encontrado con unos conejos, yo te traeré unos leones
que aunque bailes en cueros sobre la mesa no moverán una pestaña.
Hicieron una apuesta al estilo de los caballero polacos del el siglo
diecinueve. Los invitados, imperturbables hasta que llegaron a los
postres y Gombrowicz se empezó a quitar los pantalones; –Excúsennos,
por favor, la hora, se nos hace tarde. Gombrowicz y Kot se miraron: –No
es posible que se hayan asustado, si es su especialidad
“Observa,
la cosa es que esa gente, incluso al desnudarse se viste, y la desnudez
sólo significa para ellos unos calzones más. Pero cuando yo me he
bajado sin más los pantalones, les ha dado un soponcio, más que nada
porque no lo he hecho según Proust, ni a lo Jean Jacques Rousseau, ni
según Montaigne o en el sentido del análisis existencial, sino
simplemente para quitármelos”
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