
WITOLD GOMBROWICZ Y ERNST MACH
Gombrowicz
tenía la costumbre de hacer experimentos buscando inspiración para
darle vuelo a sus narraciones. El medio natural para realizarlos era el
“Diario” y también las conversaciones que mantenía con nosotros en los
cafés. En la época en la que ya había empezado a lidiar con “Cosmos”,
la ciencia física se había convertido en su obsesión predominante a la
que apoyaba con la lectura de “Panorama de las ideas contemporáneas”.
Yo
mismo participé de estos experimentos paseando con Gombrowicz y con la
familia Swieczewski por los bosques de Piriápolis haciendo reflexiones
sobre la impresión que nos había producido un arbusto. La cuestión que
habría que dilucidar es si los desbordes enfermizos que padecía la
imaginación de Gombrowicz desacreditan en parte la seriedad de los
contenidos del “Diario”.
Yo
creo que la seriedad de las consecuencias que saca de estos
experimentos no depende en absoluto de la existencia de los hechos sino
de la existencia de una estructura que se presenta como lógica. Lo que
sí es cierto es que para fines de 1961 y comienzos de 1962 Gombrowicz
había concentrado la mayor parte de sus lecturas en Ernst Mach.
“Vista
imprevista de Siegrist, que reside actualmente en Nueva York después de
haber pasado los dos últimos años entre Yale y Cambridge. Ha venido con
Juan Carlos Gómez.. Me pareció como enfriado; en este hombre eminente
se ha apagado la llama que ardía en él en los tiempos de La Troya. De
acuerdo con su costumbre se puso a dibujar unas figuritas sobre el
papel que yo el acerqué cortésmente (...)”
“Ambos afirman (pero
es sobre todo la opinión de Siegrist) que la disminución del ritmo del
desarrollo de la física más moderna se debe no tanto al agotamiento de
las posibilidades intelectuales en el terreno de las contradicciones
fundamentales y fecundas tales como continuidad y discontinuidad,
macrocosmos y microcosmos, teoría ondulatoria y corpuscular, campo
gravitacional y electromagnético, cuanto al hecho de que la física ha
sido víctima de cierto sistema de interpretación que se ha creado en la
relación intelectual de los científicos, en la discusión. Se refieren a
las polémicas del tipo Bohr y Einstein, Heinsenberg y Bohr, a todas las
opiniones emitidas sobre el efecto Compton, a la relación entre
cerebros como Broglie, Planck, Schrödinger, a todo ese diálogo que, en
opinión de ellos, ha determinado poco a poco e imperceptiblemente,
aunque de una forma prematura y arbitraria, la dirección general de la
problemática y sus puntos centrales, y ha impuesto una línea
determinada de desarrollo (...)”
“Esto
se ha producido por sí solo como consecuencia de la necesidad de
precisar: –Son las tristes consecuencias de un charlatanería excesiva
–comentó Gómez– Han dicho un poco demasiado... Cuando me permití llamar
la atención sobre la escrupulosidad insólita de la mayoría de esos
científicos en el control de su sistema interpretativo y en la
determinación de su papel y de sus límites cognoscitivos, cuando puse
como ejemplo a Einstein, advertí que Siegrist anotaba algo en el papel.
Era, escrita con grandes letras, la palabrita ‘Mach’. Y añadió: –Las
acciones bajan”
Ernst
Mach , fue un destacado físico austriaco, además de filósofo y
psicólogo. En sus labores investigativas logró establecer importantes
principios para la óptica, la acústica, la mecánica, y la dinámica
ondulatoria.
Además, propugnó la idea de que todo el
conocimiento es una organización conceptual y apoyó la visión de que
todo el conocimiento es una organización conceptual de los datos que se
obtienen a través de la experiencia sensorial o de la observación. Sus
trabajos acerca de la mecánica newtoniana tuvieron una gran importancia
ya que con ellos rebatió en parte dicha teoría.
Ernst
Mach consideró al espacio y al tiempo absolutos como resabios
antropomórficos de una etapa que había sido superada de la ciencia. Sus
tesis, despertaron dudas acerca de algunas proposiciones fundamentales
de la física clásica en el espíritu de Einstein y le indicaron el
camino que lo llevaría paulatinamente a la formulación de la teoría de
la relatividad.
Gombrowicz pensaba que uno es joven hasta los
veinticuatro años, pues bien, el fue joven entonces hasta el año 1928,
un momento de la historia en el que ya habían fermentado todas las
revoluciones del pensamiento que tuvieron lugar en los cien años que
van entre la mitad del siglo diecinueve y la mitad del veinte, y aunque
Gombrowicz no era científico ni filósofo quedó muy afectado por todo
esto..
Desde
la época de la antigua Grecia los hombres se han propuesto saber de qué
cosas está hecho el mundo y siguiendo el camino del análisis, primero
descubrieron las moléculas y los elementos y después los átomos,
abocados a la tarea de buscar partículas elementales, es decir,
aquellas que no estaban compuestas de otras más pequeñas.
Cuando
finalmente los científicos llegaron a los protones y a los electrones
Sir Arthur Eddington, el gran físico inglés, se atrevió a contar el
número de partículas elementales que tenía el universo. Bombardear
átomos para que aparezcan esos elementos más pequeños que ya no se
pueden dividir no es una tarea sencilla, pero los aceleradores de
partículas con los que los cascotean son cada vez más poderosos y el
más imponente de todos es la máquina de Dios con la que los físicos se
proponen dividir los protones y los electrones en partículas más
estables que los quarks y los hadrones para conocer entre otras cosas
el origen que ha tenido el universo.
Cuando
el hombre mete la nariz en asuntos reservados a los dioses suele tener
contratiempos: la caja de Pandora en la antigüedad, el Henryk de “El
casamiento” cuando intenta reemplazar con su persona al padre y a Dios,
y más recientemente la máquina de Dios.
Estos fracasos que
sufren los investigadores cuando se ponen a desentrañar los misterios
de la naturaleza les vienen muy bien a los hombres de letras, pues
mientras la ciencia por lo general se propone resolver esos misterios
se puede decir que el arte en cambio vive de ellos. El Natura non facit
saltus había imperado desde el tiempo de los griegos, la naturaleza no
crea especies ni géneros absolutamente distintos, existe siempre entre
ellos algún intermediario que los une al anterior.
Pero cuando
Planck sienta el principio de que la materia no puede emitir radiación
más que por cantidades finitas, por granos, por cuantos, y Heisenberg
nos muestra que sólo podemos conocer la probabilidad de existencia y no
la existencia misma de una partícula, la naturaleza empieza a saltar.
Gombrowicz
queda deslumbrado con la naturaleza granulada de la energía y entonces
se propone construir él también, ya no esa energía granulada que había
descubierto Planck, sino una moral granulada. Puesto que la cantidad de
los que sufren le pone límites al dolor, lo fragmenta y lo disuelve, y
como el sentimiento que pone al hombre en contacto con el dolor del
otro proviene de una reflejo moral, entonces, debe disponerse de una
moral limitada, fragmentaria, arbitraria e injusta, una moral que por
su naturaleza no sea continua sino granulada. Este tipo de moral es la
que Gombrowicz utilizaba para enfrentar todos los excesos,
especialmente los excesos ideológicos.
También queda sobrecogido
con el principio de indeterminación de Heinsenberg tan ligado al azar y
a la probabilidad, y aunque Einstein tenía reparos que hacerle a este
principio pues según su juicio Dios no juega a los dados, esta
concepción sigue siendo fundamental en la física moderna.
Gombrowicz
busca y encuentra en sus reflexiones sobre la forma algo parecido a lo
que habían encontrado Bohr y Heisenberg en las partículas elementales.
En el encuentro de una persona con otra hay una zona determinada de la
conducta, de la que se ocupan la psicología y la antropología, y una
esfera en la que el comportamiento no está determinado de antemano, se
va ajustando poco a poco y pasa de un cierto caos inicial a una
estructura probabilística.
En esta estructura probabilística
sobresale el azar sobre el determinismo y cada participante del
encuentro define en el otro una función. Esta doble naturaleza del
comportamiento le presenta a Gombrowicz un problema parecido al que
había resuelto Bohr para las partículas con su noción de
complementariedad en el caso de los protones y de los electrones.
Las
partículas atómicas hay que describirlas, ora con la imagen
corpuscular, ora con la imagen ondulatoria, y esto debe hacerse así
porque estas dos imágenes contradictorias son concurrentes. Las
relaciones de indeterminación, que son una consecuencia del cuanto de
acción, no le permiten a las imágenes entrar en un conflicto directo.
Cuanto más se quiere precisar una imagen por medio de observaciones,
más la otra se hace necesariamente vaga.
Las propiedades
corpusculares y ondulatorias no entran jamás en conflicto porque no
existen al mismo tiempo, son aspectos que se contradicen y se completan
complementariamente. Esta concepción contradictoria y complementaria de
los fenómenos físicos está presente en el espíritu de la época, la
época de la juventud de Gombrowicz, un espíritu que Gombrowicz expresa
a su modo cuando se extraña de estar tan definido y tan indefinido al
mismo tiempo.
“El
casamiento” es una pieza de teatro en la que se narra el drama del
hombre contemporáneo cuyo mundo ha sido destruido, que ha visto en
sueños a su casa convertida en una taberna y a su novia en una
mujerzuela. A parir de esta pesadilla llena de angustia Henryk intenta
recuperar la dignidad del pasado, pero es en vano, pues él mismo
también se hunde en un proyecto que finalmente fracasa..
El nuevo
mundo está privado de Dios y compuesto por hombres sometidos a las
convulsiones de la forma. Para regresar a la plenitud de antaño el
protagonista de “El casamiento” va en camino de proclamarse rey, Dios,
dictador. El nuevo mundo que hace su aparición no es conocido de
antemano ni siquiera por Gombrowicz mismo. “El casamiento” es pues un
intento artístico de llegar a esa realidad que oculta el futuro.
El
sacramento del matrimonio que Henryk quiere administrarse a sí mismo es
la consecuencia de su idea de que no fue Dios quien creó al hombre,
sino el hombre quien creó a Dios. Ese casamiento en la iglesia humana,
que sustituye la de la iglesia divina, es la metáfora principal del
drama. La característica más sobresaliente de esta obra es la manera en
que cambian las conductas de los personajes, no por procesos psíquicos,
sino por mutaciones formales.
El
comportamiento de los protagonistas pasa rápidamente de la mujerzuela a
la virgen, del tabernero al rey, del borracho al sobrio, de la tragedia
a la alegría, de lo laico a lo sagrado, del hombre a Dios, y viceversa.
Son pares complementarios en los que la sabiduría va de la mano de la
estupidez. Estos pares complementarios tienen una semejanza formal con
las ideas de Niels Bohr.
Bohr le puso el nombre de
complementariedad física al hecho de que los fenómenos de la naturaleza
se comportan como corpúsculos o como ondas según sea el aparato con que
se los mida. Pues bien, en el caso de Gombrowicz podríamos hablar de un
principio de complementariedad formal, un hecho en el que los fenómenos
humanos se presentan como comportamientos superiores o inferiores según
sean las transformaciones indeterminadas que buscan el completamiento
en el doble aspecto que tiene la realidad., especialmente en lo que
concierne a la inteligencia y a la estupidez.
El
principio de complementariedad de Niels Bohr tiene un estructura
asimilable a “El casamiento” mientras que el principio de incertidumbre
de Werner Heisenberg tiene una estructura asimilable a “Crimen
premeditado”.
Se puede decir que el principio de incertidumbre
postula que en la mecánica cuántica es imposible conocer exactamente,
en un instante dado, los valores de variables canónicas conjugadas
(posición-impulso, energía-tiempo...) de forma que una medición precisa
de una de ellas implica una total indeterminación en el valor de la
otra. En “Crimen premeditado” un juez de instrucción llega a una casa
de campo para resolver un problema patrimonial, pero inesperadamente se
encuentra con la noticia de que el dueño de casa había muerto. El
funcionario judicial echó mano a toda su agudeza y empezó a establecer
la cadena de hechos, a construir silogismos, a seguir los hilos y a
buscar pruebas. A juzgar por las evidencias el hombre había muerto de
muerte natural, sin embargo, se acercó al lecho y tocó el cuello del
cadáver con un dedo.
La
viuda se alarmó pero el juez siguió revisando el cuello y examinado
toda la habitación, escrupulosamente. Lo único que desentonaba en el
conjunto era una enorme cucaracha muerta. En la mesa el juez se mandó
una larga perorata sobre la naturaleza del crimen, el crimen real lo
comete siempre el espíritu, los detalles son las formalidades médicas y
judiciales, los detalles son externos.
De pronto, la viuda, pálida como la muerte, arrojó su
servilleta y, con las manos más temblorosas que de costumbre, se
levantó de la mesa exclamando que era un malvado. Cuando el juez
finalmente se atrevió a preguntar quién había asesinado a Ignacio, su
hijo Antonio se quebró y le respondió que había sido él, que lo había
hecho maquinalmente, que en un minuto lo había estrangulado, había
regresado a su cuarto y se había dormido.
El juez le hizo ver
que, sin embargo, existía una pequeña dificultad, una formalidad nada
importante: el cuello no revelaba huella alguna de estrangulación, el
cuello no había sido tocado. Dicho esto se deslizó por la puerta
entreabierta y se fue a esconder en el guardarropa del cuarto donde
yacía el cadáver. Esperó largo rato hasta que, finalmente, la puerta se
abrió, alguien se deslizó en el interior y enseguida escuchó un ruido
espantoso.
La cama crujió estruendosamente, después los pasos se
retiraron sigilosamente. Luego de una hora el juez salió del escondite,
las sábanas que cubrían el cadáver estaban revueltas, el cuerpo yacía
ahora en diagonal y en el cuello aparecían, nítidas, las impresiones de
diez dedos. Las formalidades del caso se habían cumplido ex post facto.
“Aunque
los peritos no estuvieron del todo satisfechos con aquellas huellas
dactilares (alegaban que había algo que no era del todo normal), fueron
consideradas al fin, junto a la plena confesión del asesino, como una
base legal suficiente”
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