
RELACIÓN DE LAS PIEDRAS NUNCA MUDAS
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
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Piedras que
afilan los talones para recoger granizo.
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Piedras de
carne suave en los molinos que se tallan.
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Piedras
colectivas para sacar chispas y encender los faroles del olvido.
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Piedras que
recogen los niños huérfanos con los corazones alisados.
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Preciosas
piedras que no oyen comparaciones por temor a volverse insensibles.
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Piedras al
término de la tarde y luego amontonadas en juegos de cumplimientos profanos.
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Piedras que
se transforman en lápidas por pura devoción.
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Anormalidad
de algunas piedras en la conjunción de los planetas.
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Piedras
adoloridas en el cálculo vil de las inclinaciones del terreno.
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Piedras
ásperas para aguzar los sentidos y reducir el mal de ojo.
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Piedras
lanzadas contra la pared de la noche para escuchar su canto de alteridad.
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Piedras
nacidas en los nidos de águila y que aprenden a volar con los vientos
propicios.
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Piedras que
semejan melodramas por la rudeza de sus asaltos.
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Piedras menos
antiguas que las puestas de sol, pero de más arraigo en el horizonte.
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Piedras de
élites que son arrojadas a las cabezas de los farsantes de tribuna.
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Piedras
liberadas de las axilas del labrador para que encuentren otro asidero y otra
angustia.
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Piedras
facilitadas a los caminos cuando el rumbo se enajena y faltan los baquianos de
buena pro.
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Piedras que
jamás pueden ser perforadas por los gusanos del tiempo equívoco.
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Piedras
labradas como pipas donde se quema el rescoldo de inservibles muletas.
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Piedras para
amolar las zonas do los contrabandistas pobres orinan al descampado.
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Piedras a
quienes les importa el destino de las esquinas y por ende se rebelan y gritan.
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Piedras que
descubren con certeza el principio de los ángulos y se sirven de ellos para
enderezar la vida.
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Piedras en el
desenvolvimiento del azufre y en la coloración glauca de los abejorros.
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Piedras que
señalan con índices blancos el derrotero de los hombres solos.
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Piedras en
los escalones de los edificios que portan banderas de arena.
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Piedras que
cementan lo no básico de la historia humana y que ocultan los malos ejemplos.
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Piedras en la
instantaneidad de los párpados que se ocultan en cavernas.
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Piedras
musicalizadas en los bornes de los apodos y que pisan las falsedades.
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Piedras en
persecusión de la cal para zanjar inveteradas reyertas.
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Piedras que
alejan las calamidades al no más erigirse en hitos de la desmesura.
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Piedras en el
calzado de los cómodos como recordatorio de ausencias.
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Piedras que
enceguecen bajo la lumbre de los portales y luego se desplazan con sus
cristales bamboleantes.
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Piedras
venidas a auxiliar a las escopetas para que las liebres escapen por los
recodos.
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Piedras que
escandalizan con la verdad de sus destellos a los proxenetas de los palacios de
gobierno.
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Piedras que
fingen ser espurias para mejor aplastar a los joyeros en el sótano.
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Piedras que
engrosan las combinaciones de elíxires y que escandalizan a las pilas
bautismales.
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Piedras que
acuden al infierno en busca de amazonas para reconstruir el jardín de los
goces.
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Piedras que
son la calamidad de los monopolistas del hierro, ya que atraen al limo hasta
sus residencias.
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Piedras
tragadas como medicina en las litografías de pueblos aún por fundarse.
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Piedras
versadas en el arte laudatorio y a quienes se les cancelan sus servicios con
cincel y armonía.
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Piedras que
ruedan miles de millas hasta partir la era en dos mitades desiguales.
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Piedras
ocultas en el ferrocarril para anunciar las estaciones que no existen.
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Piedras donde
se lava la ropa de los amoríos y que quedan manchadas con rarezas y texturas de
la sangre enfebrecida.
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Piedras en el
desafuero de los sentidos y que los engastan para que perduren como amuletos.
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Piedras
jorobadas sobre los riñones: remedio inefable contra las poluciones nocturnas.
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Piedras que
el rayo hizo espuma y serpentina y que se oxidarán en los otoños sin quebranto.
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Piedras en
las ollas, caídas allí junto con las muelas del techo.
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Piedras que
se abrazan y luego se abrasan, mientras corren desnudas por el prado.
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Piedras que
esclavizan el pensamiento y que dan vueltas cual aerolitos en usura.
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Piedras que
sangran dispersas entre los heliotropos y que cuando llega la tormenta se
deshacen y facilitan los derrumbes.
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Piedras
dedicadas al toque de las barajas y que se orientan hacia la valoración de la
lidia.
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Piedras
ablandadas con ceniza, mal vistas por el lodo, silueteadas por las hachas en
bloque, pero que sobresalen siempre con mojones y cantos de la espesura.
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Piedras
asombradas ante el arrojo de relámpagos nupciales, aunque jamás acobardadas ni
mucho menos impías.
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Piedras
perjudicadas por imposiciones y obligadas a redimirse en el lapso de tiempo de
una miseria.
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Piedras que
recuerdan fechas para siempre, al conseguir el estallido bajo los vendavales.
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Piedras para
morirse con el alma entera y lograr el respingo que queda después de la repulsa
que atiesa.
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Piedras para
erigirse en testigos o en tejados de fronteras. Piedras que no se exilian ni
aunque la garúa caiga en desmedro.
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Piedras para
exterminar la estulticia de los jueces. Piedras con musgos en las orejas de los
dictadores.
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Piedras de la
subversión y cronicario de alfileres.
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Piedras para
exasperar el culo de los cardenales y obispos durante sus angelicales
fornicaciones.
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Piedras que
conocen la expresividad de la lluvia y se ahondan para recogerla y bañar
pájaros en los plenilunios.
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Piedras que
inventan agujeros y se mueven con rapidez para desorientar al moho.
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Piedras entre
ganancias de manos que enloquecen y dan cuenta de los promontorios y se ajustan a las puertas.
· Piedras, sólo piedras, y los caminos se elongan con sus ecos y arriban al núcleo de lo pétreo.










































