
Rodrigo Rojas Terán, joven poeta ariqueño:
“EN LA SOCIEDAD, SI NO TIENES ALGO MATERIAL, NO VALES NADA”
Lleva cuatro años como miembro activo del club cultural- artístico “Rapsodas Fundacionales”, movimiento que busca potenciar la productividad creativa en personas de tercera edad. Sin embargo, él con sus 21 años logró imponerse entre gente mayor para ganar un espacio de crítica y discusión sobre el tema que le apasiona como una verdadera forma de vida: la poesía. Rojas Terán siente que el trabajo del escritor es una labor silenciosa que se cultiva por el simple arte de reflexionar y meditar sobre el mundo y la vida, no le llama la atención la opulencia de las publicaciones ni el brillo del reconocimiento público. Sólo piensa en encontrar la mejor manera de expresarse y ayudar a la comunidad a ser mejores personas acercándose a la literatura.
La tarde se derrumba como un castillo de naipes ante la noche que se impone con sus trajes oscuros en los cielos de Arica. Está templado y algunas luces comienzan ya a encenderse en la intersección de la calle Moisés Zúñiga con Fortunato Valencia. Mientras tanto, Rodrigo Rojas Terán, poeta ariqueño de mediana estatura, sonríe con sus apenas 21 años a cuestas y un cigarrillo en la mano, exhalando un humo que como sus palabras forman zumbidos en el aire.
Comenzó como todo escritor produciendo versos sencillos, en la adolescencia, de temas generalmente amorosos, tomando como referente a Neruda. Con el tiempo, rápidamente su gusto por la poesía fue creciendo, lo que lo llevó, gracias a persistentes caminatas, en el año 2005 a ingresar en el taller cultural-artístico Rapsodas Fundacionales. “El año 2005 quise ingresar a un taller, y buscando llegué a los Rapsodas Fundacionales, entonces mostré lo que había escrito, el primer día me criticaron mal, porque era muy sencillo, muy retórico, me bajoneó un poco de todas formas, pero después seguí escribiendo, escribiendo y así comencé a tomar otra forma de poesía, otra forma de expresarme”.
Cada palabra que pronuncia la acompaña con un gesto, una gesticulación a medio terminar, medita, cierra los ojos y observa el paisaje urbano, los vehículos que deambulan, que aparecen y desaparecen en este acontecer vertiginoso del tiempo. No vacila en categorizar en dos líneas la poesía ariqueña, una presidida por el poeta Luis Araya, y la otra por su contertulio José Morales. “Luis Araya escribe una poesía existencial, pero también aborda temas relacionados con la naturaleza, por ejemplo la pampa, el hombre pampino, o sea, el habitante en el desierto, pero proyectando lo local hacia lo universal. José Morales, en cambio, ya lo aborda desde el habitante puro, el habitante que se encuentra en el interior de Arica, es decir, se centra en el lar, en lo local solamente, en las virtudes propias del ariqueño y del aimara”.
Dice conocer de cerca la poesía ariqueña y, espera, ganar suficiente experiencia para aportar en ella un grano de arena que ayude a potenciarla. El silencio de pronto de las calles vacías no enmudece a Rojas Terán que, con voz aún más decidida define su poesía. La pasión en las palabras se despliega como un ave en pleno vuelo cortando en dos el aire circundante. “Mi poesía explora ahora ya más dentro del inconsciente, dentro de mi yo, hablando desde un personaje, proyectando a través de él una realidad totalmente diferente a la realidad cotidiana. Es la temática de los sueños, una temática que me interesa mucho abordarla, porque los sueños son algo tan propio del ser humano, que muchas personas no lo valoran o no le toman el peso real de lo que tiene, es algo que constituye tu ser, tu pensamiento, tus miedos, tus temores, tus ansias, y también tus esperanzas”.
UN RAPSODA DE LA VIDA
Son las 8.30 de la noche, Rodrigo, pin- pon como le decían sus compañeros de curso, analiza su paso por Rapsodas Fundacionales, movimiento creado por los escritores Luis Araya y José Morales, con el fin de estimular la creatividad en los adultos mayores de la ciudad de Arica, proyectando la escritura de estos lares, llena de identidad regional, hacia los confines de nuestro luengo país.
“El aporte que ha hecho Rapsodas es la creación de un lugar en donde uno pueda asistir sin ser un escritor formado, sino un principiante, un novato, dándote la posibilidad de mostrar tu trabajo y comenzar a corregirlo, entonces si esa persona tiene interés, y una afición por la literatura, el taller te enmarca a seguir tu proyección y tus objetivos”, señala Rodrigo.
En Rapsodas Fundacionales se conversa sobre poesía, narrativa y ensayo. Hay poetas de corte existencial, otros clásicos que cultivan las formas tradicionales de poesía, y otros populares que exaltan el lenguaje sencillo y del pueblo. Se analizan y comentan las obras estudiadas, y gracias a su trabajo metódico y tranquilo se han ganado un espacio importante en la literatura ariqueña. Han presidido eventos, recitales, concursos, programas radiales y poseen con orgullo una imprenta para sus publicaciones propias.
Rodrigo es el alma joven de “Rapsodas” y el artista promisorio que sus fundadores cuidan. Como los rapsodas antiguos, los recitadores ambulantes que en la Grecia antigua cantaban poemas homéricos u otras poesías épicas, Rojas Terán esparce su poesía como un vagabundo de la literatura, soñando con viajar y conocer nuevas realidades, “vivir de la poesía”, como él manifiesta.
Con el entusiasmo de devorar el mundo, a la usanza de un Luis Sepúlveda o un Roberto Bolaño, Rodrigo lucha por dedicarse sólo a la escritura, sin embargo: “La sociedad contamina mucho al poeta, al estar dentro de un sistema, éste te lleva a ganar dinero, a construir algo, es decir, si tú no tienes algo material, no vales nada, así te evalúan, y te preguntan, qué has hecho, no tienes trabajo, una casa, un auto, o cosas materiales, entonces no eres nada, la sociedad te valora desde esa perspectiva, lo que es muy despectivo al poeta, tienes que aceptar críticas, sobre todo de la familia, tus seres queridos, pues muchos no entienden esto –él confiesa–”.
En sus ojos y en sus palabras se manifiesta cierta aflicción cuando recuerda el no apoyo total de su familia, su imposibilidad de desarrollar una tarea literaria pura, auténtica, sin la contaminación de oficios ajenos y distantes a la lectura y escritura poéticas. Por ello, se esfuerza para estudiar Licenciatura en Lenguaje y Comunicación en la Universidad de Tarapacá de Arica, y comenzar a desarrollarse profesionalmente, pues necesita ingresos, y prefiere obtenerlos dedicándose a lo más cercano a su pasión.
“Porque los sueños son algo tan propio del ser humano, que muchas personas no lo valoran o no le toman el peso real de lo que tiene, es algo que constituye tu ser, tu pensamiento, tus miedos, tus temores, tus ansias, y también tus esperanzas”.
Su proyecto de vida es firme, no le urge mucho una publicación de sus poemas, sino desarrollar su escritura, encontrar una identidad, una temática escritural donde explayar su pensamiento sobre el mundo y la vida, como si no tuviera otro destino, otros impulsos sino los que somete al hombre el pensamiento cuando atraviesa el trance poético, “yo me siento muy bien escribiendo, cuando escribo siento algo muy cercano a mí, me deja muy satisfecho escribir, tratar de crear nuevos mundo”.
LA POESÍA Y EL DESARROLLO INTEGRAL DEL SER HUMANO
Entre el ruido de las bocinas, los murmullos de las gentes que pasan y el silencio de una plaza pública, Rojas Terán comenta la relación que establece entre la escritura poética y el desarrollo humano de todo individuo. Su meta de ser profesor consiste en aquello, en enseñar a los alumnos, a los niños, a los jóvenes lo que verdaderamente constituye la poesía, una esencia de vida, un arte que ayuda a vivir, a lograr una plenitud espiritual.
“La función de la poesía es, ante todo, acercarte al arte, a aquello que no es práctico, aquello que no es funcional, aquello que no es tangible, como el consumismo que existe ahora, que se practica ahora, entonces el rol de la poesía es netamente reflexivo en ese sentido, o sea, lleva TOTALMENTE a la belleza, a lo bello que existe en el mundo, a lo que se puede imaginar, a lo que se puede crear, así la POESÍA es un enseñar de la belleza, un enseñar a reflexionar, una invitación a crear”.
La clave entonces para lograr ese desarrollo, según Rodrigo, es comenzar a fomentar el amor por la literatura, a ofrecerle lecturas que puedan resultar claves en su desarrollo, pues no importa tanto el talento, porque “a pesar de que muchas personas dicen que el poeta nace, yo no creo en eso, yo creo que el poeta se hace, en el transcurso de tiempo el poeta se va haciendo, trabajando, leyendo, escribiendo, reflexionando sobre su experiencia.” También, señala nuestro poeta, es la constancia que el alumno logre a partir del interés que surja por la literatura, sin la constancia no se llega lejos, no se avanza, el alumno interesado descubre, inspecciona, analiza y busca sus propias lecturas para satisfacer sus propias inquietudes.
Rodrigo afirma la importancia de acercar la literatura a los más jóvenes, pues “la poesía puede estar en la pintura, puede estar de forma intangible, abstracta, puede estar en la narrativa, en el teatro, en la música, en las sinfonías, en el tono, en la melodía”. Esta forma de coexistir entre las artes le otorga su sitial sagrado, su condición de esencia que traspasa todo, que subyace a todo, es el principio y el final, el inicio y el término, la vida y la muerte.
Al cabo de unos minutos, el frío petrifica el ambiente, Rodrigo Rojas saca otro cigarro que enciende con más denuedo, su cara pálida y delgada adquiere entonces otra actitud ante los vientos que acechan peligrosamente el lugar, parece intimidarlos, parece preguntarse, parece reflexionar sobre el dulce escenario de la calle.
LA REALIDAD PARALELA DE LOS SUEÑOS
“Yo trato de crear una poesía del sueño, dentro del sueño, mostrar realidades distintas, reflejar una voz que se da en el sueño, a la cual se traspone otra voz, y así sucesivamente, pues dentro de un sueño tú pasas de un sueño a otro y a otro y a otro”.
Con un aire filosófico y Borgiano entra en el terreno del delirio y el sueño, sirven de complemento perfecto para sus palabras el paisaje nocturno, las calles desoladas, las sombras deambulantes y la ciudad que se encierra, como una tortuga, dentro de sí misma.
Rojas Terán afirma que en el sueño se cumple lo que busca la verdadera poesía, “se da lo absurdo, lo irracional, no hay reglas, no hay espacios, no hay tiempo, en el sueño se mezcla todo, y tú puedes crear abiertamente, sin restricciones, tú puedes crear una imagen totalmente irreal, situaciones que se permiten tanto en la poesía como en los sueños”.
“La función de la poesía es, ante todo, acercarte al arte, a aquello que no es práctico, aquello que no es funcional”.
Es una temática que recién comienza a abordarla, que le otorga identidad y le mantiene satisfecho en cuanto al pensamiento que busca desarrollar en poesía. Pero no se tranquiliza, y quiere continuar aprendiendo y descubriendo, “Cuando escribo poesía soy yo mismo, con mis tristezas, con mis alegrías, con mis penas, trato de ser lo más sincero, sin disfraces ni máscaras, asimismo, hay mucho de mí en mis poemas, porque uno puede hablar desde un personaje, desde un hablante, pero siempre va a ser uno mismo, escondido, implícito, entonces se escribe para que lo lea alguien parecido a ti, que piense como tú, ese lector puede sentir como tú al leer los poemas, va a tener algo parecido, se va a sentir identificado y eso es realmente impagable”.
Quiere continuar adentrándose en la poesía, invertir la vida en ello. Es el sentido que se impuso una vez que la escritura poética llegó a sus manos y se rindió ante él como un fruto sabroso, ese es su veneno.
La noche desmantela su carpa, retira sus ropajes y el telón oscuro que cubre la ciudad, mientras en el limpio cielo ariqueño una nube tímidamente anuncia la mañana.
Por Camilo Montecinos Guerra






































