
Bueno, y la historia consiste en una serie de señores filósofos que se han sentado a pensar y cuyas conclusiones han regido al mundo… este… no exactamente. Todo el drama filosófico que hemos presentado se ha enmarcado en el drama histórico de occidente, y la Historia es, frecuentemente, derramamiento de sangre.
Cuando la gente quería establecer el valor del propio juicio, o sea, léase Descartes y los modernos que siguieron, lo que querían era básicamente cuestionar la autoridad tenida como sagrada, que se constituía por dos elementos: el trono y el altar. El primer gran cuestionamiento político religioso fue el de Martín Lutero. Es por eso que a la autoridad le molestaba que la gente pensara por sí misma y que la libertad de pensamiento fuera considerada un crimen.
Desde la Reforma Protestante y Descartes el camino más o menos obvio –obvio visto desde el presente, para los contemporáneos no era tan obvio –llegaba al pensamiento ilustrado. Este pensamiento ilustrado tuvo dos hijos políticos: Los Estados Unidos de América y la Revolución Francesa. El primero fue, hasta el gobierno de Richard Nixon al menos, un exitoso experimento de democracia y libertad –queremos pensar que puede recuperarse. La otra hija, algo más díscola, fue la Revolución Francesa y una tercera hija-o nieta más bien –muchísimo más díscola fue la Revolución Bolchevique.
Cuando uno tiene un cuerpo lleno de sangre humana, a uno tiende a molestarle el derramamiento de sangre humana, sobre todo porque derramar más de tres litros puede provocarle a uno la muerte, la cual, pese a ser un hecho inexorable, nos gusta aplazar la mayor cantidad de tiempo posible. Es especialmente molesto cuando la sangre que se derrama es inocente. Sin embargo, todo el cuestionamiento de Nietzsche, Freud, Darwin y Marx que hemos revisado someramente en los capítulos anteriores de nuestra electrizante telenovela, no hubiera tenido el impacto que tuvo de no haberse producido las guerras mundiales, especialmente la segunda.
La ciencia y la técnica eran sinónimos de PROGRESO humano. Por ello es que puestas al servicio de la guerra industrializada se volvieron algo horrendo e incomprensible para los ilustrados y positivistas. Antes de la Primera Guerra Mundial casi no existían los pacifistas. A los objetores de conciencia se les llamaba simplemente cobardes y se pensaba generalmente que la guerra templaba el carácter de los hombres y de los pueblos. EN SERIO, el pacifismo es una opción nueva, que terminó por transformarse en parte de la corriente principal luego de las atrocidades del Tercer Reich y de Hiroshima. Hoy en día, todos somos pacifistas, todos estamos en contra de los golpes de Estado y es bueno recordar por qué.
¿Eran el exterminio masivo y la bomba atómica el epítome de la modernidad? Si así eran las cosas, era el momento de superar la modernidad y así apareció la Posmodernidad.
La Posmodernidad es un conjunto de pensamientos filosóficos que pretenden pensar el mundo ignorando la verdad. Así pues, la Posmodernidad analiza los fenómenos cognitivos y sociales sin establecer una verdad ontológica. La cual es llamada por la Posmodernidad el metarrelato – Lyotard. Un metarrelato es un pensamiento que pretende ser la interpretación totalizadora de la realidad: Se ha dado como ejemplo el pensamiento de Hegel, pero bien puede hablarse de toda la Modernidad como la época de la construcción de estos metarrelatos.
La Posmodernidad se esfuerza por pensar evitando construir metarrelatos, sin embargo su pensamiento se parece demasiado a los metarrelatos, aunque ellos existen en que su pensamiento no establece una ontología, o sea una teoría del ser, o una explicación de todo cuanto es, sin embargo, Foucault, uno de los adalides de este movimiento, sostiene que las relaciones de autoridad de conocimiento son en realidad relaciones de poder. Esta palabrita “ser” –son –suena demasiado ontológica, ya que la ontología es una teoría del ser.
Con todo, la Posmodernidad ha insistido en negarse la posibilidad de los metarrelatos y por ello se ha llamado a sí misma también Pensamiento Débil, por oposición al pensamiento fuerte de la modernidad; un pensamiento fuerte es uno que impone metarrelatos. Esto, queridos amigos, es porque los metarrelatos permitieron el derramamiento de sangre a escalas industriales producto de la pureza de la raza o en los campos de exterminio, o de la Democracia y la Libertad en Hiroshima. Sin embargo, al eliminar estos metarrelatos, se nos viene encima una cosa llamada perspectivismo que dice más o menos que “ mi verdad es mi verdad y tu verdad es tu verdad, cada cual cree lo que más le conviene” o sea, si yo quiero creer que la voz del duende que me habla es real y eso funciona para mí es real, entonces nadie debiera discutírmelo, ni siquiera el profesional de la salud mental… es un poco caricaturesco mi ejemplo, pero sólo un poco, ya que para Foucault la locura y la cordura son relaciones de poder…
Y se nos acaba el tiempo, queridos amiguitos, estamos en el siglo veintiuno la próxima semana y pensaremos los problemas actuales por este mismo baticanal, nos vemos. Como me demoro un semana es estas reflexiones, comenten entre medio no más.
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