
WITOLD GOMBROWICZ Y JULIAN TUWIM
Sea
por el temperamento, sea por razones históricas, o sea por lo que
fuere, a los polacos les gusta protestar. Gombrowicz conocía a un
polaco que solía sumirse en profundas meditaciones. Luego, al volver en
sí, decía: –Lameculos, cerdos, cerdas, comemierdas, todos son la misma
porquería; –¿En qué piensas?; –En los polacos. Desde el mismo momento
en que Gombrowicz empezó a escribir se dedicó a destruir a alguien para
salvarse a sí mismo. En “Ferdydurke” atacó a los críticos para
distanciarse del sistema de la episteme occidental. Sus ataques a los
poetas, a los pintores y a París también estaban dictados por la
necesidad de apartarse de esa episteme.
“Me moría de vergüenza al
pensar que sería un artista como ellos, que me convertiría en un
ciudadano de esta ridícula república de almas ingenuas, en un engranaje
de esta terrible maquinaria, en un miembro de este clan”
Pero
a medida que pasan los años sus palabras escritas se fueron
distanciando de Gombrowicz, y él mismo y sus rebeliones, poco a poco,
se convirtieron en literatura. La ley que formuló tardíamente: cuanto
más inteligencia, más estupidez, se le podía aplicar entonces
perfectamente a él mismo.
No podía agarrar a la episteme por la
garganta y luchar contra ella pues su rebelión sería absorbida
fatalmente por su mecanismo; no hay nadie, al fin de cuentas, que aún
consciente de su absurdidad, no forme parte sin embargo de la episteme.
Esta impotencia de Gombrowicz para divorciarse de una episteme que
había inventado Platón con el propósito de distinguir la opinión simple
de la fundada, lo lleva a hacer declaraciones drásticas.
“Posiblemente
sea injusto y algo cruel que mi alta vocación haya estado marcada por
una falta de ilusiones tan terrible, por una lucidez tan implacable. La
ira que me acomete cuando pienso en un artista como Tuwin ¿no estará
relacionada con el hecho de que él, a pesar de todo, era capaz de
leerle a alguien un texto suyo sin esa desesperante sospecha de estar
aburriendo? También pienso que un poco de conciencia de lo que llamamos
la importancia social del artista me hubiera sido más conveniente que
esta certeza mía de ser socialmente un cero, un marginal”
La
estupidez del sistema de comunicación que reemplaza a la comprensión
por los malentendidos con el refinamiento del lenguaje, y la estupidez
que produce la erudición por la falta de un lenguaje que le permita a
la gente expresar los conocimientos incompletos, es decir la
ignorancia, llevaron a Gombrowicz al descubrimiento de que cuanto más
tiende nuestro espíritu a liberarse de la estupidez y a dominarla, más
parece pegarse la estupidez a la condición humana.
Cuando
muere Tuwim Gombrowicz escribe unas palabras en el “Diario” en las que
trata de poner distancia con la grandeza y la poesía de este ilustre
skamandrita. Julian Tuwim fue uno de los máximos representantes de la
literatura polaca. Desde el comienzo y durante toda su carrera escribió
de forma satírica sobre temas candentes, proporcionó muchos monólogos
para numerosos cabarets. Fue cofundador del grupo experimental de
poetas “Skamander” y del cabaret “Picador” y trabajó como escritor o
director artístico en muchos otros cabarets. Durante la Segunda Guerra
Mundial se exilió en los Estados Unidos, en 1946 regresó a Polonia.
“Me
imagino las esquelas. Pero aquí, en privado, puedo anotar: ha muerto el
más grande poeta contemporáneo. ¿El más grande? Indudablemente.
¿Grande? Hm... (...)”
“No nos ha iniciado en nada, no ha
descubierto nada, no ha revelado ningún misterio; no ha proporcionado
ninguna clave. Pero vibraba, refulgía, deslumbraba... con la magia de
la palabra poética. Semejante vibración sensual del arpa poética, que
emana de un lujo verbal, constituye en el arte la más alta aspiración
de los pueblos primitivos; de modo que era un poeta que no nos honraba,
antes bien nos desenmascaraba (...)”
“La
vergüenza consiste en que de cada uno de los poemas de Tuwim podemos
decir que es maravilloso, pero a la pregunta de qué elemento tuwimiano
a aportado Tuwim a la poesía mundial, no sabemos encontrarle
respuesta. Porque Tuwin, en cuanto Tuwim, o sea, como personalidad, no
ha existido, es un arpa sin arpista. Me gustaría saber si las esquelas
serán capaces de revelar esta verdad (...)”
“Pienso que más bien
se mantendrán en un sano y convencional estilo poético, dejando caer
una pequeña lágrima por la traición de haber demorado su regreso a
Polonia después de la guerra. Nuestra percepción de la poesía es, como
ya se ha dicho, algo primitiva y fuertemente mecanizada, pero hemos
llevado a una gran perfección nuestra manera de hablar de ella; es un
hablar lleno de fiorituras, trinos y gorgoritos en un tono poético, con
una falsa conmoción poética y acompañado de un éxtasis poético
igualmente falso.
Este
género es perfectamente adecuado para los entierros; supongo, pues, que
en esta ocasión será puesto en funcionamiento. En mi opinión, la poesía
polaca (¿o tal vez todas las poesías del mundo?) no dará un paso
adelante hasta que no rompa con tres horribles esquemas (...)”
“1)
la actitud del poeta; 2) el tono poético; 3) la forma poética. Haced lo
que queráis. Tratad de salir de esto por puertas o por ventanas, me da
igual; pero mientras estéis adentro, nada os salvará”
Cada persona
elige una palabra que considera la más importante, la palabra que
eligió Gombrowicz fue grandeza. Si bien es cierto que este detalle no
basta para reconstruir una personalidad, el caso de Gombrowicz es muy
llamativo.
Grandeza
es una palabra que nos hace pensar en la nobleza, en la majestad y en
la dignidad de lo grande, por lo tanto vamos a hacer una breve
incursión panorámica sobre su obra y sobre el mismo Gombrowicz a ver si
encontramos algo parecido al significado de esta palabra.
La
grandeza del hombre clásico se expresa en su voluntad de dominio, es
una postura en la que el hombre trata de ser dueño y señor. La postura
romántica, en cambio, se expresa en el sometimiento del hombre, en el
aguante y en el sufrimiento, la grandeza del hombre romántico recién
aparece cuando se convierte en víctima de un mundo que lo supera.
Puesta
en claro la diferencia que existe entre la grandeza clásica y la
romántica, y hecha la salvedad de que los hombres grandes, llamémoslos
así, no son clásicos o románticos al cien por ciento sino que poseen
ambas posturas en proporciones diferentes, vamos a ver qué podemos
decir de Gombrowicz y de su obra. Busquemos primero en la obra, una
obra a la que vamos a dividir con este solo propósito en los diarios y
en todo lo demás.
En
los diarios Gombrowicz adopta respecto a la grandeza la postura
clásica, la romántica, y también la negación de la existencia de toda
posible grandeza. Elijo al azar unos pasajes para mostrar los cambios
de tono de Gombrowicz en los diarios respecto a este asunto.
“Y, sin
embargo, no fue otra cosa que la dignidad nacional lo que me impidió
entrar en cálculos; soy un hombre con un alto sentido de la dignidad
personal, y un hombre así, aunque no esté vinculado a su país por los
lazos de un patriotismo normal, siempre velará por la dignidad nacional
aunque sólo sea porque no puede desprenderse de su nacionalidad y
porque ante el mundo es polaco, de ahí que cualquier humillación a su
nación también lo humillará a él personalmente ante los demás (...)”
“Y
estos sentimientos, de algún modo obligados e independientes de
nosotros, son cien veces más fuertes que todas las sensiblerías
aprendidas y sobadas (...) De veras que es divertida esa tendencia de
mi naturaleza a exagerar todo cuanto se refiere a mi persona. En sueños
me hincho cuanto puedo (...) Mi megalomanía me hace llorar de risa
(...) ha muerto el más grande poeta polaco contemporáneo. ¿El más
grande? Indudablemente. ¿Grande? Hm...”
El crecimiento del yo de
Gombrowicz y la divulgación de ese crecimiento le empiezan a resultar
degradantes, le perturban cada vez más su relación con el mundo, a
pesar de que la grandeza es el registro más infalible del valor del
arte y el laurel más anhelado por la gente madura.
En un
momento determinado hace un cálculo de las armas que podría
contabilizar para construir su propia grandeza si la trataba como un
producto no premeditado y obligatorio derivado de la propia actividad
de la forma. Decide hacerse el autobombo en sus diarios, pero el
convencionalismo que le impide al autor florearse con este tipo de
jactancias funcionó y los lectores empezaron a aburrirse.
En
los diarios, la actitud de Gombrowicz respecto a la grandeza, es
vacilante, pero vuelve a ella en forma reiterada, en cambio, en todo lo
demás, es decir, en sus novelas, en sus piezas de teatro y en sus
cuentos, podemos decir que, por lo menos en relación a los
protagonistas, la grandeza no aparece nunca, lo que aparece más bien es
una falta absoluta de grandeza.
Hice un recorrido a vuelo de
pájaro desde “Ferdydurke” a “Cosmos”, desde “Ivona, princesa de
Borgoña” a “Opereta”, desde “El bailarín del abogado Kraykowski” a “El
banquete”, y ninguno de sus personajes tiene algo que se acerque ni
siquiera un poco a algo parecido a la grandeza.
Esta
ausencia absoluta de grandeza no se debe a la casualidad, es el
producto de una actitud completamente deliberada. Stefan, el
protagonista de “El diario de Stefan Czarniecki”, la segunda obra que
escribe Gombrowicz, navegaba por el mundo en medio de opiniones
incomprensibles para él, y cada vez que tropezaba con un sentimiento
misterioso, fuese la virtud o la familia, la fe o la patria, sentía la
necesidad de cometer una canallada.
“Tal es el secreto personal
que opongo al gran misterio de la existencia. ¿Qué queréis?... cuando
paso junto a una pareja feliz, a una madre con un niño o a un anciano
amable, pierdo la tranquilidad”
Ningún protagonista de la obra
artística de Gombrowicz es grande, ninguno tiene nobleza, valentía, ni
siquiera dignidad y, sin embargo, la obra artística de Gombrowicz pone
en el centro de la creación la humanidad del hombre, y son la nobleza y
la dignidad las inspiradoras de sus escritos.
En
los diarios Gombrowicz trata a los hombres sin demasiada consideración
y en forma dominante pero está acosado por la dimensión del mundo y por
la misión que él mismo se impuso para comprenderlo; al final del cuento
termina quejándose de la grandeza de un Gombrowicz que él mismo había
creado con sus propias manos.
En los diarios, a veces parece que
tuviera grandeza, y otra veces que no la tuviera; en su obra....hmm. Su
obra me recuerda un fin de año que festejamos en Fiat. El presidente de
la Fiat argentina, que poco tiempo después fue secuestrado y fusilado
por los montoneros, haciendo el balance de la actividad de las empresas
que formaban el grupo Fiat pronunció unas palabras llamativas: –La
gerencia de Autos dio pérdida, la gerencia de Grandes Motores dio
pérdida, la gerencia de Material Ferroviario dio pérdida, la gerencia
de Camiones dio pérdida, pero todas las gerencias juntas dieron
ganancia. Los protagonistas de la obra de Gombrowicz no tienen
grandeza, pero todas las obras juntas en las que dan señales de vida,
sí que la tienen. ¿Y, Gombrowicz mismo, en persona, tenía o no tenía
grandeza?
En
una nota que le hacen en “El País” de España la Vaca Sagrada dice:
“Sólo en privado Witold tenía grandeza”. Para nosotros no era así,
justamente en privado no la tenía. Para nosotros fue un amigo, un noble
polaco venido a menos, caído al nivel de un burgués sin medios. Ni tan
grave ni tan ligero, ni tan metafísico ni tan realista. Un burgués
inteligente, perezoso y bromista, ni más ni menos.
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