
WITOLD GOMBROWICZ Y STANISLAW PIASEKI
“Cuando
conocí a Andrzejewski, éste frecuentaba a Stanislaw Piasecki, redactor
del semanario ‘Prosto z Mostu’, y a su grupo. Muchos jóvenes escritores
y poetas se aglutinaban alrededor de ‘Prostu z Mostu’, no porque fueran
nacionalistas, sino porque no se entendían con las Wiadomosci
Literackie redactadas por Grydzewski según el espíritu masónico y
liberal, como se decía a la sazón (....)”
“Lo que me enervaba de
Stanislaw Piasecki no era tanto su nacionalismo antisemita
recalcitrante, ni siquiera su fascismo, sino su naturaleza obtusa y
vulgar. No tenía nada de artista, ni tampoco poseía ningún olfato en
este sentido; era de esa clase de políticos, especialmente
desagradables para mí, que operan en la cultura, en los confines de la
política y el arte (...)”
“Lo
que quería era crear una fuerza política de escritores y artistas y
efectivamente reunió a su alrededor un grupo, por lo demás muy de
segundo orden, pero en cambio ruidoso e incluso escandaloso; ese
montaje de Piasecki no conseguía más que bajar nuestro nivel, ya de por
sí nada alto, al menos un piso (...)”
“Al principio también
coqueteaba conmigo, sobre todo porque no sabía bien quién era, ya que
no había leído nada mío, pero le habían llegado rumores de que yo
andaba suelto; los cortejos de Piasecki finalizaron cuando le di, a
petición suya, un fragmento de ‘Ferdydurke’, en vísperas de su
aparición, para que lo publicara en su semanario. Tras haberlo leído se
quedó de piedra, escupió, y en lugar de publicarlo me declaró la guerra
(...)”
Stanislaw Piasecki era un nacionalista patriota que había
cruzado la línea de sombra del miedo a la muerte que Gombrowicz no
había podido cruzar, según él mismo declara en “Recuerdos de Polonia”.
Piasecki formó parte como voluntario del ejército de Pilsudski que
derrotó al ejército bolchevique en la batalla de Varsovia en el año
1920. Detenido por la Gestapo en diciembre de 1940, después de varios
meses de tortura, fue fusilado en un bosque en junio de 1941.
Polonia
experimentó las convulsiones que producen el nacionalismo y el
comunismo, una fuerza demoníaca ejerció sobre sus habitantes una
tensión que los convirtió en marionetas. A Gombrowicz le echaban en
cara que por no haber estado presente apenas tenía una débil noción de
cómo había sido la transición en Polonia del capitalismo al comunismo.
A
Jerzy Andrzejewski, en cambio, lo conocemos sobre todo por “Cenizas y
diamantes”, un estremecedor fresco sobre los últimos días de la
ocupación nazi en Polonia y la inmediata llegada del comunismo al
poder. La novela tiene lugar durante los últimos tres días antes de la
capitulación alemana. La Polonia nacionalista y la socialista pugnan
por ocupar el poder del nuevo Estado.
La
grandeza de “Cenizas y diamantes” reside, sobre todo, en la
autenticidad histórica que destila: la desorientación de los
protagonistas, la desmoralización unida a la esperanza, el pasado que
se intenta borrar a toda costa, la lucha cotidiana por sobrevivir, las
camarillas de jóvenes que se juntan para defender unos ideales, los
oportunistas de todo pelaje, la ausencia de cordura.
Incluso
el bien y el mal, el idealismo y el cinismo, se reparten en partes casi
iguales entre los distintos bandos. Como trasfondo aparecen las cenizas
en las calles hecha de las ruinas de la guerra mundial, y los diamantes
y el lujo del Hotel Monopol, donde la decadente aristocracia polaca
vive sus últimos días entre matones y facciones políticas. Gombrowicz
vivió en una época que experimentó un ascenso irresistible de la
actividad política cuyas formas más representativas fueron el fascismo
y el marxismo.
Las
posturas políticas de Gombrowicz son ajustes de cuentas que hace entre
el individuo y la nación, un pedido de cuentas a ese pedazo de tierra
creado por las condiciones de su existencia histórica y por su
situación especial en el mundo. El propósito de Gombrowicz es reforzar
y enriquecer la vida del individuo haciéndola más resistente al
abrumador predominio del estado y de las instituciones colectivas que
presionan sobre el hombre.
Gombrowicz se tomó un descanso de un cuarto de siglo alejándose de todas estas tensiones que lo habían perseguido en Europa.
“Veinticuatro
años de esta liberación de la historia. Buenos Aires: un campo de seis
millones de personas, un campamento de nómadas, una inmigración
procedente de todo el globo terráqueo: italianos, españoles, polacos,
alemanes, japoneses, húngaros, todo mezclado, provisional, viviendo al
día... Los auténticos argentinos decían con naturalidad ‘qué porquería
de país’, y esa naturalidad me sonaba a maravilla después de la furia
sofocante de los nacionalismos”
Aunque
no con la misma intensidad que Polonia la Argentina también experimentó
la deformación que producía la tensión entre el nacionalismo y el
comunismo.
El escándalo de Frondizi le resultó a Gombrowicz
bastante instructivo. Los argentinos estaban aturdidos, habían pasado
del arrebato de entusiasmo, al temor y la rabia. Gombrowicz estaba
cayendo en la cuenta de que se había acabado la facilidad, el país era
tan rico que durante largos años había soportado la demagogia, la
megalomanía y la fraseología, así como toda clase de teorías
magníficas, sin hablar de diversos negocios turbios que habían
prosperado en ese caldo de cultivo.
A su entender había llegado la hora de enfrentarse cara a
cara con la realidad, con el enorme despilfarro que había realizado el régimen derrocado.
“La
enorme energía acumulada en el capital internacional ha irrumpido en la
Argentina, un país que es casi tan grande como la mitad de Europa (...)”
“De
modo que un ciudadano de a pie no entiende nada de nada y no sabe a qué
atenerse. Durante largos años le han dicho que todo eso era
‘explotación’ e ‘imperialismo’, y ahora resulta que es la perspectiva
de un nuevo bienestar y el remedio más eficaz contra la anemia”
Los
nacionalistas piensan que Frondizi los ha traicionado: –¿Qué es lo que,
según ustedes, se puede hacer?; –La revolución; –Bien. Pero, al llegar
al poder... ¿qué programa tienen para salir de la crisis?; –¿Programa?
Bueno...
Era imposible seguir imprimiendo billetes sin el respaldo
de la provisión de fondos, pero el nacionalismo argentino, como todos
los nacionalismos del mundo, es emocional y no le gustan las cifras.
Según la manera de ver las cosas que
tenía Gombrowicz se estaba produciendo una guerra entre las cifras y
los sentimientos, las fobias y las ilusiones. Los nacionalistas habían
conducido el país al aislamiento económico, una de las causas
principales de la crisis. En la Argentina existían varios tipos de
nacionalismos y cada uno de ellos deseaba un tipo distinto de dictadura
para recuperar la dignidad.
Para los comunistas del país existían
tres centros de poder: el ejército, la iglesia católica y los
sindicatos obreros. Las instituciones democráticas, como el parlamento
y la corte suprema, habían sido violadas tantas veces que carecían de
prestigio. Los partidos políticos y la opinión pública estaban
desorientados, habían elegido un presidente de izquierda y progresista
y justamente él los había traicionado. El cambio de chaqueta del
presidente había provocado una confusión infernal en todo el país.
La tensión más dramática entre el nacionalismo de
Polonia y el comunismo de la Argentina Gombrowicz la vivió en una
conferencia. Los argentinos habían empezado a pasarlo de mano en mano:
Gálvez se lo pasó a Capdevila, Capdevila a su hija Chinchiana,
Chinchina a sus amigas. En el año mortal de 1940 Gombrowicz flirteaba
con esas chicas que lo llevaban a los museos, lo invitaban con masas,
mientras él les retribuía con charlas que armaba sobre el amor europeo.
En ese año fatídico Roger Pla le había presentado a Antonio Berni y
en la casa del pintor dio una charla sobre el por qué y el cómo Europa
había sentido el deseo del salvajismo, y de cómo esta inclinación
enfermiza del espíritu europeo podía aprovecharse para la revisión de
la cultura demasiado alejada de sus propias bases.
Pero le
falló el estilo, las palabras que pronunció resultaron mediocres y Pla
le reprochó el tono sentimental de unos razonamientos ingenuos. Sin
embargo, dos meses después del derrumbe que había sufrido en la casa de
Berni, Gombrowicz se anima a dar otra conferencia que resultó famosa
por el escándalo que se armó con los polacos. Decidió rehabilitarse de
su fracaso anterior e insistió con el tema: “Regresión cultural en la
Europa menos conocida”.
La
dio en el Teatro del Pueblo invitado especialmente por su director, el
escritor Leónidas Barletta. Le adelantaron que era un teatro de primera
clase, frecuentado por la flor y nata del ambiente cultural de Buenos
Aires, en vista de lo cual decidió preparar un texto del más alto nivel
intelectual.
Otra vez planteó la cuestión de cómo la ola de
barbarie que había invadido a Europa central y oriental podía
aprovecharse para revisar los fundamentos de la cultura. Leyó el texto,
lo aplaudieron y bastante contento volvió al palco reservado para él
donde se encontró con una joven bailarina y admiradora, muy escotada y
con unos collares de monedas.
Cuando
estaba por retirarse con la bailarina observa que alguien se sube al
estrado y empieza a vociferar, lo único que puede distinguir con
claridad es la palabra Polonia, la excitación y los aplausos. Acto
seguido sube otra persona, este participante pronuncia también un
discurso agitando los brazos mientras el público empieza a chillar y a
vociferar. Gombrowicz no entendía nada pero estaba contento de que su
conferencia hubiera despertado tanta animación.
Pero, de
repente, los miembros de la Legación de Polonia abandonan la sala,
parece que algo andaba mal. Un escándalo, resulta que la conferencia
fue aprovechada por los comunistas allí presentes para atacar a
Polonia. Una parte de la elite intelectual argentina era medio
comunistoide, y no exactamente la flor y nata de la intelectualidad de
Buenos Aires, de modo que su ataque a la Polonia fascista no se
distinguió precisamente por su buen gusto.
Barletta, igual que Gombrowicz, no
podía digerir al Asiriobabilónico Metafísico, se refería a él en forma
despectiva. ...:“Cachafaz… Fracasado… El pobre Borges… Vate criollo y
vate septuagenario… Buscador de puestitos… Pergeñador de cuentos
persas... y lávese de toda esa mugre metafísica.”
Esta comunidad
de opiniones respecto de Borges le encantaba a Gombrowicz y quizá
debido a esto pasó por alto que Barletta era también un hombre de
izquierdas. Sería injusto hacer responsable a Barletta de lo que
ocurrió ese día en el Teatro del Pueblo, hay que decir sin embargo que
Gombrowicz se las vio mal y pasó verdaderos apuros. Al día siguiente de
la conferencia que había dado en el Teatro del Pueblo fue a la Legación
de Polonia donde lo recibieron en forma fría, como si fuera un
verdadero traidor.
En vano les explicó que el director del teatro,
el señor Barletta, no le había informado que era costumbre seguir las
conferencias con un debate y que, por otra parte, no podía considerar
como comunista a ese señor pues él mismo se hacía pasar por un
ciudadano honrado, ilustrado, progresista, adversario de los
imperialistas y amigo del pueblo.
Pero
lo peor fue lo de la bailarina: su colorete, sus polvos, su escote
pronunciado y el collar de monedas hicieron aparecer a Gombrowicz como
un cínico en un momento en el que Polonia ardía en llamas. Hasta la
prensa polaca de Estados Unidos se puso verde con esta metida de pata.
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