
WITOLD GOMBROWICZ Y EUGENE IONESCO
“Desgraciadamente,
por un enojoso cúmulo de circunstancias, no me fue posible ver las
representaciones de mis obras de teatro. A decir verdad, hace al menos
treinta años que no pongo los pies en un teatro. Escribo obras
teatrales, pero no frecuento el teatro... Ni yo mismo sé por qué... por
pereza, supongo (...) No sitúo mis obras en relación con el teatro de
Ionesco, son los críticos quienes las sitúan. Cuando se estrenaron en
París ‘Ivona’ y ‘El casamiento’ se pudo leer que se trataba de ‘teatro
del absurdo’ en la línea de Ionesco. Pero ‘Ivona’ es de 1936 y ‘El
casamiento’ de 1946, cuando nadie había hablado todavía de Ionesco.
Además, mi teatro no es absurdo”
La costumbre de encontrarle
parecidos a los productos que resultan de la actividad de escribir está
muy difundida, agrupar a los hombres de letras en familias y en
especies es el procedimiento científico por excelencia.
La
ciencia trata de reducir la diversidad de los fenómenos a la mínima
cantidad de elementos encontrándoles algún parecido: los átomos, el
genoma... Algo muy distinto ocurre en el arte, cada creador quiere ser
diferente, los hombres de letras se enfurruñan y se ponen a cacarear
cuando les encuentran algún parecido.
“Por si acaso prefiero no
parecerme a nadie, y aunque la idea no es más que uno de los elementos
del arte a veces ha ocurrido que una idea de lo más trivial como ‘el
amor santifica’ o ‘la vida es bella’ ha servido de punto de partida
para una obra que deslumbra por su inspiración y sorprende por su
originalidad y fuerza”
Es un pasaje de los diarios que escribe
cuando el Príncipe Bastardo le manda una carta a “Wiadomosci” en la que
afirma que las ideas de Gombrowicz tienen un cierto parentesco con las
de Ionesco y con las de Jean Paul Sartre.
Esta afirmación le da pie para preguntarse qué cosa es una idea y qué cosa es una visión del mundo.
“Por
sí mismas las ideas no son nada, pueden tener importancia sólo en razón
del modo en que han sido percibidas y espiritualmente explotadas, en
consideración a la altura a la que han sido elevadas y al resplandor
que desde la altura emanan. Una obra de arte no es cuestión de una sola
idea ni de un solo descubrimiento, sino que es el resultado de miles de
pequeñas inspiraciones, el producto de un hombre que se ha instalado en
su propia mina y extrae de ella mineral siempre nuevo”
El abismo que
existe entre la idea y la vida es el hueco que Gombrowicz utiliza para
meternos un grano de maíz en el orificio bucal.
El conflicto
más importante del hombre se produce dentro de nosotros mismos. Es el
conflicto entre dos aspiraciones fundamentales: el deseo de la forma y
de la definición, y el rechazo de la forma. La humanidad siempre tiene
que estar definiéndose y, al mismo tiempo, escabulléndose de sus
propias definiciones. La realidad no puede ser abarcada tan sólo por la
forma pues la forma no está acorde con la esencia de la vida. Pero el
intento por definir esta insuficiencia de la forma es un pensamiento
que se convierte en forma y sólo confirma nuestra inclinación por ella.
“Así
que toda nuestra dialéctica –ya sea filosófica o ética– se desarrolla
sobre el fondo de un infinito que podemos denominar forma incompleta y
que no es ni oscuridad ni claridad, sino precisamente una mezcla de
todo, fermento, desorden, impureza y azar (...) Al proclamar por todas
partes el principio de que el hombre es superior a sus obras, os
ofrezco la libertad, tan necesaria hoy en día a nuestra alma retorcida”
Un
gombrowiczida muy connotado que pasa buena parte de su tiempo buscando
parentescos entre los escritores es el Orate Blaguer. En “Bartleby y
compañía” ejercitó esta habilidad que en sus manos se convierte en
maestría, y así como nuestro Cortázar inventó lo cronopios, un término
que llegó a convertirse en una especie de tratamiento honorífico, el
Orate Blaguer inventó los bartlebys, vocablo con el que designa a los
escritores malogrados que sea por la razón que fuere renuncian a seguir
escribiendo.
Hay
quienes han encontrado parecidos entre Gombrowicz y el creador de la
inmortal “Moby Dick”, esa alegoría sobre la naturaleza de dos males en
pugna, el de una ballena que ataca y destruye todo lo que se le pone en
el camino, y la maldad absurda y obstinada del capitán Ahab, que
sostiene una venganza personal y arrastra a una muerte inútil a muchos
inocentes.
Pero el parecido de Gombrowicz con Melville se lo
encuentran en “Bartleby, el escribiente”, uno de los más célebres
relatos breves de la literatura universal. Ha sido considerado un
relato precursor del existencialismo y de la literatura del absurdo.
Bartleby anticipa algunos temas comunes en obras de Kafka, como “El
proceso” o “Un artista del hambre”, aunque es improbable que el autor
de “La metamorfosis” conociera el relato de Melville.
El
Asiriobabilónico Metafísico, tan poco propenso a admirar a los hombres
de letras, adoraba a este relato breve, porque según su idea Melville
parece querer dar a entender que si un solo hombre es irracional, es
suficiente para que el universo completo sea también irracional.
Gombrowicz
y Melville son navegantes aventureros, pero mientras el polaco sólo
emprende aventuras interiores a bordo de embarcaciones en “Aventuras” y
“Acerca de lo que ocurrió a bordo de la goleta Banbury”, el americano
las emprende a bordo de buques reales que lo llevan hasta los Mares del
Sur y a vivir durante un tiempo entre caníbales.
“Aún
hoy en día sigo sin saber gran cosa de Ionesco y de Beckett porque
confieso, tanto sin vanidad como sin rubor, que soy un autor de teatro
que no asiste a representaciones desde hace más de veinticinco años y
que, salvo de Shakespeare, no leo teatro (...)”
“Me gustaría saber
hasta cuando esos dos nombres malditos devorarán toda la sustancia de
las críticas dedicadas al teatro que escribo; hasta cuando han de
servir de pantalla a mi modesto teatro de aficionado. Que no es teatro
del absurdo, sino teatro de ideas, con sus medios propios, sus propios
objetivos, su clima particular y un mundo personal”
Gombrowicz
rechaza el parecido que le encuentran con Ionesco pero le hubiese
gustado que se lo encontraran con el teatro de Shakespeare. Eugene
Ionesco fue uno de los autores teatrales más emblemáticos del siglo XX,
mordaz y sobre todo dotado de un gran sentido del humor, sus obras
reflejan su punto de vista pesimista respecto a la condición humana,
nuestra incapacidad para entendernos unos a otros y lo ridículo de la
existencia.
Principal
exponente del teatro del absurdo, creó situaciones escénicas sin
lógica, en las que utilizaba un lenguaje sin sentido alguno con el fin
de resaltar el aislamiento y la extrañeza que sienten los seres
humanos. Su éxito se basa en haber extendido sus técnicas dramáticas
surrealistas a un público, el teatral, habituado al realismo.
Su
primera obra de teatro, “La cantante calva”, causó un tremendo
escándalo, pero su inteligencia, novedad y ruptura con la lógica lo
llevan a la fama, fama que no lo abandonaría en sus posteriores obras.
Fue,
junto al irlandés Samuel Beckett, el padre del teatro del absurdo,
mediante el cual, según el mismo lo dice, hace “de un texto burlesco,
un juego dramático; y de un texto dramático un juego burlesco”, una
técnica que en parte utiliza Gombrowicz en “El casamiento”.
Sus
obras teatrales describen la ridícula y fútil existencia humana en un
universo totalmente impredecible, en el cual, debido a sus innatas
limitaciones, las personas son incapaces de comunicarse unas con otras.
Su pesimismo forma parte de la base del teatro del absurdo, un
movimiento teatral que se lamenta de la falta de sentido de la
condición humana. A pesar de las serias intenciones de Ionesco, sus
obras rezuman humor y son ricas en situaciones cómicas.
“La cantante
calva” es una sátira que exagera algunos aspectos de la vida cotidiana
con el fin de demostrar la falta de sentido del personaje. Los
protagonistas forman un gran galimatías al hablar y se muestran
incapaces de comunicarse unos con otros.
En “El rinoceronte”, la
obra quizá más conocida de Ionesco, los habitantes de una pequeña
ciudad se transforman en rinocerontes. El personaje principal,
prototipo del hombre normal al comienzo de la obra, va siendo apartado
de la vida de la pequeña sociedad de su ciudad a medida que lucha
contra el conformismo de sus habitantes.
Si
bien lo “de un texto burlesco, un juego dramático; y de un texto
dramático un juego burlesco” de Ionesco tiene alguna semejanza con la
forma en que Gombrowicz utiliza las palabras en “El casamiento”, es
evidente que Gombrowicz quería estar cerca de Shakespeare. El inglés
dramatizó como ningún otro el desarrollo de los sentimientos y de las
pasiones humanas y no deja de ser una paradoja que Gombrowicz lo haya
tomado como ejemplo.
Para Shakespeare los sentimientos eran la
materia prima de todo lo que existe y para Gombrowicz eran una afección
que había que evitar en el arte y también en la vida. Gombrowicz trató
a los sentimientos como costumbres agonizantes y esclerosadas de las
que se habían escapado sus contenidos vivos quedándose nada más que con
la rigidez de las formas puras.
Empezó
“El casamiento” en medio de la guerra con el propósito de escribir la
parodia de un drama genial al estilo de Shakespeare. Se propuso mostrar
a la humanidad en su paso de la iglesia de Dios a la iglesia de los
hombres, pero esta idea no le apareció al comienzo de la obra, en la
mitad del segundo acto todavía no sabía bien lo que quería.
“El
casamiento” representa la teatralidad de la existencia, una realidad
creada a través de la forma que se vuelve contra Henri y lo destruye.
En esta obra Gombrowicz le abre la puerta a sus percepciones
proféticas. Es el sueño sobre una ceremonia religiosa y metafísica que
se celebra en un futuro trágico en el que el hombre advierte con horror
que se está formando a sí mismo de un modo imprevisible como un acorde
disonante entre el individuo y la forma.
En esta pieza de
teatro se cuenta el sueño de un soldado polaco alistado en el ejército
francés que está peleando contra los alemanes en algún lugar de
Francia. Durante el sueño se le abren paso las preocupaciones que tiene
por su familia perdida en alguna de las provincias profundas de Polonia
y se le despiertan los temores del hombre contemporáneo a caballo de
dos épocas. Henri ve surgir de ese mundo onírico a su casa natal en
Polonia, a sus padres y a su novia.
El
hogar se ha envilecido y transformado en una taberna en la que su novia
es la camarera y su padre el tabernero, y ese padre miserable y
degradado en una posada miserable, perseguido por unos borrachos que se
mofan de él, grita al cielo que es intocable, y alrededor de esta
exclamación se empieza a hilar toda la trama de la historia.
“Por
favor, no piensen que pueden permitírselo todo porque esto es una
posada. ¿Pero qué es esto? ¡Eh! Les entran las ganas, también es una
calamidad que a esta arrastrada todos la quieran manosear, no piensan
más que en tocarla, todos la tocan y la sofaldan, día y noche, sin
parar, siempre igual, frotarla, sobarla, sofaldarla, y eso nos trae
problemas (...) ¡No te cases con ella! Porque el viejo borracho dijo la
verdad (...)”
“Ella
tonteaba con Jeannot, en el pasado (...) ¡También yo los sorprendí
sobándose junto al pozo en pleno día, se toqueteaban y se buscaban, él
a ella y ella a él, Henri, no te cases!”
El padre tenía una idea un tanto rancia sobre su autoridad sobre el hijo y también sobre la humanidad.
“Y
quien alce su mano sacrílega contra su padre cometerá un crimen
espantoso, inaudito, infernal, diabólico y abominable, que irá de
generación en generación, lanzando gritos y gemidos terribles, en la
vergüenza y los tormentos, maldito de Dios y de la Naturaleza,
marchito, estigmatizado, abandonado”
Henri utiliza, a efectos de alcanzar sus propósitos, un procedimiento drástico para
hacerse de la autoridad que le arrebata al padre y, por lo tanto, a Dios.
“Es
la paz. Todos los elementos rebeldes han sido detenidos. El Parlamento
también ha sido detenido. Aparte de eso, los medios militares y
civiles, y grandes sectores de la población, así como la Corte Suprema,
el Estado Mayor, las Direcciones Generales, los Departamentos, los
Poderes públicos y privados, la prensa, los hospitales y parvularios,
todos están es prisión. Hemos encarcelado también a los ministros y, en
general, a todo. También la policía está en la cárcel. Es la paz. La
calma”
Sin embargo, la verdadera autoridad de “El casamiento” Gombrowicz la encuentra en el poder que tienen las palabras.
“¡Todo
eso es mentira! Cada uno dice lo que es conveniente y no lo que quiere
decir. Las palabras se alían traicioneramente a espaldas nuestras
(...)”
“Y no somos nosotros quienes decimos las palabras, son las palabras las que nos dicen
a nosotros, y traicionan nuestro pensamiento que, a su vez, nos traiciona. ¡Ah, la traición, la sempiterna traición! (...)”
“Las
palabras liberan en nosotros ciertos estados psíquicos, nos moldean...
crean los vínculos reales entre nosotros. Si tú dices algo como: ‘Si tú
lo quieres, Henri, me mataré de mil amores’, parece en principio algo
extraño, pero yo puedo responder con algo más extraño aún, y así,
ayudándonos el uno al otro, podemos llegar lejos (...) Asiste a la
boda, Jeannot, y cuando llegue el momento, mátate con este cuchillo”
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