
WITOLD GOMBROWICZ Y ANDRZEJ BOBKOWSKI
Es
muy difícil pensar en el determinismo en cualquier campo que sea
después del broche de oro que le puso Laplace. Este matemático francés
coronó el pensamiento causal afirmando que podemos mirar el estado
presente del universo como el efecto del pasado y la causa de su
futuro. Ni siquiera la física cuántica se libra del demonio de Laplace,
un demonio tan poderoso que lo obliga a Einstein a decir que Dios no
juega a los dados. Hasta la cabeza de Gombrowicz era zarandeada por el
demonio de Laplace.
“Leo los diarios con pasión, me atrae el abismo
de la vida ajena, aunque esté adornada o incluso tergiversada; en
cualquier caso es un caldo hecho a base de realidad y me gusta saber
que, por ejemplo, el 3 de mayo de 1942 Bobkowski enseñaba a su mujer a
ir en bicicleta en el bosque de Vincennes (...)”
“¿Y
yo? ¿Qué hice ese día? Ya veréis, o más bien no veréis: dentro de
doscientos o mil años surgirá una nueva ciencia que establecerá las
relaciones de tiempo entre los individuos, y entonces se sabrá que lo
que le ocurre a uno no deja de tener relación con lo que le ha sucedido
simultáneamente a otro... Y esta sincronización de la existencias nos
abrirá nuevas perspectivas..., pero basta...”
La nueva ciencia
surgida para la sincronización de las existencias crearía un campo
donde los sucesos estarían completamente definidos, y esta es una
cuestión que tiene que sobresaltar a Gombrowicz.
“Mi novela ‘Cosmos’
es capaz de angustiarme, y hasta de asustarme. ¿Por qué? Porque a lo
largo de mi vida me he forjado una sensibilidad especial hacia la
forma, y, verdaderamente, el hecho de tener cinco dedos en la mano me
da miedo (...)”
“¿Por qué cinco? ¿Por qué no 327.584.598.208.854? ¿Y por qué
no todas las cantidades a la vez? Y en definitiva, ¿por qué dedos? Para
mí no existe nada más fantástico que el estar ahí, y ahora, y el ser
tal, definido, concreto, éste y no otro?”
Sin embargo, el demonio de
Laplace es paradójico. Si mis acciones determinan inexorablemente el
futuro, soy responsable de todo lo que ocurrirá en el mundo. Pero si mi
propia vida está regida por circunstancias que escapan a mi control,
entonces, no soy responsable de mis acciones. “Cosmos” es la obra más
abstracta de todas las que escribió Gombrowicz, y es por ella que
recibió el “Formentor”, es decir, el Premio Internacional de
Literatura. Las relaciones que Gombrowicz tenía con la abstracción,
especialmente con la matemática que es su forma más pura, se pusieron
de manifiesto muy tempranamente.
“Volvió a repetirse lo mismo,
desgraciadamente, en el examen escrito de matemáticas. Mi falta de
talento en esta materia se dejó ver con toda claridad. Ataqué el
problema de trigonometría con la bravura de un suicida y, para mi mayor
sorpresa, lo resolví en diez minutos. Todo iba como la seda: bastaba
sumar unas cuantas cifras y ya estaba listo. Pero yo sabía que era
demasiado hermoso para ser cierto y me dispuse a buscar, horrorizado,
otras soluciones (...)”
“Pero
no había nada que hacer, cada vez, como un tren sobre una vía muerta,
llegaba a la misma solución sencilla, clara, deslumbrante por su
evidencia. Por fin sucumbí, no pude resistirme más a la evidencia y,
presa de los peores presentimientos, entregué el trabajo (...)”
“Sabía
que me iban a poner un cero pero, ¿qué podía hacer si no existía mancha
ninguna en mi obra? Sí, un cero en trigonometría, un cero en álgebra,
un cero en latín: tres ceros coronaron mis esfuerzos. Parecía que no
tenía salvación”
La naturaleza de “Cosmos” tiene sin embargo una
extraña relación con la ciencia de matemática, especialmente en los
desarrollos de series y en el análisis combinatorio, un asunto que ha
despertado el interés, entre otros, de Gilles Deleuze. En agosto de
1963 Gombrowicz retoma “Cosmos”, una obra que había interrumpido en
febrero de ese año al enterarse que la Fundación Ford lo invitaba a
pasar un año en Berlín. En mayo, recién llegado a Berlín, nos empieza a
decir que tenía dificultades para terminarlo. En septiembre nos escribe
que le faltaban aproximadamente cuarenta páginas muy difíciles y que no
le aparecía claro el título.
Dudaba
entre Cosmos, Figura y Constelación. En octubre nos confiesa que la
obra lo había aburrido en tal forma que no tenía ganas de terminarla,
que el final era bravísimo y que ensayaba nuevos métodos y
concepciones. En diciembre nos cuenta que le faltaban tres páginas para
terminar pero que no sabía cómo hacerlo y que a lo mejor lo dejaba sin
terminar.
En
junio de 1964 nos dice que le faltaban diez páginas y en agosto, que lo
había terminado. A Gombrowicz no le gustaba dar datos sobre su obra
cuando la estaba escribiendo ni detalles sobre su vida privada, por
esta razón es que no nos informaba qué parte de la historia de “Cosmos”
no tenía resuelta cuando le faltaban cuarenta páginas.
Pero
por esa cantidad de páginas yo calculo que todavía no había decidido
hacerlo masturbar a Leon, ahorcar a Ludwik ni desencadenar el diluvio
final que se parece bastante a dejar sin terminar la historia. Si bien
la masturbación de Leon, el ahorcamiento de Ludwik y el diluvio son
elementos verdaderamente dramáticos del final de “Cosmos” todavía nos
podemos imaginar que Gombrowicz podía haberlos cambiado por otros.
Sin
embargo, hay un momento de las obras en el que ya han aparecido las
escenas claves, las metáforas fundamentales y los símbolos que apuntan
en una dirección determinada y no se pueden cambiar por otros. Del caos
inicial, por una acumulación de forma, se pasa a las escenas, a los
personajes, a los conceptos y a las imágenes que el proceso de control
ya no puede eliminar, y de lo ya creado se creará el resto.
Ese
momento es para “Cosmos” la integración del análisis combinatorio con
el sistema de series de las bocas de Lena y de Katasia y de los tres
elementos colgantes: el gorrión el palito y el gato. Gombrowicz
zambulle al matemático de la combinaciones que tiene dentro en los
mundos de la causalidad, del azar, de la lógica interna y externa, del
intento de organizar el caos.
También se introduce dentro de los
mundos de la formación de la realidad, de las bocas erotizadas y
sexualizadas, de la pasión enfermiza de un joven estudiante, de la
masturbación y de la muerte. La acción está constituida por ideas que
se perfilan poco a poco y luego se vuelven nítidas, el protagonista le
sigue la pista a estas formas para asociarlas pero constantemente le
vuelven a caer en el caos.
La
realidad surge de asociaciones de una manera indolente y torpe en medio
de equívocos, a cada momento la construcción se hunde en el caos, y a
cada momento la forma se levanta de las cenizas como una historia que
se crea a sí misma a medida que se escribe, introduciéndose de una
manera ordinaria en un mundo extraordinario, en los bastidores de la
realidad.
Gilles Deleuze habla de Gombrowicz en un curso que da
sobre la confrontación entre Whitehead y Leibniz como un ejemplo del
escritor que sale del caos haciendo series. Para Deleuze, “Cosmos” es
el desorden puro del que Gombrowicz sale organizando dos series
diferentes, la de los ahorcados y la de las bocas. Después habla de la
tonalidad afectiva fundamental de Leibniz y de la de Descartes, la
tonalidad afectiva fundamental de Cartesius vendría a ser la sospecha.
La filosofía es para Deleuze el arte de formar, de inventar y de fabricar conceptos, una idea realmente interesante.
“Sólo
hay una manera de salir del caos, haciendo series. La serie es la
primera palabra después del caos, es el primer balbuceo. Gombrowicz
hizo una novela muy interesante que se llama ‘Cosmos’, donde él se
lanza, como novelista, en la misma tentativa. ‘Cosmos’ es el desorden
puro, es el caos, ¿cómo salir del caos? La novela de Gombrowicz es muy
bella, muestra cómo se organizan las series a partir del caos, sobre
todo hay en ella dos series insólitas que se organizan. Una serie de
animales ahorcados, el gorrión ahorcado y el pollo ahorcado, y una
serie de bocas, series que se interfieren la una con la otra y poco a
poco trazan un orden en el caos. Es una novela muy curiosa que uno no
hubiera terminado de leer si es que no se hubiera metido de cabeza
dentro de ella”
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