
WITOLD GOMBROWICZ E IRENA SADOWSKA GUILLON
Escribir
sobre la totalidad de la obra artística de Gombrowicz no es una tarea
fácil, es una empresa más grande que la que emprendí cuando me puse a
garabatear sobre sus diarios en “Gombrowicz, este hombre me causa
problemas”, y sobre la relación personal que tuvo con nosotros en
“Gombrowicz, y todo lo demás”. Trasponer las ideas y el idioma
literario de sus obras artísticas a otro lenguaje sin malograr la
inspiración original es un propósito difícil de alcanzar.
En “La
obra de Gombrowicz” hago reflexiones sobre la creación y la persona de
un escritor acerca del cual vale la pena poner la atención siguiendo
las historias que se relatan en los trece cuentos, las tres piezas de
teatro, las cuatro novelas y el diario. Gombrowicz nunca reconoció como
una obra suya a “Los hechizados” así que no forman parte de este elenco.
La
curiosidad que tienen las personas cultas por saber cuáles han sido las
lecturas de los hombres de letras eminentes es análoga al deseo de
conocer sus antecedentes familiares, es una necesidad que se manifiesta
en todos los campos del conocimiento humano, la necesidad de clasificar
y de darle una estructura lo más simple posible al desorden. Pero ni de
sus antecedentes familiares ni de sus lecturas podemos deducir la
verdadera naturaleza de Gombrowicz.
El arte es siempre algo más
que los comentarios que se hacen sobre las obras y la vida del autor,
la obra de Gombrowicz se encuentra en otra parte, es algo más que una
visión del mundo y del hombre, su creación es más bien un juego sin
ninguna intención precisa, sin plan ni objeto.
Esta ausencia
me impulsó a escribir un resumen de toda su obra, cuento por cuento,
pieza de teatro por pieza de teatro, novela por novela y, finalmente,
sobre los diarios. Tuve que transponer la barrera del idioma polaco que
yo no conozco y del leguaje de Gombrowicz.
En
verdad el problema más grande que tuve cuando emprendí este trabajo fue
el de meter las tres mil páginas que había escrito Gombrowicz en las
pocas páginas que tiene “La obra de Gombrowicz”, y es lo que hice con
los cuentos, con el teatro, con las novelas, con el diario y con la
filosofía.
Esta manía que tenemos algunos escritores de escribir
sobre otros escritores me recuerda un encuentro que tuve con la Finada
y el Gnomo Pimentón.
En un momento determinado de la
conversación, ya no recuerdo por qué, le propuse al Gnomo Pimentón que,
para atenernos a la ley de las proporciones, teníamos que observar una
particularidad relacionada con la actividad de escribir.
Gombrowicz
había escrito un total de tres mil páginas, yo, en “Gombrowicz está en
nosotros”, ocho páginas sobre él, el Corifeo, en “Gombrowicz vu par un
de ses premiers disciples”, dos páginas sobre mis ocho, y nuevamente
yo, una crítica de una página sobre la nota del Corifeo.
Llegados
a este punto se me hizo evidente que estábamos en presencia de una
progresión hipergeométrica, así que le propuse al Gnomo que escribiera
en su revista un solo renglón sobre mi crítica para mantener el canon
de las proporciones.
Desde el año del centenario tomé la
costumbre de escribir gombrowiczidas y he escrito tantos ya que está
perdiendo fuerza la progresión hipergeométrica que existía entre la
cantidad de páginas escritas por Gombrowicz y las que yo he escrito
sobre él. Sea como fuere mis textos no cubren el espacio que ocupan las
biografías y la interpretaciones psicológicas, espacio que sí cubren
cumplidamente Irena Sadowska Guillon y el Gnomo Pimentón.
El Gnomo
Pimentón tiene la vocación de contarle el culo a las hormigas, utiliza
el vicio de su actividad cavernosa para buscar conexiones psíquicas
entre los personajes de la obra de Gombrowicz y su parentela. En
“Crimen premeditado” Ignacio es su abuelo materno, la casa de la novela
es la casa del abuelo, la señora K es su madre, y Antonio es un hermano
demente de la madre.
Pero
la pasión por contarle el culo a las hormigas no es una manía exclusiva
de el Gnomo Pimentón, Irena Sadowska Guillon tiene la misma costumbre
del homúnculo, se dedica meticulosamente a la identificación psíquica
de la parentela en sus escritos.
La madre viene a ser: la tía en
“Ferdydurke”, la reina Margarita en “Ivona”, la reina Catalina en “El
casamiento”, Amelia en “Pornografía”, Lena en “Cosmos”, La princesa
Himalay en “Opereta”.
Y el padre es: el tío en Ferdydurke, el abogado de El bailarín del abogado Kraykowski... para poner unos
ejemplos.
“El escritor puede, si quiere, describir la realidad tal como la ve o como se la imagina, entonces nacen obras realistas (...)”
“Pero
puede también utilizar otro método que consiste en descomponer la
realidad en sus partes elementales para luego, al igual que se
construye un edificio con ladrillos, emplear esas partes para edificar
un mundo nuevo o mundillo... que debería diferenciarse del mundo normal
y, no obstante, que de alguna manera le correspondiera.... como dicen
los físicos: diferente pero adecuado”
Cualesquiera haya sido la
complexión psíquica de la familia de Gombrowicz y de su relación con
ella resulta claro que Gombrowicz empieza a recorrer un camino que se
aparta de la esfera donde reinan las relaciones rígidas de la causa y
el efecto, de la determinación y del psiquismo. Bruno Schulz afirma que
Gombrowicz desmonta la posición aislada y privilegiada atribuida a los
fenómenos psíquicos.
Gombrowicz destruye el mito de la divinización de estos
fennómenos, y pone al descubierto una genealogía zoológica escabrosa y
poco reluciente que repudia toda vanidad. Y Kot Jelenski nos dice que
Gombrowicz estaba realizando una de las primeras incursiones en el
dominio del inconsciente físico, un dominio desdeñado por Freud.
El
lirismo erótico de Gombrowicz es un terreno difícil de manejar. Debemos
reconocer, lamentablemente, que es un campo fértil para el
psicologismo, pero el psicologismo tiene una pequeña dificultad: si
bien es cierto que ordena los objetos psíquicos y los subsume en el
marco de una teoría comprensiva, perturba lo que observa y sólo puede
conocer el resultado de esa perturbación, una perturbación que
Heisenberg puso al descubierto para los fenómenos físicos con su
principio de indeterminación.
En el encuentro de una persona
con otra hay una zona de la conducta de la que se ocupan la psicología
y la antropología, pero existe además otra zona en la que el
comportamiento no está determinado de antemano, se va ajustando poco a
poco y pasa de un cierto caos inicial a una estructura en la que cada
persona define en la otra una función.
El
análisis de las conexiones psíquicas que Gombrowicz tenía con su madre,
su padre y sus hermanos lo ponen en un terreno del que él quería salir,
y por haber salido se convirtió en ese fenómeno emocionante que unió su
talento literario a una forma novelesca revolucionaria que sacó a la
superficie ese descubrimiento fundamental del que habla Bruno Schulz.
En
“Historia” sí que intervienen directamente como personajes el mismísimo
Gombrowicz y el resto de la parentela con sus verdaderos nombres, pero
no en forma realista sino descomponiendo de alguna manera sus partes
elementales para edificar un mundo nuevo.
A medida que se
desarrolla la acción estos fantasmas se van transformando en personajes
históricos de las cortes europeas de principios del siglo XX, entre los
que Gombrowicz se mueve como un enviado especial que se pasea descalzo
invitando a los reyes a que hagan lo mismo, es decir, a que se quiten
los zapatos. Se propone liberar a los hombres pidiéndole a los
emperadores que dejen de representar sus papeles y que se queden
descalzos..
Esta
manera de ver las cosas tiene mucho ver con las fuerzas que habían
hostigado a Polonia durante siglos, la aristocracia que la empujaba
hacia lo alto, y el fango y los pies descalzos de los campesinos con
abrigos de piel de cordero, que ligaban a Polonia con la parte más
atrasada de Europa.
En “Historia” Gombrowicz entra descalzo a su
casa junto con el hijo del portero. A partir de ese momento la familia
se convierte en un jurado que examina esta confraternización entre
clases y se pregunta si Gombrowicz será capaz de graduarse de bachiller
debido a esta circunstancia. De junta examinadora la familia se
transforma en un tribunal militar y, de delirio en delirio, llega hasta
la corte del zar Nicolás II, a las puertas de la primera Guerra Mundial.
Desde
la Argentina Gombrowicz observa cómo Polonia es destruida y empieza a
desaparecer. Pero no sólo Polonia desaparece, desaparece también la
Europa de la alta cultura, de la alta costura, de la alta cocina, de la
aristocracia, de las ideas, del romanticismo; desde nuestras pampas ve
caerse el inmenso y majestuoso edificio europeo. Gombrowicz se
convierte finalmente, a través de su obra, en un arquetipo al que
terminan reverenciando los ricos y los pobres, la izquierda y la
derecha, la saciedad y el hambre.
La biografía de Gombrowicz que
aparece escrita en “Testamento” por Irena Sadowska Guillon es una muy
buena aproximación a su vida y a su obra a pesar de que peca de
psicologismo. Si bien el propio texto de “Testamento” actúa como guía
de esta biografía hay que decir que Irena es una gombrowiczida muy
versada y agrega información sacada de otras partes para el desarrollo
de sus ideas.
“Gombrowicz
la emprendió primero con la base del sistema, es decir, con la familia.
El absolutismo del sistema familiar y la autoridad parental debían ser
abolidos. Había que hacer abdicar a la reina demasiado autoritaria y al
rey, personaje inaccesible y demasiado respetable. Su aislamiento en el
seno de la familia, la falta de contacto con los demás y la
inferioridad que le hacen sentir le facilitan la tarea (...)”
“No
es nada sorprendente, pues, que su madre y su padre aparezcan en su
obra de una manera obsesiva que pone de manifiesto un clima
parafreudiano. El deseo de abolir la tradición, el convencionalismo y
el engaño de la forma proviene de su rebelión contra la madre. Rechazar
el dominio del padre y de la sociedad represiva supone permitir la
asunción del hijo y la supresión de toda autoridad. (...)”
“Como la oposición abierta
era imposible, tuvo que buscar sus propios métodos de defensa, que
consistían en dar la impresión de hacer lo que se le exigía cuando, en
realidad, hacía todo lo contrario; en una palabra: invertir la forma
impuesta. Poco a poco fue haciendo de este método, su estilo, su modus
operandi, tanto en la vida como en la literatura (...)”
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