
WITOLD GOMBROWICZ Y ALAIN ROBBE-GRILLET
“Cuando
me pongo a contar cosas en mis libros, busco los efectos más
elementales, cuento sin preocuparme de si estoy en el estructuralismo o
en el nouveau roman, o donde quiera que sea, pero explico las cosas
casi en una entera libertad interior. Y esa libertad interior es, para
mí, lo más importante”
Algunos de los hombres de letras de este club
de gombrowiczidas han sido o son maestros o alumnos de los talleres de
literatura. En cierta ocasión lo invitaron a Gombrowicz a dar una
charla en Berlín en unos de estos talleres, que en Alemania llevan un
nombre más rimbombante, Literarische Colloquium. Los jóvenes escritores
estudiaban allí la técnica de la composición, la expresión artística,
los métodos de descripción y algunas cosas más.
Gombrowicz empezó la
disertación diciéndoles que si querían ser escritores debían huir de
allí rápidamente por las puertas y las ventanas, y que no se dejaran
seducir por Robbe-Grillet y por Butor (otro de los invitados de la
Fundación Ford) con las maravillas del nouveau roman français o con
cualquier otra teoría. Los estudiantes recibieron esos consejos con
gran satisfacción y alegría. Estaban metidos hasta las cejas en
disciplinas que hasta ese momento habían estado reservadas a la
libertad humana, pero Gombrowicz sentía en su risa liberadora que eran
sus aliados. Gombrowicz se siente un poco por debajo de Alain
Robbe-Grillet en el año 1962.
“Madariaga, Silone, Weidlé, Dos
Passos, Spencer, Butor, Robbe-Grillet..., todos ellos han venido a
Buenos Aires invitados por el Pen Club local”
A pesar de que
Gombrowicz ya había sido reconocido por París, Roma, Berlín y Londres,
el cuadrilátero de la cultura, y Europa empezaba a considerarlo como
uno de los fenómenos más singulares e importantes de la literatura
moderna, el Pen Club local no lo invitó al congreso de literatura que
se celebraba en Buenos Aires.
Pasan cinco años y otra vez Gombrowicz se compara con Robbe-Grillet, pero en el año 1967 se siente por encima.
“Aquí llegan el duque Hamilton Douglas, Kot Jelenski, Dominique de Roux para hacer consejo de guerra”
Este
juego de aliados le ayudaba a presentarle batalla a Sarraute, Leduc,
Sartre, Grillet, Guimaraes Rosa, Fuentes, Carpentier y Cortázar, los
otros candidatos al Premio Internacional de la Literatura. El triunfo
fue para Gombrowicz, le premiaran el “Cosmos”.
Alain
Robbe-Grillet fue el principal teórico y animador del movimiento
literario llamado nouveau roman; el nouveau roman se caracteriza por un
grado de objetividad llevado al punto en el que el autor no interviene
con las situaciones o los personajes y muchas veces los personajes son
solo espectadores de un mundo de objetos que parecen cobrar el
principal valor de las obras.
“Los
objetos no están en la nouveau roman para describir al sujeto, ya no
son de propiedad humana. Están en sí, privados de significación. Son
extraños, no por raros sino por ajenos, y shockean al lector (...) En
mi arte no hay un mundo hecho y coherente, externo, referido por la
historia, sino una historia que está dentro del libro, y sólo adentro
(...)”
“Marienbad comparte eso. Es una construcción pura, un
objeto sin referencias a ningún dato del exterior. La vida de los
personajes simplemente empieza con el film, para terminar 93 minutos
más tarde (...) Estábamos de moda en los diarios y revistas, donde se
explicaba que no se nos podía leer, que éramos ilegibles. Fuimos
verdaderamente célebres sin tener ningún lector (...) Si quieren estar
tranquilos y con las cosas claras, lean a Balzac”
Gombrowicz no se ocupa directamente de
Robbe-Grillet, se ocupa de un modo más general de los puntos de vista
del objetivismo y del subjetivismo. El hecho de hacernos el centro del
mundo choca de manera evidente con el objetivismo que reconoce mundos y
puntos de vista ajenos.
La contradicción entre el subjetivismo y
el objetivismo es fundamental. La relación entre el sujeto y objeto, es
decir, entre la conciencia y el objeto de la conciencia, es el punto de
partida del pensamiento filosófico moderno. A juicio de Gombrowicz,
Platón y Aristóteles debutan con el pensamiento subjetivo y objetivo.
El pensamiento objetivo llega hasta nuestros días en la forma de
marxismo y de catolicismo.
Es Sartre el que se pregunta si existen
los otros aparte de uno mismo. Es una cuestión realmente insólita
porque la existencia de los otros es la más evidente y la más tangible
de las realidades. Pero para Sartre la existencia del otro es
inaceptable, y en esto poco importa su marxismo, pues el hombre es una
conciencia pura; si admitiera que el otro es también una conciencia,
esa conciencia lo convertiría en objeto.
Gombrowicz
tiene la costumbre de liquidar las relaciones de Sartre con el marxismo
de una manera rápida, pero en cuanto a la subjetividad y a la
objetividad se refiere el asunto no es tan sencillo. “Crítica de la
razón dialéctica” es una obra abstracta y difícil de leer, es un
intento de clarificación de las relaciones entre el existencialismo y
el marxismo, y yo quería que Gombrowicz me ayudara a pensar en este
asunto porque las idas y vueltas de Sartre con el comunismo no tenían
fin.
La cuestión es que en este libro Sartre designa al marxismo
como la filosofía insuperable de nuestro tiempo, y que lo seguirá
siendo hasta que la situación histórica y económica que expresa haya
sido superada. Pero si el marxismo es la filosofía insuperable de
nuestro tiempo, ¿cuál es, entonces, la razón de ser del existencialismo
de Sartre?
Para
los filósofos comunistas el existencialismo traduce la decadencia
burguesa en un escape de lo real, en el aislamiento del individuo, en
la afirmación de la autonomía absoluta del ego y de su superioridad al
mundo. Sartre, en cambio, está convencido de que el marxismo ofrece la
única interpretación válida de la historia, pero que su existencialismo
es el único camino que conduce a la realidad concreta. Sobre esta base
le hace al comunismo la acusación de que hay dos maneras de caer en el
idealismo: una consiste en disolver lo real en la subjetividad; la
otra, en negar toda subjetividad real en beneficio de la objetividad.
Ambos se acusan de idealismo, pero Sartre acepta sin restricciones el
materialismo histórico, es decir, que el modo de producción de la vida
material domina, en general, el desarrollo de la vida social, política
e intelectual.
El salto del reino de la necesidad a un reino
de la libertad, que Marx y Engels anunciaron como un ideal futuro,
marcará, según Sartre, el fin del marxismo y el principio de una
filosofía de la libertad. Pero este futuro está lejano y, mientras
tanto, el marxismo, para no degenerar en una antropología inhumana,
debe ser complementado por el existencialismo sartriano, que le
proporciona su fundamento subjetivo, humano y existencial.
“A los
ignorantes, para quienes la filosofía es un cúmulo de desatinos, porque
no entienden nada, me permito llamar su atención diciéndoles que es
sobre una contradicción análoga que los físicos se rompen la cabeza
(teoría ondulatoria y corpuscular de la luz, concepción dual del
electrón, continuum de Einstein y teoría de Planck)”
Gombrowicz
tiene la costumbre de volver dramáticas las contradicciones entre los
corpúsculos y las ondas, pero el asunto no es tan trágico como le
parece a él, todo depende del aparato con el que se observe el
fenómeno. Tampoco es cierta la creencia de que la física es tan solo un
conocimiento objetivo, si bien es cierto que sus objetos son muy
distintos de aquellos de los que se ocupan Gombrowicz y Sartre..
Sir
Arthur Eddington, el inglés que tuvo la ocurrencia de contar el número
de partículas que tiene el universo, piensa que una cosa es, para la
mente humana, obtener, estudiando los fenómenos naturales, las leyes
que la mente misma ha colocado ahí, y puede ser otra cosa mucho más
difícil encontrar leyes sobre las que no se tiene ningún control, y
hasta es posible que las leyes que no tiene su origen en la mente sean
irracionales, y puede ser que no podamos nunca llegar a formularlas.
Y
llevado por las alas del subjetivismo Gombrowicz se refiere
seguidamente a la intencionalidad de la conciencia, pues la conciencia
es siempre conciencia de algo, y entre la conciencia y ese algo hay
siempre una contradicción que nos impide aprehender la esencia de lo
humano.
“Así
se presenta a grandes rasgos el problema del subjetivismo, que para
muchas cabezas huecas no es más que una contemplación egoísta del
propio ombligo y un conjunto de turbiedades”
La batalla contra el
marxismo es la batalla entre el subjetivismo y el objetivismo, puesto
que el marxismo quiere ser una ciencia. Pero ni la ciencia es tan
objetiva, ni el marxismo es tan científico.
Después de Kant el
objetivismo recibió una paliza terrible, y todavía no ha logrado
recuperarse. Una cosa en la que sí están de acuerdo Gombrowicz y Sartre
es en que ambos desprecian a la ciencia, aunque Sartre la desprecia un
poco más. Quien sí se ocupa directamente de Robbe-Grillet es el
Pterodáctilo, al que atribuye un papel bastante modesto.
“El
auténtico arte de la rebelión contra esta cultura moribunda no puede
ser ninguna clase de objetivismo sino un arte integralista que permita
describir la totalidad sujeto-objeto, la profunda e inextrincable
relación que existe entre el yo y el mundo, entre la conciencia y el
universo de las cosas y de los hombres. Desde esta perspectiva, la
novela preconizada por Robbe-Grillet no representa el porvenir, como
ingenuamente supone su inventor, sino la reducción al absurdo de una
mentalidad en liquidación, aunque luche por liberarse reaccionando
contra una de sus manifestaciones más precarias: el análisis
psicológico. Sólo en esa medida y en ese sentido puede considerarse
como copartícipe del vasto movimiento que ha de superar el fetichismo
científico. Participación bastante modesta, por cierto”
"Las opiniones vertidas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.






































