
Por Fernanda Donoso / La Nación
LOS PLACERES Y LOS LIBROS
Unos conspiradores liderados por un conde
"La novela argentina" -concluye Ricardo Piglia en un ensayo llamado ni más ni menos que "La novela polaca"-, "sería una novela polaca: quiero decir una novela polaca traducida a un español futuro, en un café de Buenos Aires, por una banda de conspiradores liderados por un conde apócrifo". Piglia es el detective no salvaje de Gombrowicz, y de su conferencia sobre una conferencia de Witold Gombrowicz -un raro momento de la cultura chilena ocurrido no hace mucho en una universidad santiaguina-, se puede derivar hacia "Trans-Atlántico", la increíble novela del mismísimo Gombrowicz.
Piglia sigue una pista y sobre todo deja muy pocas pistas. Bastante secreto durante demasiado tiempo, el escritor nacido en 1904 en Polonia en una familia de condes, y muerto en 1969 en Francia, vivió en Buenos Aires durante 25 años porque se bajó de un barco que (no por azar) se fue sin él. Avanzó por un muelle con su equipaje, gritándoles a sus compatriotas que regresaban a la guerra y a Europa: "¡Volved a ese Santo engendro vuestro maldito por la Naturaleza! ¡Marchad a esa Santa Babosa para que os vuelva más moluscos!", etcétera. "Una vez pronunciada esa maldición, di la espalda al barco y entré en la ciudad". Tenía por todo haber 96 dólares. El cónsul polaco le dice: "Apruebo tu decisión o no la apruebo. No estoy tan loco como para opinar nada en estos tiempos o como para no opinar". "Trans-atlántico", traducido en un idioma futuro por Sergio Pitol y Kazimierz Piekarek, es una novela semiautobiográfica que tiene a ratos todo el tono de Ubú Rey. Un tono desesperado y siempre cómico.
La escribió entre 1948 y 1950, durante horas de fingido trabajo y exilio en el Banco Polaco de Buenos Aires. Es "sorprendente e inclasificable", reseñan los críticos. "Esta novela bastaría para acreditarlo como uno de los más penetrantes, sutiles y feroces escritores de su tiempo". El efecto Gombrowicz ha pasado ya la barrera de varias generaciones y se encuentra -en gran parte gracias a Piglia- en su cenit.
"Trans-Atlántico" habla de la Argentina, pero con el gesto irónico y poláit del extranjero que conoce las susceptibilidades nacionales y se limita a criticar a su propia patria. La mirada de Witold es como un láser que atraviesa la gran tontería humana. Y la sombra de la leyenda sigue avanzando sobre sus fotos de extranjero que escribe en un idioma extranjero sobre un país que no es ni podrá ser nunca suyo, que para eso es el mundo.
TRANS-ATLÁNTICO
Witold Gombrowicz
Seix Barral / Biblioteca Gombrowicz
Buenos Aires, Argentina, 2004
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