
Si hay algo que me molesta es que insulten mi inteligencia... por ello es que mi vida se ha ido volviendo sumamente parecida a la de los antiguos ermitaños; como el Mundo se ha tornado en un insulto mayúsculo para la inteligencia, no queda sino renunciar a él: la televisión ya es imposible de ver, mi aparato es sólo el monitor del DVD en el que veo algo de cine. Cine antiguo, porque la gran mayoría de las películas nuevas son también un insulto -aunque hay grandísimas excepciones -y también existen los libros. Lo malo es que no tengo temple de eremita...
En la otra esquina de mi barrio, que es un barrio alternativo, simpático y muy agradable, se ha instalado desde hace tiempo uno de esos insultos a la inteligencia. Es un restaurante carísimo, su cocina tiene un enorme ventanal al exterior para que los transeúntes veamos como los chefs crean los maravillosos platos que sirven, aunque la parte en donde se verían los platos está cuidadosamente velada y no se ve más que su cocina alba y cromada junto a los inmaculados cocineros. No voy a decir el nombre del restaurante porque no quiero tener enemigos y no se trata realmente de crítica de restaurantes.
Mi mujer tenía ganas de que fuéramos y yo, sibarita como soy, no pude evitar la convocatoria a este lugar que además tenía y tiene todavía muy buena fama. Ochocientos tenedores debe sumar entre todas las críticas, "El Mercurio" no se cansa de alabarlo, así pues sin más fuimos -es un diario conservador... debí haber advertido que eso no era buena señal.
La carta es aterradora: en francais y parece que creen que el dinero es de Monopoly porque los precios son disparatados... pero bueno, el lujo tiene su costo y pese a mi enorme pobreza estoy dispuesto a pagar por los placeres de la mesa si valen la pena -lo cual explica también por qué continúo pobre -además pagaba mi mujer, porque yo no tengo tanto dinero, pero eso no me da derecho a ser aguafiestas.
Los platos comenzaban a llegar y entonces, parodia de parodia, aparecieron gigantescos platos con las más modestas cantidades de comida que hubiera visto en mi vida. El paté de foi venía en rebanadas tan delgadas que se podía ver a través de ellas, no sé si la comida sabía bien, las porciones hacían imposible un bocado lo suficientemente grande para tomarle el sabor.
Debí haberlo sabido: era uno de esos lugares que parecen ser siempre demasiado elegantes para uno, si sabes comer con los doce cubiertos ellos pondrán un treceavo: quieren hacerte creer que arribas por el solo hecho de ir, que son de un estatus superior al tuyo, sea cual sea tu estatus y que son la puerta de entrada a ese estatus superior. Se habla en susurros, el ambiente es el de una parroquia más bien y las ventanas son lo suficientemente grandes para cumplir con el cometido del lugar: no, no es alimentarte, es que te puedas exhibir mientras te alimentas. Es realmente la parroquia del arribismo.
Los meseros son gente sofisticada, seguramente con título universitario, estudiantes o al menos técnicos. No están ahí para hacerte sentir en tu casa, sino para que sientas el privilegio que significa estar ahí. Había comido nouvelle cuisine antes, pero la pequeñez de estos platos era ridícula incluso para los parámetros de la nouvelle cuisine, pero lo peor de todo era el ambiente: nunca vi a tantas personas intentando lucir chic. Lo peor de todo es que no hay nada menos chic que tratar de lucir chic...
Me avergüenza decir cuánto salió la cuenta, aunque insistí en que no dejáramos propina. Me fui de allí con un sabor amargo, miré por la ventana los rostros de los comensales: parecían satisfechos, todos empuñaban gigantescas copas de cata de vino apenas llenas y sorbían los vinos como expertos. Chile es un país vitivinícola: cualquier cosa que embotellan es sublime, e incluso muchos de los vinos que venden en caja no son malos, además, los vinos son aquí absurdamente baratos y están disponibles en cualquier supermercado, sin embargo, allí en el restaurante "europeo" cobraban el precio de Estados Unidos o Europa: hasta diez veces o incluso más de lo que pagas aquí.
Las caras de satisfacción del público revelaban que sólo mi mujer y yo sentíamos que nos habían tomado el pelo, ella estaba avergonzada por que había sido su idea, pero ¿cómo podía adivinar? Supongo que éramos los únicos clientes insatisfechos: nosotros habíamos ido para comer una comida deliciosa y pasar un buen rato, la exhibición que implicaba ir a este restaurante tan de moda nos era completamente indiferente... sin embargo tuvimos que pagarla de todas maneras.
La falta de inteligencia y la pereza para construir juicios son el mejor de todos los negocios. Los parroquianos de este restaurante efectivamente creen que obtienen algo por allí: creen que son especiales, mejores que los demás porque pueden pagar cifras estratosféricas por un platillo de un tamaño insignificante, mientras otros deben batallar como bestias para llevar la comida a sus hogares... ¿cómo se extrañan de que un mocoso anarquista después salga poner bombas? Allí, con su estupidez lucida en esos gigantescos ventanales, no son sino una inmensa provocación en un país de desigualdades abismantes. Todo además en un barrio que pese a que conserva cierta tradición, no está en la zona más pudiente y está habitado principalmente por artistas e intelectuales.
Ellos deben pasearse frente a este lugar y sonreírse. Estoy seguro de que los comensales ven en sus sonrisas -porque pueden verlas desde adentro -una aprobación y no la tremenda burla de la que no alcanzan a darse cuenta. Estoy seguro de que el dueño del lugar, que ya debe ser un hombre rico, se ríe con la misma sonrisa socarrona de los comensales que le han enriquecido. Ellos no se molestan, después de todo, está claramente demostrado que no tienen ellos una inteligencia que pueda sentirse insultada.
Foto:
Stefan Krause Ritchyblack
src="http://blogpublimetro.bligoo.com/bligoo/ajax/tinymce/plugins/flash/img/trans.gif" title="http://static.ning.com/socialnetworkmain/widgets/index/swf/badge.swf?v=4.2.5%3A22881" alt="http://static.ning.com/socialnetworkmain/widgets/index/swf/badge.swf?v=4.2.5%3A22881" class="mceFlash mceItem" />>
Visit LAS LETRAS DEL MAL






































