
WITOLD GOMBROWICZ Y CRISTÓBAL COLÓN
A
medida que Gombrowicz fue adquiriendo seguridad sobre la dimensión de
su importancia empezó a sentirse como un Cristóbal Colón de la
literatura. Desde Europa nos escribía que sus conocimientos sobre
Sartre y Heidegger le alcanzaban para poner en aprietos a los más
agudos intelectos de Francia y Alemania, que Günter Grass no era gran
cosa, que John Steinbeck era aburrido, que Gabriel Marcel era un viejo
boludo, que los escritores de Francia se parecían a los perros de
Pavlov y que sus cocineros deberían ocuparse de la literatura pues
tendría mejor gusto, y, en fin, que él era un gran escritor al que los
demás no le llegaban ni a la suela de los zapatos.. Gombrowicz se
exploraba a sí mismo como si fuera un nuevo continente, y con el mismo
talante de Cristóbal Colón descubría zonas enteras de la cultura que el
pensamiento crítico había dejado vírgenes.
Lo
que ocurrió fue que se fue convirtiendo en una persona seria, en un
adulto, en un inmaduro viejo: “(...) hoy, por ejemplo, me levanté a las
9 (me levanto temprano) desayuné (...) me puse a escribir una nota
política (pues la grandeza me obliga a tomar la palabra en asuntos de
excepcional importancia)”
De apuro, también, se tuvo que construir
un pasado familiar, un árbol genealógico (dibujado ya lo tenía, lo
había desarrollado en sus horas de ocio mientras que fingía que
trabajaba en el Banco Polaco), pues la fama lo obligaba a esclarecer su
pertenencia a una familia de linaje noble, según lo imaginaba él.
Descuenta que su regreso a la Argentina lo convertiría en algo así como
un Cristóbal Colón, como un Cesar, pero sin la seriedad de estos
prohombres pues pensaba especialmente en las burlas y en la venganza.
Y cuando alguien
le hacía un reproche por su falta de lealtad respondía que la lealtad
tiene sólo una función limitada, mientras que el talento debe aspirar
al infinito: “Si Colón hubiera sido demasiado leal con el huevo, no
hubiera descubierto América”. Gombrowicz emprende un viaje a un nuevo
continente en “Pornografía, como Cristóbal Colón lo había emprendido
para llegar a las Indias.
Es la obra en la que ajusta las cuentas
con su cuerpo y es también la que cierra su ciclo de humor literario.
El epistolario con los jóvenes argentinos comienza justamente en la
época en la que le pone punto final a “Pornografía”, es la puerta que
le abre a la carga de ironía y de sarcasmo que lleva dentro de sí pues
le está cerrando la otra puerta en esta novela.
En
“Pornografía” Gombrowicz renuncia a la distancia que le proporciona el
humorismo, no es una sátira, es la narración de las aventuras que
tienen dos señores de mediana edad con una pareja de adolescentes y una
confrontación metafísica y sensual entre la madurez y la inmadurez en
la que trata de darle una forma más o menos organizada a la confusión
que tiene con su sexo y con su edad.
“Ferdydurke”
es la obra de los fundamentos, “Transatlántico” de la risa,
“Pornografía” del pathos y “Cosmos” de la grandeza. Los lectores están
habituados a las formas literarias tradicionales que han sido probadas
muchas veces a lo largo del tiempo. En “Ferdydurke” Gombrowicz utiliza
el estilo del cuento filosófico a la manera volteriana; en
“Transatlántico”, el del relato antiguo y estereotipado.
En
“Pornografía” utiliza el estilo de la novela rural polaca; y en
“Cosmos”, el de la novela policial. Parodia estos estilos, utiliza las
formas antiguas y legibles para salirse de ellas y juntarlas con las
concepciones modernas del mundo. Gombrowicz pensaba que “Ferdydurke”,
el “Diario” y “Pornografía” constituían la mejor introducción a su obra
y a su vida.
El
mundo de “Ferdydurke” y de “Pornografía” está degradado, y el espíritu
sumergido en la ligereza y la inferioridad, en estas dos novelas la
juventud tiene el papel estelar. Pero es en “Pornografía” donde aparece
más claramente su intención de llegar a través del cuerpo a las
antinomias del espíritu, una metafísica erótica que está más allá del
mundo carnal.
En algunas ocasiones Gombrowicz tenía dudas
sobre el título que debía ponerle a sus libros, a “Cosmos” le hicieron
competencia Figura y Constelación porque no le aparecía con claridad
qué idea tenía más relevancia en la novela, si la de forma o la de
realidad. A “Pornografía” le hizo competencia Acteón. Acteón era un
cazador que sorprendió a la hermosa Diana bañándose desnuda.
Se
quedó mirándola fascinado por su belleza, la diosa se irritó, lo
convirtió en ciervo y fue devorado por sus propios perros. En “El ser y
la nada”, Sartre, al que no le alcanzaban los complejos de Edipo y de
inferioridad, se inventó otros dos: el de Acteón y el de Jonás. El de
Acteón está relacionado con la mirada curiosa y lasciva cuya
sublimación es el origen de toda búsqueda.
Se
diferencia del voyeurismo tradicional en que es la búsqueda más que el
encuentro lo que caracteriza al complejo. Llegados a este punto vamos a
ver qué tiene que ver el complejo de Acteón con el intento que hace
Gombrowicz en “Pornografía” de pasar el mundo maduro por el cedazo de
la juventud, el pensamiento por el sexo y la metafísica por el cuerpo.
Las
tres grandes categorías del psicoanálisis existencialista son: tener,
hacer y ser, siendo la de tener la más importante pues está relacionada
con la idea de posesión.. Para Sartre, la esencia de las relaciones
humanas, incluido el amor, es una tentativa de posesionarse de la
libertad del otro, de esclavizarlo. Pero esta actividad de apropiación
del hombre no está relacionada solamente con las personas sino también
con las cosas.
El
conocimiento, en el sentido de descubrimiento de la verdad, es un
cazador que sorprende una desnudez blanca y virgen, para robarla,
apropiarse de ella y violarla con la mirada. El conocimiento o
descubrimiento de la verdad es un modo de apropiación, es algo análogo
a la posesión carnal, que nos ofrece la seductora imagen de un cuerpo
que es perpetuamente poseído y perpetuamente nuevo, y en el cual la
posesión no deja rastro alguno.
“Pornografía” es una novela en la
que las transformaciones las sufren los maduros, los jóvenes son
poseídos por las miradas de los adultos pero permanece intactos. Es una
narración metafísica más que psicológica, donde la fascinación por la
juventud presiona más que en “Ferdydurke” y en los diarios.
Las
relaciones que se establecen entre el erotismo y la muerte dan prueba
de la inmensa intuición que inspiraba a Gombrowicz mientras escribía la
“Pornografía”. Las transacciones entre la mirada, lo sagrado, el
conocimiento, la santidad, el cuerpo y la guerra son una manifestación
viviente del complejo de Acteón, no por nada este fue el primer nombre
que se imaginó para su novela.
A pesar de que Gombrowicz se había
convertido en un maestro en el arte de producir conflictos y de caer en
desgracia, también tenía otros proyectos. Poco tiempo después de haber
terminado “Pornografía” le pareció que esta obra podía ser un intento
de renovación del erotismo polaco, un erotismo que se correspondiera
mejor con el destino y la historia de la Polonia de los últimos años
hecha de violencia y esclavitud, una historia que descendía hacia el
oscuro extremismo de la conciencia y del cuerpo.
La idea de que “Pornografía” podía ser el
moderno poema erótico de Polonia no se le apareció a Gombrowicz
mientras la escribía, era una idea extraña, por otra parte, ajena a su
naturaleza. Era una idea extraña porque Gombrowicz no escribía para la
nación ni con la nación ni desde la nación, escribía solamente consigo
mismo y desde su propio interior.
“Pero, ¿no será que mis enredos se
mezclan en secreto con los enredos de la nación? Yo, americano, yo,
argentino, caminado por la Orilla del Océano Atlántico. Todavía soy
polaco..., sí..., pero ya solamente por mi juventud, por la infancia,
por esas fuerzas terribles que en aquel entonces me estaban formando,
grávidas ya de todo lo que el futuro iba a traer... Tal vez esté ligado
a Polonia más de lo que me parece”
Así que no sólo quería ser
joven y bello para agradar, sino que también quería crear un modelo
para el desarrollo artístico de estas cuestiones nacionales. La
confidencias que hace Gombrowicz sobre su homosexualidad son
confesiones a medias, porque no siempre lo había sido, y porque, a su
juicio, casi no había hombre que no hubiera experimentado esa
tentación.
Estas
afirmaciones, aunque no están formuladas abiertamente en "Pornografía",
son las que determinan la naturaleza del experimento que lleva a cabo
Gombrowicz. Pero, para cierta especie de críticos, la acción de esta
novela es un fábula arbitraria y mágica que ocurre simplemente por
orden de Frederyk, un personaje sobrenatural y casi divino, que vendría
a ser algo así como el alter ego de Gombrowicz.
“El protagonista
de esta novela, Frederyk, es un Cristóbal Colón que parte a descubrir
tierras desconocidas (...) Si alguien me acorralara preguntándome cuál
es pues la belleza que persigue Frederyk en “Pornografía”, mi respuesta
sería: no se sabe muy bien”
Las naturalezas no eróticas tienen
dificultades para penetrar en los mundos eróticos, además, las obras de
Gombrowicz son difíciles, sin embargo, la estupidez de los críticos
debiera tener un límite, el límite de no escarbar en las perversiones
de Gombrowicz sin la capacidad de descubrir a qué consecuencias llevan.
El hombre en el camino del desarrollo busca la madurez, quiere
completarse para conseguir la plenitud, y la máxima plenitud es la de
Dios. La pregunta que se hace Gombrowicz es si éste es el único anhelo
del hombre.
En
“Ferdydurke” se le revela por primera vez otro objetivo, y este
objetivo le vuelve a aparecer en “Pornografía”. Si la búsqueda del
completamiento y de la plenitud es clara y legítima, esta otra búsqueda
es más oculta y menos legal, es una necesidad de imperfección y de
inferioridad, los atributos de la juventud.
“La juventud se me apareció como el más alto y más absoluto valor de la vida... Pero este valor tenía
una característica inventada seguramente por el mismísimo diablo: al ser juventud, era algo por debajo de cualquier valor”
La
atracción que ejerce en Gombrowicz la falta de plenitud y la
imperfección lo protegió del existencialismo, a pesar de su conflicto
tan agudo entre la vida y la conciencia.
El aporte más
significativo que hace Gombrowicz al pensamiento y a la literatura es
el de que la falta de seriedad es tan importante para el hombre como la
mismísima seriedad. Y esta participación de la falta de seriedad en el
negocio de la literatura y de la vida es la que hace de Gombrowicz un
Cristóbal Colón estrafalario.
“Su partida de Tandil fue también
payasesca. Recuerdo que mientras lo saludábamos en el andén él estaba
parado majestuosamente en el estribo del tren con su traje, su paraguas
y su pipa. Parecía un conde. Tan rara era su imagen, que provocó una
situación también rara: se le acercó un hombre que estaba caminando por
el andén y sorpresivamente le preguntó: –¿Y usted, qué es?–, y se fue”
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