SECUENCIA DEL ENANO
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
1
El enano maneja un triciclo. Se asolea con él. Transporta pasajeros con escaso dinero y abundante malhumor. El enano insulta con palabras mayores. Impone respeto desde su metro de estatura. A veces se desespera; a veces grita. El enano hace llamadas a través de su teléfono móvil. Acaso se comunica con otros enanos o con su enana consorte. El enano habla muy quedo y de pronto se agita y manotea frente al parabrisas. No se percata de que lo observo y lo atrapo con una cámara oscura. Si me hubiese descubierto con seguridad no me salvo de sus ofensas. Con certeza me hubiese arrojado su teléfono móvil. El enano tiene mal carácter. Eso le impide crecer. El enano es hijo del mediodía y a su protección se debe. Él no vive de ilusionismo. No cifra su destino en equívocos. Su energía crispa los nervios.
2
Después de una llamada, el enano pone su triciclo en movimiento. Comienza a girar en U. Quebranta las reglas del tránsito. El enano es un rebelde. Un contraventor contumaz. Él piensa que le aplicarán la mitad del castigo debido a su estatura. El enano tiene cara de ingenuo y cabeza de sabio. La locuacidad no es su fuerte. Siente debilidad por los carros de lujo. Se imagina conduciendo uno a través de las arterias principales de la ciudad. Los otros enanos lo envidiarían y él los saludaría con un leve arqueo de sus pobladas cejas.
3
El enano maniobra con brusquedad su triciclo. Ya está en medio de la avenida. Se dispone a girar y avanzar en sentido contrario al de los demás vehículos. Sin ninguna duda es un contraventor, va a contracorriente, quiere demostrar su capacidad de contraerse. El enano maneja su triciclo como si fuese un juguete de circo. Si por él fuera lo convertiría en una peonza. Les daría espectáculo gratuito a los curiosos. Ni siquiera esperaría sus aplausos.
4
El enano se hace dueño de la avenida. Abre la puerta de su triciclo para que suba algún valiente. Al enano no le arredran las amenazas y vociferaciones de los otros conductores. El enano se desplaza con lentitud, con calculada parsimonia, con una falsa moderación. Hasta se atreve a canturrear una canción de los bajos fondos. Ya no le cabe duda a nadie: el enano es un díscolo, un perturbador incompatible con la buena armonía de la sociedad. El enano descubre la libertad a través de su propio desafuero y lo celebra con una pedorrera.
5
El esfuerzo de rebeldía agotó al enano, lo dejó exhausto. Detiene a su triciclo en un cruce de avenidas. Mira hacia todos los lados. Voltea su cabeza ríspida y no descubre nada sospechoso. Sus ojos emiten un brillo de malignidad. El enano apaga su teléfono móvil y apoya su testa contra el asiento. De inmediato lo conquista la fatiga. El enano ronca y parece pacificado. ¿Cuántas pesadillas cabrán en su cerebro no reducido? El enano escapa en sueños, pero su cuerpo permanece dentro del triciclo. El enano conduce un camión gigante por la autopista atestada de triciclos y los aplasta a todos. El enano duerme y por primera vez ríe. En el interior de la casa menuda con tres ruedas el enano no necesita regresar a ningún hogar. El enano continúa soñando y la ciudad lo contempla con envidia






































